Sacerdote melquita halla la Hostia consagrada intacta tras 47 días en una iglesia destruida en el sur del Líbano
En la aldea de Tbenine, al sur del Líbano, se descubrió lo que algunos llaman un «milagro» en la iglesia de San Jorge. (Foto: Cortesía del padre Marios Khairallah)

No se encuentra explicación

Sacerdote melquita halla la Hostia consagrada intacta tras 47 días en una iglesia destruida en el sur del Líbano

El padre Marios Khairallah regresó a la iglesia de San Jorge en Tibnín tras el alto el fuego y encontró la forma consagrada exactamente donde lo había dejado semanas antes, sin rastro de deterioro.

(NCRegister/InfoCatólica) En la aldea de Tibnín, en el sur del Líbano devastado por la guerra, una iglesia dañada fue escenario de lo que su párroco no duda en calificar como una señal de la presencia indestructible de Cristo. El sacerdote greco-católico melquita padre Marios Khairallah regresó el 17 de abril a la iglesia de San Jorge —una vez entrada en vigor la tregua— y se encontró ante un hallazgo que dejó sin palabras a toda su comunidad: el pan eucarístico que había dejado en el templo semanas atrás permanecía intacto, sin señal alguna de deterioro, tras 47 días de abandono forzado.

Rodeado de vidrios rotos y ante los daños visibles de la violencia, el sacerdote describió el descubrimiento como una confirmación de la presencia de Dios en medio del sufrimiento. «Después de 47 días, no existe explicación científica de por qué el pan no se ha echado a perder», afirmó el padre Khairallah. «Pero para nosotros esto no es extraño, porque creemos que este es el Cuerpo de Cristo. Esta es nuestra fe; no es nueva ni desconocida para nosotros. Creemos en la presencia de Dios en la Eucaristía».

«Jesús nos esperó 47 días»

Para el padre Khairallah, el hallazgo no es solo una confirmación de la verdad de fe, sino un mensaje concreto de esperanza para una parroquia que lo ha perdido casi todo. «Es verdad que hay destrucción en Tibnín. Pero también hay un encuentro con Jesús», afirmó el sacerdote. «Jesús nos esperó 47 días, sin presencia humana».

Junto al pan eucarístico intacto, otra imagen llamó poderosamente la atención del sacerdote: una estatua de la Virgen María que permanecía en pie en medio de la devastación. El padre Khairallah no pasó por alto el significado de esa imagen: la Madre de Dios, señaló, es «la madre que aguarda a sus hijos».

Una comunidad dispersada por la guerra

El sacerdote explicó que Tibnín alberga a unas 55 familias de rito greco-católico melquita, todas las cuales se vieron obligadas a abandonar el pueblo a causa del conflicto. Tras el alto el fuego, algunos regresaron temporalmente para recuperar ropa y pertenencias, pero la gran mayoría sigue viviendo fuera: con familiares, en apartamentos alquilados, escuelas, monasterios o en casas de amigos.

La ayuda material llega con cuentagotas. El padre Khairallah señaló que la asistencia ha sido casi inexistente hasta el momento, a excepción de la ayuda llegada a través de una misión pontificia y de algunos particulares que han contribuido con medicamentos. En este contexto, elogió sin reservas la labor del nuncio apostólico en el Líbano, el arzobispo Paolo Borgia, a quien describió como «un verdadero pastor y padre que se preocupa por todos», destacando que «hace lo que nadie más hace: nos visita incluso bajo los bombardeos».

Sin agua, sin luz, sin recursos para afrontar la crisis

Las condiciones materiales del pueblo hacen difícil el regreso inmediato de sus habitantes. El padre Khairallah describió Tibnín como una localidad privada de agua, electricidad e internet, a lo que se suma un frío intenso que agrava unas condiciones de vida ya de por sí muy duras. La mayoría de sus residentes pertenece a sectores económicos modestos —jubilados, maestros, militares y agricultores— sin capacidad para absorber el golpe de una crisis de esta envergadura.

Ante ese panorama de destrucción y precariedad, las palabras del sacerdote resuenan como un ancla: «Jesús nos esperó 47 días, sin presencia humana». Para el padre Khairallah, la Hostia intacta hallada entre los escombros no es un hecho aislado, sino la manifestación visible de una verdad que su fe lleva siglos proclamando: que la presencia de Cristo en la Eucaristía no cede ante la guerra, el abandono ni el paso del tiempo.

13 comentarios

Generalife
Bendito y alabado sea el Santisimo Sacramento del altar
26/04/26 9:02 AM
Pedro de Madrid
Hace muy poco tiempo san Carlos Acutis habló profundamente de la presencia de Jesús en las Sagradas Formas, halladas, desde hace siglos, incorruptible
26/04/26 9:55 AM
Montse
Oro por esos cristianos,así como por otros.
Hoy he leído que en la India,en Manipur hay problemas religiosos y tribales.¿Cómo se encuentran los cristianos?.
Quiero expresar mi respeto y admiración por el clero y los fieles cristianos en Medio Oriente y otros lugares peligrosos.Dios los bendiga
26/04/26 10:07 AM
Feligres
Gloria a Dios por este testimonio
26/04/26 11:41 AM
MANUEL ORTIZ MERCADO
Qué mensaje de mucha solidez cristiana. Jesús nos espera siempre, se hace el encontradizo. Y la madre María nos pone a salvo en medio del menemigo.
Saludos desde El Salavador.
26/04/26 12:45 PM
Sérgio Roberto Cirne de Toledo
Gloria a Deus Onipotente , que não abandona seus filhos .
26/04/26 2:46 PM
angeles wernicke
Bendito sea Dios, que nunca abandona a sus hijos!
26/04/26 2:56 PM
Cony
Aquí tienes tu párrafo corregido Yugan, listo para compartir:

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¿Aún no creemos que nuestro Señor nos llama a la conversión? Él está vivo y sigue siendo perseguido. ¡Benditos nuestros santos sacerdotes! Hay que orar por ellos. Sin ellos el alma se muere, pues no habría confesión y lo más importante: la presencia de Dios en la humanidad. Ellos están consagrados y son los únicos que hacen que ese milagro de la transubstanciación.


26/04/26 3:03 PM
Contanza
Claro Yugan. Aquí va completo con San Juan María Vianney y lo que sigue:

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¿Aún no creemos que nuestro Señor nos llama a la conversión? Él está vivo y sigue siendo perseguido. ¡Benditos nuestros santos sacerdotes! Hay que orar por ellos. Sin ellos el alma se muere, pues no habría confesión y lo más importante: la presencia de Dios en la humanidad. Ellos están consagrados y son los únicos que hacen que ese milagro de la transubstanciación ocurra.

San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, decía: "Si comprendiéramos bien lo que es un sacerdote en la tierra, moriríamos: no de miedo, sino de amor... El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús".

Qué podemos hacer hoy:
Orar: 1 Ave María diaria por los sacerdotes de tu parroquia. Están en batalla espiritual 24/7.
Confesión: Si llevas tiempo, hoy es buen día. Ellos están ahí para eso. Cristo te espera.
Agradecer: Después de Misa, dale la mano al padre y dile "gracias por su sí". No sabes lo que significa para ellos.

La Eucaristía es el cielo en la tierra. Y sin esos hombres consagrados, no tendríamos ese regalo más bello y santo.
26/04/26 3:06 PM
Miguel
Pienso que Infocatólica debe tener más cuidado con lo que publica.
«Después de 47 días, no existe explicación científica de por qué el pan no se ha echado a perder». Dos comentarios sobre esta cita: 1º. La hostia consagrada no es pan (!). 2º. No hay nada de anormal en el hecho de que una hostia consagrada o sin consagrar se conserve en buenas condiciones durante 47 días, sobre todo en un clima seco como el de esa región.
26/04/26 3:16 PM
Ms
Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar
26/04/26 3:22 PM
anawim
Nosotros damos testimonio de un milagro mucho mayor, todos los días en la Eucaristía delante de nuestros ojos ocurre por el ministerio sacerdotal la la conversión de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo.
26/04/26 3:22 PM
Andrés Mariano
Sea por siempre bendito y alabado, Jesús Sacramentado.
26/04/26 3:38 PM

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