«Testigos del Resucitado»: el Papa recuerda que el apostolado laical se extiende a todos los ámbitos de la vida
Audiencia General, 1 abril de 2026 | Screenshot

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«Testigos del Resucitado»: el Papa recuerda que el apostolado laical se extiende a todos los ámbitos de la vida

En su catequesis sobre la Lumen gentium, León XIV subraya que la Iglesia está presente en el mundo allí donde los laicos, con sus elecciones cotidianas, «muestran la belleza de la vida cristiana».

(InfoCatólica) El Papa León XIV dedicó la catequesis de la audiencia general del Miércoles Santo a la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, continuando su ciclo de reflexiones sobre la Constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II. Ante unos 15.000 fieles congregados en la plaza de San Pedro, el Pontífice centró su meditación en el cuarto capítulo del documento conciliar, que por primera vez definió en positivo la naturaleza del laicado, superando siglos en los que los laicos habían sido identificados simplemente como quienes no pertenecen al clero ni a la vida consagrada.

La igualdad radical de todos los bautizados

León XIV arrancó su reflexión citando a su predecesor, el Papa Francisco, y su exhortación apostólica Evangelii gaudium: «Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados». A partir de esta premisa, el Papa invitó a releer un pasaje de Lumen gentium que calificó como «muy hermoso» y que subraya la unidad fundamental del Pueblo de Dios: «Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad».

El Santo Padre subrayó que «antes que cualquier diferencia de ministerio o de estado de vida, el Concilio afirma la igualdad de todos los bautizados», y recordó que la condición del pueblo mesiánico es «la dignidad y la libertad de los hijos de Dios».

Partícipes de la triple función de Cristo

«Cuanto más grande es el don, más grande también es el compromiso», puntualizó León XIV al abordar la misión específica de los laicos. Siguiendo la definición conciliar, explicó que los laicos, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo e integrados en el Pueblo de Dios, son «partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo», ejerciendo la misión de todo el pueblo cristiano «en la parte que a ellos corresponde».

El Pontífice describió el Pueblo de Dios no como «una masa informe», sino como el Cuerpo de Cristo, «la comunidad orgánicamente estructurada» en virtud de la relación fecunda entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial. Evocando a san Agustín, se refirió al concepto del Christus totus para ilustrar esta comunión orgánica. Y citando Lumen gentium, recordó que «Cristo Jesús, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Espíritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta».

El legado de Juan Pablo II y el apostolado laical

En su catequesis, León XIV quiso recordar de forma expresa a San Juan Pablo II y su exhortación apostólica Christifideles laici (1988), en la que el Papa polaco destacaba que el Concilio había reservado «páginas verdaderamente espléndidas sobre la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misión y responsabilidad de los fieles laicos». Con aquella exhortación, señaló León XIV, «mi venerado predecesor relanzaba el apostolado de los laicos», a quienes el Concilio dedicó además un documento específico que será objeto de futuras catequesis.

La Iglesia presente en el mundo a través de los laicos

El Obispo de Roma amplió la perspectiva al ámbito temporal: «El amplio campo del apostolado laical no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se amplía al mundo». La Iglesia, afirmó, «está presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán plenas en el Reino de Dios».

Citando nuevamente la Constitución conciliar, el Papa proclamó que el mundo necesita «impregnarse del espíritu de Cristo» y alcanzar su fin «con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz», algo que, subrayó, «es posible solamente con la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos».

Una Iglesia «en salida», testigo del Resucitado

León XIV cerró su catequesis con un llamamiento misionero, enlazando de nuevo con el magisterio de Francisco: «Es la invitación a ser esa Iglesia "en salida" de la que nos ha hablado el Papa Francisco: una Iglesia encarnada en la historia, siempre abierta a la misión, en la que todos estamos llamados a ser discípulos-misioneros, apóstoles del Evangelio, testigos del Reino de Dios, ¡portadores de la alegría del Cristo que hemos encontrado!».

En vísperas del Triduo Pascual, el Pontífice concluyó pidiendo a los fieles que la Pascua renueve en ellos «la gracia de ser, como María Magdalena, como Pedro y Juan, testigos del Resucitado».

 

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