«Lo que sucede en ese altar me afecta profundamente»: el misterio eucarístico como motor de conversión en el Reino Unido
Cardenal Nichols | Screenshot YT

Pertenencia, sentido, belleza y Eucaristía: cuatro claves según el Cardenal Nichols

«Lo que sucede en ese altar me afecta profundamente»: el misterio eucarístico como motor de conversión en el Reino Unido

El Cardenal Nichols revela que las conversiones al catolicismo se han duplicado en Westminster y señala la belleza litúrgica y el misterio eucarístico como claves de un fenómeno creciente entre jóvenes y varones.

(InfoCatólica) «No entiendo por qué, pero lo que sucede en ese altar me afecta profundamente.» Con esas palabras, una mujer que llevaba casi veinte años asistiendo a misa cada domingo sin estar bautizada explicó al Cardenal Vincent Nichols la razón de su conversión. Su testimonio condensa un fenómeno que el arzobispo emérito de Westminster constata con cifras: en el Reino Unido crece el número de adultos que piden el bautismo o la plena comunión con la Iglesia, y en la archidiócesis de Westminster la cifra se ha duplicado en los dos últimos años.

Nichols reflexiona sobre las raíces de este crecimiento en un artículo publicado en el diario The Catholic Herald. Más allá de las estadísticas, el cardenal identifica cuatro dimensiones recurrentes en los cientos de conversaciones que ha mantenido con catecúmenos durante el Rito de Elección en las catedrales, y que a su juicio ofrecen claves para la misión evangelizadora de la Iglesia hoy.

La sed de pertenencia

El primer factor es la búsqueda de pertenencia. Casi nadie recorre el camino hacia la fe en solitario: los catecúmenos llegan acompañados de amigos, familiares o miembros de su comunidad parroquial. «¿A quién pertenezco realmente? ¿A quién puedo recurrir? ¿De quién puedo fiarme?», son las preguntas que resuenan en una época que, señala Nichols, «ensalza la autonomía del individuo en cuestiones de verdad o de vida y muerte, como en los debates sobre el aborto o el suicidio asistido». Frente a esa autonomía radical, que el cardenal califica de mentira, la fe ofrece el redescubrimiento del origen común de la vida como don de Dios, que nos ha creado «como sus hijas e hijos, como hermanas y hermanos unos de otros».

El sentido frente al caos

La segunda dimensión es la búsqueda de sentido. El desorden y la falta de forma en la vida contemporánea generan inquietud, observa Nichols. La sociedad propone proyectos (carreras, progreso material, reconocimiento), pero se desvanecen «como la niebla de la mañana». La fe cristiana, en cambio, ofrece un horizonte estable: el del cielo y el Reino de Dios que ya se despliega en la tierra. «El cristiano conoce el verdadero sentido de la vida y tiene, por tanto, criterios con los que juzgar sus actos e intenciones», escribe el cardenal. La enseñanza de la Iglesia, su tradición de discernimiento, sus santos, su arte y su poesía abren para muchos «una visión del verdadero sentido» que les conduce de la incertidumbre a una vida deliberada y con propósito.

La belleza como camino hacia Dios

El tercer elemento es la belleza del catolicismo. Cada día, cientos de personas entran en la catedral de Westminster, muchas de ellas por primera vez en una iglesia. Lo que les impresiona, relata Nichols, es «el espacio, la paz, la belleza». La respuesta auténticamente humana ante la belleza no es el deseo de posesión, sino «el asombro, la admiración, una apertura de corazón y mente». El cardenal subraya la necesidad de que las iglesias sean verdaderamente lugares de belleza y de que las liturgias incluyan tiempos de silencio. Evocando un verso de Gerard Manley Hopkins («Elected silence, sing to me!»), Nichols observa que «a menudo es en el silencio donde escuchamos la llamada de Dios, la música que nos atrae a su presencia y su abrazo».

El misterio del altar

La cuarta dimensión es la que condensa el testimonio de aquella mujer conmovida por lo que sucedía en el altar. Lo que ella percibía de forma instintiva, explica Nichols, era «el gran sacrificio total de Jesús, que lo da todo por nuestra libertad». En la Eucaristía, todo sufrimiento y toda entrega quedan asumidos en Cristo y ofrecidos al Padre, de modo que el sacrificio y el dolor «dejan de carecer de sentido y se convierten en un faro de gracia en nuestro mundo». Así se llega, afirma el cardenal, «al don más precioso confiado a la Iglesia: el santo sacrificio de la Misa».

Nichols destaca que la reverencia ante la misa y la adoración del Santísimo Sacramento están muy presentes en los itinerarios de fe actuales. Y añade un dato significativo: el creciente interés por este camino se percibe «especialmente entre adultos jóvenes y varones», lo que a su juicio ofrece «una visión de las necesidades más profundas que siente hoy nuestra cultura».

Una misión personal

El cardenal concluye que la misión evangelizadora es «profundamente personal y profundamente humana», y que su centro es la persona de Jesús y el contacto personal con Él a través de la oración y la liturgia. Y cierra con otra anécdota reveladora: una mujer casada con un católico durante más de veinte años que, al preguntarle qué la había retenido tanto tiempo, respondió: «Nadie me lo pidió nunca». «Esto también merece la pena pensarlo», concluye Nichols.

3 comentarios

Seletotsira
¿ Cómo puede ser tan sencillo, y a la vez tan complicado?
Creo que nos falta reverencia.
14/04/26 10:36 AM
Eduardo Campos Ferrer
La IERE española del obispo Carlos López Lozano va por el mismo camino que los anglicanos ingleses. Mezclar cristianismo con masonería, metiendo a grandes maestros masones en cargos de la iglesia, no parece muy serio.

Y es una pena, y lo digo sinceramente, porque últimamente han acertado en algunos artículos de su revista La Luz en los que atacan con una contundencia notable a las sectillas evangélicas.

Soy de los que creen que en España una Iglesia propia hubiese tenido recorrido, pero no una iglesia impregnada de masones.

14/04/26 2:06 PM
Gregory
Me gustaria leer el documento porque en verdad es tan simple pero tan complejo de entender para varios.
14/04/26 9:33 PM

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