Mons. Sanz Montes en el Sermón de las Siete Palabras: «Precioso testamento»

Interpela a una generación «que teniéndolo casi todo, no logra descubrir el sentido de la vida»

Mons. Sanz Montes en el Sermón de las Siete Palabras: «Precioso testamento»

Sanz Montes medita ante las cofradías vallisoletanas sobre las últimas palabras de Cristo en la cruz, «siete gritos» que interpelan a una generación «que teniéndolo casi todo, no logra descubrir el sentido de la vida».

(InfoCatólica) Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo y fraile franciscano, ha pronunciado el tradicional Sermón de las Siete Palabras en la Plaza Mayor de Valladolid, uno de los actos centrales de la Semana Santa castellana. El prelado ha desgranado ante las veinte cofradías de la ciudad y las autoridades civiles, militares, diplomáticas y eclesiásticas una meditación sobre las últimas palabras de Cristo en la cruz, a las que ha calificado como «siete gritos como quien entona el canto del cisne en la cantata del amor antes jamás escuchada».

El sermón, organizado cada Viernes Santo por la Cofradía de las Siete Palabras, ha cobrado este año un significado especial al coincidir con la conmemoración del octavo centenario del fallecimiento de san Francisco de Asís, orden a la que pertenece el arzobispo ovetense. Sanz Montes ha descrito las palabras de Jesús como «el epílogo de toda una vida tejida de claroscuros agridulces entre el don más infinito de parte del Señor y la resistencia más triste por el hombre destinatario».

Del perdón a la promesa del Paraíso

La meditación sobre la primera palabra, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», ha girado en torno a la intercesión de Cristo entre el cielo y la tierra. El arzobispo ha subrayado que la ignorancia no resta culpabilidad a los actos humanos, pero que, aun así, «la oración de Jesús al Padre sigue llegando como clamor que intermedia pidiendo el perdón que nos salva». En una imagen que recorre toda su predicación, ha presentado a Cristo como «el abogado que templa nuestras gaitas, quien endereza nuestros entuertos» y devuelve al camino a quienes se alejaron del hogar paterno.

Al abordar la segunda palabra, «Hoy estarás conmigo en el Paraíso», dirigida al buen ladrón, Sanz Montes ha señalado que el perdón otorgado a san Dimas constituye «la primera canonización cristiana sin los largos procesos de verificación y discernimiento por parte de la Iglesia, sino por el reconocimiento claro del mismo juicio de Dios».

María, madre universal al pie de la cruz

La tercera palabra, en la que Jesús confía a la Virgen y al discípulo amado un vínculo de maternidad y filiación, ha dado pie a una reflexión sobre la universalidad de ese gesto. El prelado ha destacado que «Jesús no menciona a Juan por su nombre, ni a María por el suyo: los extrapola para darles un horizonte de universalidad. Es la mujer que se hace madre, es el discípulo que se hace hijo», en una maternidad que María asume «por indicación de Jesús» y que Juan acoge llevándola consigo desde aquel momento.

La cuarta palabra, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», ha sido presentada como la expresión máxima de la solidaridad de Cristo con la condición humana: «Tan llena de preguntas para las que no tenemos respuesta cuando nos atenazan los miedos, nos acorralan las sombras y nos llenan de vacíos los ausentes escapados que no nos acompañan».

La sed de Cristo y las contradicciones del mundo

Al meditar sobre el «Tengo sed» de Jesús, el arzobispo ha trazado un contraste entre la sed real de Cristo moribundo (respondida con la tortura de una esponja empapada en vinagre) y la sed espiritual del mundo contemporáneo. «Podríamos decir justamente al revés de lo que reclama este mundo opulento, frívolo e insolidario: Dame un poco de sed, que me estoy muriendo de agua», ha proclamado Sanz Montes, describiendo «una generación que teniéndolo casi todo, parece que no logra descubrir el sentido de la vida cuando hay falsas aguas para una sed verdadera».

La sexta palabra, «Todo está cumplido», ha sido glosada como la confirmación de una misión llevada a término: «No ha sido ni una filfa engañosa ni un fracaso nefasto, sino una vida entera que llegaba a su final con los deberes hechos desde su fidelidad filial rendida al Padre Dios».

Un testamento contra «la verborrea cínica de nuestros días»

La séptima y última palabra, «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46), ha cerrado la predicación con la imagen de un Cristo que, «sacando fuerzas donde ya no le quedaban», clama por última vez «no para maldecir su deriva, no para blasfemar por su suerte, no para inculpar a los demás de su condena indebida, sino para devolver a quien le dio todo lo que de Él recibió».

A modo de conclusión, el arzobispo de Oviedo ha lanzado una denuncia abierta contra lo que ha llamado «la verborrea cínica y tramposa de nuestros días», afirmando que las Siete Palabras de Jesús «juzgan las situaciones sórdidas que a diario aparecen en todos los estratos de la sociedad», en un tiempo en el que «la corrupción se maquilla hasta lo obsceno, las mentiras se normalizan como forma de gobernanza, la inmoralidad sale a chorros entre los vendedores de moralina, y la irresponsabilidad de los mandamases que roban a mansalva, mientras tantos inocentes pagan con su vida».

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