(InfoCatólica) El saludo del ángel Gabriel a María, repetido 144 veces en verso, lleva cantándose de pie en las iglesias ortodoxas desde el año 626. El pasado sábado, coincidiendo con el final de la Cuaresma, la composición cumple catorce siglos y el Patriarca Ecuménico Bartolomé I ha querido marcar la efeméride con una carta pastoral en la que subraya la vigencia del himno como oración por la paz en un mundo sacudido por conflictos bélicos.
Un himno nacido de una victoria militar
El Akathistos debe su origen a un episodio histórico preciso. En el año 626, una coalición de ávaros, eslavos y persas sitió Constantinopla mientras el emperador Heraclio combatía lejos de la capital para recuperar la Vera Cruz. Según recoge la encíclica patriarcal, la salvación de la ciudad se atribuyó a la poderosa protección de la Madre de Dios, a quien el fundador Constantino el Grande había consagrado Constantinopla. La tradición relata que una violenta tempestad destruyó la flota sitiadora, provocando la huida desordenada de los atacantes.
La noche del 7 de agosto de aquel año, el pueblo acudió en masa al histórico templo de Blanquernas, donde se celebraba semanalmente una vigilia mariana, y cantó de pie el himno completo como acción de gracias. De ahí su nombre: akathistos significa «no sentado». Desde entonces, la Virgen recibió el título de «Generala Invicta» (Ypermachos Stratigos), invocación que abre el himno y que la ciudad volvería a emplear repetidamente a lo largo de su agitada historia.
«Obra maestra de la poesía eclesiástica»
En su carta pastoral, Bartolomé I describe el Akathistos como «obra maestra de la poesía eclesiástica, monumento incomparable de la lengua griega y obra primorosamente tejida del pensamiento teológico inspirado». El Patriarca ecuménico ortodoxo señala que el himno es al mismo tiempo alabanza, acción de gracias, súplica e intercesión dirigida a Dios y a la Madre de Dios, «que posee ante Dios la franqueza maternal y siempre concede generosamente su poderosa ayuda y protección al pueblo fiel de los ortodoxos».
Las dos primeras partes del himno se inspiran en el Evangelio de Lucas y prolongan con numerosas invocaciones marianas el saludo del arcángel Gabriel. La palabra «Alégrate» (Chaire) se repite 144 veces, cifra que, según la encíclica, remite místicamente a los 144.000 santos del Apocalipsis que cantan «el cántico nuevo» ante el Trono de Dios y «siguen al Cordero adondequiera que va» (Ap 14,4). La tercera y cuarta partes meditan sobre el misterio de la Encarnación a partir de María y sus efectos a lo largo de los siglos.
Llamada a la paz en tiempos de guerra
El Patriarca vincula expresamente el jubileo con la situación mundial. El Akathistos llama a cada fiel a «mantenerse vigilante y firme, en humildad y oración, ante los grandes desafíos de nuestra época, en estos penosos días de conmociones y conflictos bélicos que atraviesa la humanidad». Bartolomé I pide que se rece con fervor para que la Madre de la «Paz de Dios» actúe de nuevo como «Generala Invicta» de todo el que sufre injusticia y peligro, y conceda al género humano «la verdadera Paz de su Hijo, que supera todo entendimiento» (Flp 4,7).
Congreso internacional en Estambul
Con motivo del aniversario, se ha celebrado en Estambul un gran congreso internacional dedicado al himno, inaugurado por el propio Patriarca ecuménico. El Akathistos ha sido traducido a numerosas lenguas y ocupa un lugar central no solo en la Cuaresma ortodoxa, sino a lo largo de todo el año litúrgico. Como recoge la encíclica, «obispos y sacerdotes lo cantan con devoción, los monjes lo recitan diariamente y los fieles lo rezan con frecuencia durante todo el año; teólogos exploran sus elevadas cimas dogmáticas, filólogos y literatos se sumergen en las profundidades de su elegancia expresiva, poetas y pintores se inspiran en sus luminosas imágenes líricas e iconógrafos representan escenas de su rico contenido».







