(NCR/InfoCatólica) El régimen cubano anunció el 2 de abril la liberación de 2.010 presos con motivo de la Pascua, en lo que constituye la cifra más alta de excarcelaciones comunicada en los últimos años. Las autoridades presentaron la medida como una decisión adoptada en el contexto de las celebraciones religiosas de la Semana Santa.
Según la nota oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, la decisión fue posible tras un «indulto aprobado por el Gobierno de Cuba» y después del análisis de diversas circunstancias personales de los reclusos. Entre esos elementos figuran la «buena conducta mantenida en prisión», haber cumplido una parte importante de la condena y el estado de salud.
Entre los beneficiados por la medida se encuentran jóvenes, mujeres y personas mayores de 60 años. Al mismo tiempo, el propio régimen dejó claro que la liberación no alcanza a todos los reclusos. Han quedado excluidos quienes fueron condenados por delitos como agresión sexual, pedofilia con violencia, homicidio, robo con violencia o con uso de armas, así como por «delitos contra la autoridad».
El ministerio precisó además que esta es la «segunda liberación» realizada en 2026. También indicó que se trata del «quinto indulto» desde 2011 y aseguró que, mediante esas medidas acumuladas, «más de 11.000 personas han sido liberadas». De ese modo, el régimen quiso encuadrar el nuevo anuncio dentro de una política ya aplicada en ocasiones anteriores.
La información oficial subrayó expresamente que estos indultos se anuncian «en el contexto de las celebraciones religiosas de la Semana Santa». Esa formulación enlaza la decisión con el calendario litúrgico cristiano, en unas fechas en las que la Iglesia llama de modo particular a la conversión, la misericordia y la esperanza.
Este nuevo anuncio llega después de otra medida comunicada en marzo de este mismo año. Entonces, el Gobierno cubano informó de que pondría en libertad a 51 presos «en el espíritu de buena voluntad, de relaciones cercanas y fluidas entre el Estado cubano y el Vaticano». Con ello, las autoridades volvieron a relacionar públicamente este tipo de decisiones con su vínculo con la Santa Sede.
La liberación de los 2.010 presos se produce además en medio de presiones exteriores sobre el régimen. Estados Unidos ha venido recortando el suministro de petróleo a Cuba como forma de presión para forzar diversas reformas políticas y económicas.
Al mismo tiempo, gran parte de la población cubana padece una grave emergencia humanitaria. La falta de alimentos, medicinas y atención sanitaria forma parte de las carencias que afligen a la isla y que continúan golpeando con dureza la vida cotidiana de innumerables familias.
En ese contexto, el obispo de Palm Beach, Manuel de Jesús Rodríguez, natural de la República Dominicana, escribió recientemente que en Cuba existe una «crisis humanitaria profunda y creciente: cruda, visible y profundamente humana». Su descripción pone de relieve que la situación de la isla no puede reducirse a una simple dificultad coyuntural, sino que afecta de lleno a la dignidad concreta de las personas.
El prelado señaló igualmente que «la oración debe llevar a la acción». Explicó también que la diócesis de Palm Beach está colaborando con los obispos cubanos para encontrar «todas las formas posibles de proporcionar ayuda concreta, especialmente en las áreas urgentes de alimentación y atención médica».
Finalmente, el obispo expresó con claridad la obligación moral de responder ante ese sufrimiento al afirmar: «Este trabajo no es opcional. Es un imperativo moral». Mientras el régimen presenta la excarcelación masiva como un gesto ligado a la Semana Santa, la realidad de Cuba sigue marcada por la escasez, la presión política y una crisis humanitaria que reclama atención inmediata y ayuda concreta para un pueblo que sufre.








