(InfoCatólica) En un mensaje y una oración publicados por el cardenal Raymond Burke el pasado 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, el purpurado habló sobre los conflictos bélicos actuales y los principios de la guerra justa.
El cardenal advirtió que el mundo se encontraba en una situación sumamente peligrosa, ya que diversas naciones y muy especialmente los Estados Unidos se encontraban en guerra. En ese sentido, señaló que «como ciudadanos del cielo y de nuestra patria, debemos orar para que se defienda la justicia contra los agresores injustos y que, así, se restablezca la paz entre las naciones».
Por ello, pidió que se orara por los gobernantes y los soldados: «oremos por los dirigentes de las naciones, especialmente por el dirigente de nuestra nación. De igual modo, oremos por quienes sirven a nuestra nación en las fuerzas armadas, contribuyendo "al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz" (Catecismo de la Iglesia Católica 2310)».
Al mismo tiempo, ofreció una oportuna advertencia: «debemos insistir también en que se siga la enseñanza perenne de la Iglesia sobre la guerra justa», que se explicita en el Catecismo.
En la oración diaria para tiempos de guerra que ofreció, el cardenal pide la intercesión de la Virgen de Guadalupe y San Luis rey de Francia «para que Dios guíe a los dirigentes de las naciones en todas las guerras contra los agresores injustos para proteger la vida y la libertad».
Asimismo, por intercesión de San Miguel Arcángel, pide la ayuda de la gracia de Dios «para nuestras Fuerzas Armadas, que dan la vida para servir a sus conciudadanos. Que todos los soldados sean tus fieles y desinteresados siervos». La oración concluye con un «viva Cristo Rey, viva la Virgen de Guadalupe».
Este mensaje y esta oración llaman poderosamente la atención a la luz de la homilía del Papa el día del Domingo de Ramos. En ella, el Pontífice centró sus palabras en Cristo, Rey de la Paz, que «no libró ninguna guerra» y «siempre rechaza la violencia».
En ese contexto León XIV afirmó: «este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza».
En principio y sin entrar a valorar los conflictos concretos actuales, la afirmación del Pontífice parece completamente opuesta a las peticiones de oración del cardenal por unos gobernantes y unas fuerzas armadas que, precisamente están haciendo la guerra en este momento. Es más, esa parte de la homilía papal resulta muy difícil de cuadrar con la doctrina católica sobre la guerra justa mencionada por el cardenal. En efecto, una guerra justa es, por definición, una guerra justificada según la voluntad de Jesús, Príncipe de la Paz.
A eso se suma la significativa referencia hecha por el cardenal a San Luis rey de Francia, que, como monarca, participó en guerras y batallas y dirigió dos cruzadas. ¿Habría que entender, según las palabras de León XIV, que Dios no escuchaba las oraciones de San Luis porque hacía la guerra? ¿O las de San Fernando de España y los muchos otros santos reyes y guerreros de la historia que participaron en guerras justas? ¿Por qué mantiene la Iglesia, entonces, a los capellanes castrenses en ejércitos dedicados precisamente a hacer la guerra? ¿Debería excomulgarse a todos los militares católicos?
No parece que el cardenal conociera de antemano las palabras que iba a pronunciar el Papa cuatro días después, pero, en cualquier caso, pueden servir para interpretar que las afirmaciones de León XIV en este caso quizá deban considerarse más bien una mera exageración retórica, movida por el bienintencionado deseo de acabar con los conflictos que aquejan al mundo.






