(InfoCatólica) Según informa Katholisch.de, Mons. Erwin Kräutler, obispo emérito de Xingu (Brasil), sigue dándole vueltas al fallido (desde su perspectiva) Sínodo Amazónico, que tuvo lugar hace siete años, en 2019. El prelado acaba de declarar que el Papa Francisco quería ordenar a hombres casados, pero no pudo hacerlo porque estaba muy presionado.
Para entender el valor de estas declaraciones, conviene señalar que Mons. Kräutler es un prelado austriaco, misionero de la Preciosa Sangre, que fue destinado en 1965 a la misión en la selva amazónica. Quince años después, fue nombrado obispo coadjutor de su tío, Mons. Erich Kräutler, de la misma congregación religiosa, que gobernaba la inmensa prelatura territorial brasileña de Xingu (350.000 kilómetros cuadrados).
Tras la dimisión de su tío el año siguiente, Mons. Kräutler lo sucedió y sería obispo de Xingu durante treinta y cuatro años. Durante su época como obispo de la prelatura territorial y tras su dimisión en 2015, fue conocido por aplicar todas las recetas progresistas imaginables a los pobres fieles de su prelatura.
En particular, Mons. Kräutler, defendió la ordenación de mujeres, el fin del celibato sacerdotal (porque los «indígenas no pueden entender el celibato», de modo que él les mentía diciendo que su esposa estaba «muy, muy lejos»), la teología de la liberación, la tolerancia temporal del infanticidio por razón de la cultura indígena, la integración de la Pachamama en una nueva liturgia amazónica y un largo etcétera. Él mismo resumió su tiempo en la Amazonia, diciendo que «nunca hice proselitismo de nadie, sino que viví con la gente».
El resultado no deja lugar a dudas sobre el efecto de esas posturas marcadamente heterodoxas: la descatolización completa de la Amazonia brasileña. Una gran parte de los indígenas (y de los demás fieles) o bien se han hecho protestantes o han ido abandonando por completo la fe.
Durante el Sínodo de la Amazonia, el ya jubilado Mons. Kräutler, inasequible al desaliento, siguió defendiendo las mismas cosas que habían arrasado la fe de sus fieles. En particular, cuando vio que todo lo demás parecía inalcanzable, puso su esperanza en la ordenación de viri probati, es decir, de hombres casados con vida de fe ya asentada.
Fiado en la unanimidad al respecto entre prelados con sus mismas inclinaciones heterodoxas y que también habían asolado sus diócesis amazónicas, el obispo austriaco creía que la ordenación de casados era inevitable y estaba convencido que el Papa Francisco la aprobaría en su exhortación postsinodal. Su desilusión fue monumental.
Aunque el Papa reconocía que debía hacerse todo lo posible para que los fieles de la región amazónica pudieran celebrar frecuentemente la Eucaristía, en la exhortación no se mencionaba la ordenación de hombres casados (ni mucho menos sus otras reivindicaciones). Lo que el Papa decía sobre justicia social o ecología le pareció bien, pero ¿por qué no siguió el Pontífice las indicaciones que amablemente el mismo Mons. Kräutler le había dado?
El prelado austriaco explica ahora que el Papa quería ordenar hombres casados, pero no podía. «Me pregunto: ¿Quién es el responsable de esta ruptura? Incluso hoy, al leerla, me parece que hubo una segunda mano, o una tercera, o alguien más detrás». Por supuesto, no sabe de quiénes eran esas misteriosas «manos», pero «sigo creyendo que el Papa Francisco no quería esto, pero que estaba bajo tanta presión que no pudo hacer otra cosa, ni psicológica ni personalmente».
Al parecer, ni siquiera concibe la posibilidad de que, en la decisión de mantener el celibato sacerdotal, fuera importante el aprecio de esa tradición más que milenaria de la Iglesia Latina, defendida por ejemplo por Benedicto XVI y el card. Sarah. Estremece pensar en cómo viviría el celibato y enseñaría a sus sacerdotes a vivir el celibato un obispo que lo combatió enconadamente durante décadas y mentía a los indígenas diciendo que estaba casado pero su mujer estaba «muy, muy lejos».
Claro que, si a un obispo no le importa negar la doctrina irreformable de la Iglesia sobre la reserva de la ordenación sacerdotal a los varones, ¿por qué había de preocuparse de un detalle como el celibato? «Queríamos que las mujeres también tuvieran acceso al sacerdocio», explica el prelado, hablando de los obispos amazónicos. Para él, tanto el celibato sacerdotal como la ordenación únicamente de varones son «decisiones canónicas que pueden revocarse con una firma».
En 2010, Mons. Kräutler recibió el llamado "premio Nobel Alternativo" por su labor en pro de los derechos humanos de los indígenas (es de suponer que excepto los niños víctimas del infanticidio cultural) y la defensa de la selva tropical.







