(InfoCatólica) El Papa León XIV lavará los pies a doce sacerdotes en la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, según anunció este miércoles la Diócesis de Roma. Once de ellos fueron ordenados por el propio Pontífice el año pasado; el duodécimo es el capellán del seminario diocesano. La ceremonia tendrá lugar en la Basílica de San Juan de Letrán, su iglesia episcopal como Obispo de Roma.
Para sectores progresistas fue un mazazo el que el lavatorio regresase a la Basílica del Papa y primasen otras consideraciones más allá del verdadero servicio al pueblo de Dios con una liturgia acorde. Esta nueva actuación de León XIV distanciándose diametralmente de Francisco apuntala la diferente concepción de ambos papas.
Ruptura con la práctica de Francisco
La decisión marca un cambio significativo respecto al pontificado de Francisco (2013-2025), que había abierto el rito a ambos sexos en 2016 y lo utilizaba habitualmente para dar visibilidad a colectivos marginados: lavó los pies a inmigrantes en centros de acogida y a reclusos en cárceles romanas, y trasladó la celebración fuera del ámbito eclesial. Con el regreso a la basílica lateranense y la restricción del grupo a clérigos, León XIV enlaza con la tradición de los Papas anteriores al fallecido el Lunes de Pascua de 2025.
El lavatorio de los pies reproduce el gesto de humildad de Jesús, que lavó los pies a sus doce apóstoles antes de la Última Cena (cf. Jn 13,1-17). Pío XII incorporó en 1955 el rito centenario como elemento posible de la misa vespertina del Jueves Santo. Hasta la reforma de Francisco, solo varones podían participar en él.
Un gesto con lectura programática
Como señala Regina Einig en Die Tagespost, la elección de celebrar el rito en una iglesia, y no en una institución civil, tiene un carácter programático. A juicio de la autora, León XIV «corrige falsas esperanzas» al restringir el círculo del lavatorio a los ordenados, subrayando que «laicos y sacerdotes no tienen roles intercambiables». Einig valora la decisión como «catequéticamente valiosa», al restablecer la distinción entre un rito cristiano fundado en la Escritura y un simple gesto simbólico.
La presencia de once sacerdotes jóvenes ordenados por el propio Papa, junto al formador del seminario, refuerza visualmente el vínculo entre el Pontífice y el clero joven con sensibilidad litúrgica tradicional, un rasgo que, según Einig, «encuentra puertas abiertas en el Pontificado».







