El Obispo de Getafe inaugura una casa donde los sacerdotes mayores seguirán siendo parte viva de la diócesis
El Arzobispo de Madrid, Cardenal José Cobo, bendice la Casa de la Iglesia de la Diócesis de Getafe. Crédito: Diócesis de Getafe.

Fraternidad sacerdotal

El Obispo de Getafe inaugura una casa donde los sacerdotes mayores seguirán siendo parte viva de la diócesis

La nueva Casa de la Iglesia nace para responder a una preocupación pastoral largamente sentida en la diócesis: que los sacerdotes jubilados no pasen sus últimos años aislados ni apartados de la vida eclesial. El proyecto, impulsado por Mons. Ginés García Beltrán, busca ofrecerles un hogar donde se respire paz, oración y fraternidad sacerdotal.

(ACI/InfoCatólica) El Obispo de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán, ha inaugurado la nueva Casa de la Iglesia, una obra largamente deseada en la que los sacerdotes mayores de la diócesis podrán vivir su vocación hasta el final en comunión fraterna. Hasta ahora, estos presbíteros se encontraban dispersos en distintas residencias, una situación que había suscitado desde hacía tiempo una preocupación pastoral concreta en la diócesis.

Durante el acto de inauguración, el prelado explicó que esta casa «quiere ser, ante todo, casa de misericordia» y conformarse como «un hogar donde nuestros sacerdotes mayores puedan vivir acompañados, cuidados, respetados en su dignidad y sostenidos en su vocación». No se trata, por tanto, de una simple solución residencial o asistencial, sino de una respuesta plenamente eclesial al deber de honrar y cuidar a quienes han consagrado su vida al ministerio sacerdotal.

Mons. García Beltrán añadió que desea que sea un lugar en el que «la fraternidad sacerdotal se haga visible y concreta, donde la Iglesia cuide con amor a quienes han cuidado de ella durante tantos años». Con estas palabras quiso destacar el sentido profundo de la nueva casa: gratitud, caridad y comunión con aquellos sacerdotes que, incluso en la vejez, siguen perteneciendo de manera viva al corazón de la diócesis.

En su intervención ante las autoridades eclesiásticas y civiles presentes en el acto, el obispo subrayó además el valor simbólico de la inauguración. «Al bendecir esta Casa de la Iglesia, no inauguramos solo un edificio. Inauguramos un signo. Un signo de comunión, de gratitud y de esperanza. Un signo de que la Iglesia no abandona a los suyos, sino que los acompaña hasta el final. Un signo de que la caridad pastoral no es un concepto abstracto, sino una realidad que se construye no con ladrillos, sino con decisiones, con sacrificios y con amor».

El prelado expresó también su deseo de que esta casa «sea un lugar donde se respire paz, fraternidad y oración», y en el que los sacerdotes mayores «puedan seguir sintiéndose parte viva de la diócesis, donde puedan compartir su sabiduría, su experiencia y su fe». Y resumió el sentido último de esta obra con otra formulación de gran densidad espiritual: «un hogar donde Dios sea amado y servido en la vida cotidiana».

La iniciativa responde igualmente a una inquietud que había sido expresada ya por el Obispo Emérito de Getafe, Mons. Joaquín María López de Andújar. Antes incluso de la llegada de su sucesor a la diócesis, le trasladó su preocupación por la dispersión de los sacerdotes al llegar a la edad de jubilación. Mons. García Beltrán recordó aquellas palabras con emoción: «Me dijo: “Muchos sacerdotes te lo pedirán”», y confesó que «aquella conversación quedó grabada en mi corazón».

Esa impresión se afianzó en los primeros pasos de su ministerio episcopal en Getafe. Según explicó, al visitar a los sacerdotes repartidos en diferentes residencias fue madurando en su interior la certeza de que la diócesis no podía permanecer indiferente. «En mis primeros pasos como obispo de esta diócesis, al visitar a nuestros sacerdotes dispersos en distintas residencias me confirmaba interiormente que no podíamos mirar hacia otro lado», afirmó.

La Diócesis de Getafe, sufragánea de la Archidiócesis de Madrid, cuenta con 311 sacerdotes diocesanos, de los cuales 82 están jubilados. Refiriéndose a ellos, Mons. García Beltrán dejó una reflexión especialmente significativa sobre la identidad sacerdotal, que no desaparece con la edad ni con el retiro de tareas más activas. «No podían pasar los últimos años como si no lo fueran, como si su identidad y su vocación fuera algo pasado. Yo no lo querría para mí, y por eso no podía quererlo para ellos. Ahí comenzó a fraguarse la idea de esta casa».

Junto con la casa sacerdotal, se ha inaugurado también una nueva sede de la curia, que permitirá a esta diócesis joven cumplir mejor su misión y servir con mayor eficacia al Pueblo de Dios. De este modo, la jornada ha tenido un marcado carácter eclesial y pastoral, aunando en un mismo gesto el cuidado de los sacerdotes mayores y la mejora de las estructuras de servicio de la diócesis.

La bendición de las nuevas instalaciones estuvo a cargo del Arzobispo de Madrid, Cardenal José Cobo. En el acto participaron asimismo el Arzobispo Emérito de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela; el Obispo Emérito de Getafe, Mons. Joaquín María López de Andújar; el Obispo Emérito de Alcalá de Henares, Mons. Juan Antonio Reig; el Obispo de Alcalá de Henares, Mons. Antonio Pietro; el Obispo Auxiliar de Getafe, Mons. José María Avendaño; y el Obispo Auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino.

La inauguración de esta Casa de la Iglesia constituye así una obra de justicia, gratitud y caridad hacia quienes han gastado su vida en el altar, en el confesionario, en la predicación y en el servicio silencioso al Pueblo de Dios. Frente a la tentación de considerar la ancianidad como una etapa de descarte o irrelevancia, la diócesis de Getafe ha querido afirmar con hechos que el sacerdote sigue siendo padre, pastor y testigo incluso en la fragilidad de los últimos años, y que merece vivir esa etapa acompañado, respetado y sostenido en su vocación.

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