(InfoCatólica) En la audiencia general de este miércoles 8 de abril, León XIV ha dedicado su catequesis a la vocación universal a la santidad, a la luz del capítulo quinto de la constitución conciliar Lumen gentium. El Papa ha subrayado que la santidad no es un ideal reservado a élites espirituales, sino un don que interpela a cada bautizado a tender hacia la plenitud de la caridad: «La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados».
Ante los miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Pontífice ha proseguido así el ciclo de catequesis dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II, deteniéndose en la dimensión constitutiva de la santidad en la vida de la Iglesia y en el papel de los consejos evangélicos.
El martirio, culmen del testimonio cristiano
León XIV ha recordado que la Lumen gentium sitúa el martirio como la expresión más alta de la santidad, y ha advertido de que este horizonte no es ajeno a nuestro tiempo: «Todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta la sangre, como siempre ha sucedido y sigue sucediendo hoy». Esta disposición al testimonio, ha añadido, se hace realidad cada vez que los cristianos dejan huellas de fe y de amor en la sociedad, comprometiéndose con la justicia.
La catequesis ha insistido en que todos los sacramentos, de forma eminente la Eucaristía, alimentan el crecimiento en la vida santa, asimilando a cada persona a Cristo, «modelo y medida de la santidad». Al saludar a los peregrinos de lengua portuguesa, el Papa citó a San Carlos Acutis: «Ante el sol uno se broncea. ¡Ante la Eucaristía uno se vuelve santo!».
Más que un compromiso ético: la esencia de la vida cristiana
El Santo Padre ha querido subrayar que la santidad trasciende la mera adhesión a normas morales. Es, ha dicho, el ADN mismo de la vida cristiana: «La santidad no tiene solo una naturaleza práctica, como si se redujera a un compromiso ético, por grande que sea, sino que atañe a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria».
Citando a San Pablo VI, quien recordó que la Iglesia quiere que todos los bautizados sean «santos, es decir, verdaderamente hijos suyos dignos, fuertes y fieles», León XIV ha explicado que la santidad se realiza como una transformación interior por la que la vida de cada persona se conforma a Cristo en virtud del Espíritu Santo. La realidad del pecado en la Iglesia, ha reconocido, invita a cada fiel a emprender un serio cambio de vida, encomendándose al Señor.
Pobreza, obediencia y castidad: dones liberadores
Siguiendo el capítulo sexto de la constitución conciliar, el Papa se ha detenido en la vida consagrada y en su «papel decisivo» como señal profética del Reino de Dios. Ha presentado los tres consejos evangélicos no como ataduras, sino como dones del Espíritu Santo: «Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, a través de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios».
La pobreza, ha explicado, libera «del cálculo y del interés propio»; la obediencia libera «de la desconfianza y del dominio»; y la castidad «es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia».
El sufrimiento, camino de santidad
A pocos días de la Pascua de Resurrección, León XIV ha invitado a contemplar el sacrificio del Crucificado, por el cual «todos somos redimidos y santificados». Ha asegurado que no hay experiencia humana que Dios no redima: «Incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en camino de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos fortalece así en cada prueba, indicándonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor».
El Papa acoge con esperanza el anuncio de una tregua en Oriente Medio
Al término de la audiencia, el Pontífice ha lanzado un llamamiento ante la situación de «gran tensión» en Oriente Medio. León XIV ha acogido «con satisfacción y como señal de viva esperanza» el anuncio de una tregua inmediata de dos semanas, y ha insistido en que «solo mediante la vuelta a las negociaciones se puede llegar al final de la guerra».
El Papa ha exhortado a acompañar este tiempo de trabajo diplomático con la oración, expresando su deseo de que la disponibilidad al diálogo pueda convertirse en instrumento para resolver otros conflictos en el mundo. Ha renovado además la invitación a unirse a la Vigilia de oración por la paz que presidirá en la Basílica de San Pedro el sábado 11 de abril.






