(InfoCatólica) Uno de los cambios más significativos en la comunicación vaticana es que recoge, aunque solo sea en polaco, declaraciones e intervenciones de personalidades como el Cardenal Sarah.
La Iglesia «no es nada sin Dios». Con esta afirmación contundente, el cardenal Robert Sarah ha resumido su diagnóstico sobre los desafíos que afronta hoy el catolicismo, en una entrevista concedida a la cadena CNews en la que ha abordado temas que van desde la próxima visita de León XIV a África hasta la crisis litúrgica, el sincretismo religioso y la tentación de reinventar la Iglesia.
El purpurado guineano, de 79 años y ex prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ha insistido en que «Dios debe estar verdaderamente en el centro de nuestra existencia, en el centro de nuestra vida, en el centro de nuestras preocupaciones», y ha advertido de que si la Iglesia se separa de esa misión, «es inútil». La Iglesia, ha subrayado, no puede reducirse a un organismo político, humanitario o sociológico: su propósito esencial es salvar almas y nutrirlas mediante los sacramentos.
Los africanos quieren que el Papa les hable de Dios
El cardenal Sarah se ha mostrado especialmente ilusionado con la próxima gira apostólica de León XIV al continente africano. «Tendré el honor de acompañarle», ha revelado. Según el purpurado, los católicos africanos no esperan del Papa discursos sobre la pobreza u otros problemas sociales: «Quieren que les hable de Dios, porque Dios es la solución a todos nuestros problemas».
Ha destacado que el viaje comenzará por Argelia, patria de san Agustín de Hipona, y ha expresado su deseo de que la visita papal ayude a los africanos a seguir los pasos del gran Padre de la Iglesia: vivir una conversión radical que transforme la vida tras el encuentro con Cristo. «Somos Iglesias jóvenes y, por tanto, vulnerables. Esperamos que nos fortalezca y consolide nuestra fe. Estoy convencido de que lo hará», ha añadido.
El cardenal ha insistido también en la necesidad de apoyar a los sacerdotes africanos, sin los cuales «no hay Iglesia, no hay sacramentos». «Es verdad que no tenemos crisis de vocaciones, pero necesitamos que el Papa nos ayude a descubrir qué es el sacerdocio, tal como lo vivieron Jesús y los Apóstoles», ha afirmado.
La liturgia no puede ser un campo de batalla
Abordando una de las cuestiones más sensibles del momento eclesial, el cardenal Sarah ha lamentado que la liturgia se haya convertido en fuente de división. «Comprendo que el Papa esté preocupado por esta unidad litúrgica. La liturgia no es un lugar para la batalla. La hemos convertido en un lugar de batalla, de combate. Así es como destruimos la liturgia», ha declarado, evocando las palabras de Benedicto XVI: «La crisis de la Iglesia hoy procede de la crisis de la liturgia».
Por otro lado, según informa The Catholic Herald, estas declaraciones se producen en un contexto marcado por el debate sobre el lugar de la misa tradicional en latín. A principios de marzo, León XIV, a través del Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, instó a los obispos de Francia a buscar soluciones pastorales «generosas» para los fieles vinculados a la forma antigua del rito romano, en un mensaje enviado con ocasión de su asamblea plenaria celebrada del 24 al 27 de marzo.
El propio cardenal Parolin ha reconocido las tensiones en torno a esta cuestión, señalando al Catholic Herald que «será necesario encontrar la fórmula que pueda atender las necesidades legítimas», pero «sin convertir la liturgia en un campo de batalla».
El cardenal Sarah ha advertido también contra los intentos de fragmentar la universalidad de la Iglesia mediante adaptaciones culturales excesivas: «Se quiere una liturgia amazónica, una liturgia africana… pero entonces, ¿adónde vamos para preservar la universalidad de la Iglesia?».
El sincretismo, una negación de la Encarnación
Uno de los ejes más extensos de la entrevista ha sido la denuncia del sincretismo religioso, un peligro ante el que ya alertó Benedicto XVI. El cardenal Sarah ha rechazado la idea de que todas las religiones tengan el mismo valor: «Respetamos, por supuesto, las religiones no cristianas, porque todas son manifestación de la aspiración del hombre que quiere alcanzar el Misterio, son un intento humano, torpe, de decir algo sobre Dios. Y es una aspiración muy noble y digna de reconocimiento».
Sin embargo, ha precisado que «el cristianismo no es un intento humano de alcanzar el misterio: es el anuncio de que Dios ha llegado hasta el hombre, ha venido a él, y el hombre debe responder a esa revelación de Dios». El sincretismo, ha argumentado, constituye un obstáculo para proclamar esta realidad histórica y supone «una contradicción de la Encarnación».
El purpurado ha profundizado en esta perspectiva teológica: «Dios no quiere que permanezcamos solo como hombres, sino que desea que seamos como al principio, semejantes a Dios. Nos creó a su imagen y semejanza. No se trata de nuestras ambiciones humanas: es Dios quien nos creó semejantes a sí mismo». Y ha distinguido entre el pecado original, que consiste en querer hacerse dios por cuenta propia, y la transformación que se produce «cuando permito que Dios me transforme, cuando me asemejo a Cristo».
«Somos herederos, no inventamos nada»
El cardenal Sarah ha vuelto repetidamente sobre la idea de que la Iglesia está vinculada a lo que ha recibido. «Debemos transmitir lo que hemos recibido. No debemos inventar nada. Somos herederos», ha afirmado, en sintonía con la enseñanza de san Pablo sobre la transmisión de la fe.
Ha advertido contra la mentalidad contemporánea, que afecta también a los católicos, caracterizada por la hostilidad hacia la tradición y la necesidad de reinventarlo todo: «Si queremos inventar una nueva Iglesia, un nuevo sacerdocio, entonces ya no estamos en la Iglesia de Cristo».
Sobre la interpretación del Concilio Vaticano II, ha afirmado que «nunca pretendió una ruptura con el pasado», aunque «ha sido interpretado como una ruptura total», sin señalar responsables concretos.
Francia, ¿la hija mayor de la Iglesia?
Dirigiéndose a la audiencia francesa, el cardenal Sarah ha sostenido que Francia puede seguir desempeñando el papel de «hija mayor de la Iglesia». Aunque el país atraviesa una crisis, «no parte de cero»: existen en la Iglesia francesa lugares llenos de vida y numerosas comunidades monásticas. «Que hoy haya personas que pidan el bautismo no surge de la nada. Saben adónde tienen que volver. Encuentran algo en la Iglesia, en los monasterios, en las parroquias», ha asegurado, añadiendo que «la Iglesia no ha muerto en absoluto; hay mucha vida en ella».







