(InfoCatólica) Un artículo firmado por Joanna Williams y publicado en The City Journal, advierte de la pérdida de identidad de Gran Bretaña, que se manifiesta en una creciente presencia pública del islam a todos los niveles.
La periodista británica cuenta su experiencia personal: «En Gran Bretaña, el pasado mes de marzo se identificó con el Ramadán. Mi supermercado local me aconsejó que aprovechara al máximo este mes sagrado y me ofreció todo lo necesario para el Iftar, el Suhoor y demás, incluyendo una variedad de alimentos halal». Lo mismo sucede en otros aspectos de la vida social británica: partidos de fútbol en los que el juego se detiene para permitir que los jugadores musulmanes rompan el ayuno a pesar de los abucheos del público, reuniones masivas de oración islámica en público en lugares emblemáticos como Trafalgar Square, frecuentes acusaciones de islamofobia en boca del alcalde de Londres, Sir Sadiq Khan, que es musulmán, etc.
Según Williams, la razón no está en que «los británicos se hayan convertido masivamente al islam», porque más bien se muestran desinteresados con respecto a cualquier religión, sino en que «la élite política y cultural británica insiste cada vez más en el respeto al islam como muestra de apoyo a los supuestos valores progresistas de diversidad, multiculturalismo y antirracismo».
El resultado no es solo tolerancia hacia los musulmanes, sino «una creciente islamización de todos los aspectos de la sociedad británica».
Esta islamización es particularmente evidente en el sistema educativo, que normaliza las prácticas religiosas islámicas entre los niños: los uniformes se modifican para que «niñas musulmanas de tan solo cinco años usen el velo en clase» o para «prohibir que todas las niñas usen faldas, en cumplimiento de las normas de modestia del islam». Se sirve carne halal en los comedores escolares y se ha llegado al extremo de que las directrices gubernamentales para los docentes en zonas con grandes comunidades musulmanas advierten que el arte creado por los niños, así como las clases de música y danza, pueden considerarse blasfemas o incluso «idolátricas» según la ley islámica.
Una de las razones de estos cambios es el aumento de la población musulmana. En 2021, 3,9 millones de personas (6,5 % de la población) se consideraban musulmanas, un significativo aumento de más del 40% en comparación con los datos de una década antes.
El aumento demográfico no es lo único relevante, sin embargo. Es necesario tener en cuenta la tendencia al agrupamiento de los musulmanes en ciertas ciudades y poblaciones, donde tienen un peso desproporcionado en relación con su porcentaje de la población británica total. Es el caso de varias poblaciones del norte de Inglaterra, como Bradford (en torno al 30 %) o Birmingham (en torno al 20%). Lo mismo sucede en barrios concretos de grandes ciudades, como Manchester.
Esta concentración en algunas zonas tiene grandes repercusiones electorales y proporciona al Islam una influencia política desmesurada «gracias al sistema electoral británico de mayoría simple». Generalmente, es el Partido Laborista el que se aprovecha de esa influencia, ya que la gran mayoría de los musulmanes suelen concederle su voto.
Según Williams, sin embargo, el factor fundamental que hay que considerar es que «quienes dirigen las instituciones del Reino Unido son incapaces de defender los valores, tradiciones e identidad británicos». A menudo, los políticos aseguran a los votantes que la fuerza del Reino Unido está en su diversidad, pero el efecto ha sido la aparición de «comunidades claramente monoculturales que actúan en su propio interés», mientras que «la clase política no se atreve a mencionarlo por miedo a ser acusada de racismo e islamofobia».






