(LSN/InfoCatólica) El obispo auxiliar de 's-Hertogenbosch, Robert Mutsaerts, ha advertido a los obispos alemanes de que el Camino Sinodal está repitiendo los mismos errores que provocaron el derrumbe de la práctica religiosa en los Países Bajos tras el Concilio Vaticano II. En una entrevista con LifeSiteNews, Mutsaerts ha trazado un paralelismo directo entre las reformas heterodoxas impulsadas en su país en los años sesenta y el proceso sinodal alemán, cuyas consecuencias, asegura, serán «desastrosas».
De la nación más católica al dos por ciento
Mutsaerts, que creció en Tilburg a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, recordó que en la diócesis de 's-Hertogenbosch el 97 por ciento de los habitantes se declaraban católicos y de ellos el 96 por ciento asistía a misa cada domingo. Sin embargo, tras el Concilio, el país pasó de ser, en sus palabras, «el alumno más obediente de la clase al más rebelde, que quería reformar la Iglesia universal».
En 1966, los obispos neerlandeses publicaron el denominado Catecismo neerlandés, con formulaciones doctrinalmente ambiguas sobre el pecado original, la divinidad de Cristo y la soteriología. El Vaticano lo examinó y ordenó correcciones, pero la versión original siguió circulando en varios idiomas. El cardenal Jan Alfrink, arzobispo de Utrecht, reclamó abiertamente la abolición del celibato sacerdotal obligatorio y promovió otras reformas que presentaba como consecuencia del Concilio. Como asesor personal contó con el teólogo belga Edward Schillebeeckx, figura de referencia del sector progresista.
Entre 1968 y 1970 se celebró en Noordwijkerhout el Concilio Pastoral de la Provincia Eclesiástica Neerlandesa, con el que se pretendió institucionalizar aquellas ideas reformistas. El Papa Pablo VI citó a Alfrink en Roma y acabó pidiéndole la renuncia.
Un desplome sin precedentes
Las consecuencias para la fe fueron, según Mutsaerts, catastróficas. «La tasa de confesiones bajó del 90 a menos del diez por ciento en uno o dos años», afirmó. Hoy, según sus datos, apenas un dos por ciento de los católicos neerlandeses asiste a la misa dominical. El obispo describió también una situación litúrgica degradada, con innovaciones generalizadas, la retirada de las barandillas del altar y la extensión de la misa versus populum en detrimento de la celebración ad orientem.
«Queríamos agradar tanto a la sociedad que perdimos nuestra identidad. Y ese fue el principal problema en los Países Bajos. No había ninguna diferencia entre las posiciones católicas y las de la sociedad», sentenció Mutsaerts.
No obstante, el Vaticano reaccionó. Los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI colocaron a hombres ortodoxos en puestos de responsabilidad, lo que ha dado como resultado un episcopado neerlandés hoy mayoritariamente fiel a la doctrina, del que forman parte el propio Mutsaerts y el cardenal Willem Eijk, ambos defensores públicos de la enseñanza católica sobre el matrimonio natural y la identidad sexual.
La advertencia a Alemania
«Es un poco similar a lo que está ocurriendo ahora en Alemania con este Camino Sinodal. Los mismos temas, las mismas posturas», subrayó Mutsaerts. «La gente empezó a relativizar la existencia de la verdad objetiva. Y eso es lo decisivo en toda esta historia».
El Camino Sinodal, iniciado en 2019, abordó cuestiones relativas al poder sacerdotal, la moral sexual, el celibato y el papel de la mujer. Su última asamblea se celebró en Stuttgart en enero. A pesar de las críticas, el Vaticano nunca exigió formalmente la interrupción del proceso.
Según la última estadística de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK), publicada en marzo de 2026, unas 307.000 personas abandonaron la Iglesia en 2025. El número total de miembros descendió a unos 19,2 millones, y solo 25 sacerdotes fueron ordenados ese año en todo el país.
Mutsaerts expresó incomprensión ante la postura de la mayoría de los obispos alemanes. «No entiendo a la mayoría de los obispos alemanes, porque antes del Papa Francisco nunca se oían esas declaraciones. Nunca se oía ese lenguaje. Y entonces llegó el Papa Francisco y las cosas empezaron a cambiar», afirmó. Solo unos pocos obispos habrían defendido públicamente la doctrina ordinaria, y quienes lo hicieron fueron tachados de «conservadores». «Es simplemente católico normal», insistió.
Preguntado sobre si el Vaticano debería pedir la dimisión a los obispos que promueven posiciones heterodoxas, respondió: «O se es católico o no. Se da buen ejemplo o no. Se es claro o no. Y si no, por favor, retírense».
Signos de esperanza entre los jóvenes
Pese a la dureza de su diagnóstico, Mutsaerts señaló motivos para el optimismo. «Espero que hayamos sido los primeros en iniciar una evolución desastrosa, pero quizá también los primeros en tocar fondo, de modo que pueda empezar la subida», declaró. En las iglesias neerlandesas se están incorporando jóvenes, muchos de ellos estudiantes de secundaria. «Son muy jóvenes, y por alguna razón la gran mayoría son chicos, hombres jóvenes», observó.
«Los números son pequeños, pero están ahí, hay un comienzo y un cambio. Hace unos años no lo veía venir», concluyó.







