(The Catolic Herald/InfoCatólica) Es probable que no sea más que una coincidencia temporal. A la par que se celebraba la ceremonia de instalación de Sarah Mullally como Arzobipesa de Canterbury, l Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado un nuevo documento en el que reconoce y describe formalmente las características del patrimonio anglicano tal como se vive en los Ordinariatos personales erigidos bajo la constitución apostólica Anglicanorum Coetibus.
El texto, titulado Characteristics of the Anglican Heritage as Lived in the Ordinariates Established Under the Apostolic Constitution Anglicanorum Coetibus, constituye una señal clara de respaldo romano a estas estructuras eclesiales instituidas por Benedicto XVI en 2009.
El documento, fechado el 24 de marzo, es fruto de la reunión plenaria de los obispos ordinarios de los tres Ordinariatos personales, celebrada en la sede del Dicasterio entre el 1 y el 3 de marzo de 2026. Durante ese encuentro, el Cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio, invitó a los obispos a articular de qué modo se vive concretamente el patrimonio anglicano dentro de la comunión católica. El 2 de marzo, el Papa León XIV recibió en audiencia al Obispo David Waller y a Steven Joseph Lopes, acompañados por el Cardenal Fernández.
Los Ordinariatos son estructuras jurisdiccionales de la Iglesia católica, equivalentes en rango a una diócesis pero de carácter personal, no territorial: agrupan a fieles no por su lugar de residencia, sino por su origen o tradición espiritual.
Fueron creados por Benedicto XVI mediante la constitución apostólica Anglicanorum Coetibus, promulgada el 4 de noviembre de 2009, para permitir que grupos de anglicanos ingresaran en plena comunión con Roma conservando elementos de su patrimonio litúrgico, espiritual y pastoral, especialmente después del caos desatado con las ordenaciones de mujeres. En algunos países los obispos católicos los han tratado con algo de desdén, pero la realidad es que Inglaterra, un tercio de todos los sacerdotes católicos ordenados en Inglaterra eran sacerdotes anglicanos conversos.
En la actualidad existen tres: el Ordinariato de Nuestra Señora de Walsingham, para Inglaterra y Gales; el Ordinariato de la Cátedra de San Pedro, para Estados Unidos y Canadá; y el Ordinariato de Nuestra Señora de la Cruz del Sur, para Australia. Su antecedente inmediato fue la Pastoral Provision aprobada por Juan Pablo II en 1980, que ya permitía la recepción de clérigos y comunidades anglicanas en casos individuales, aunque sin dotarlas de una estructura canónica propia y estable.
Unidad en la diversidad: los Ordinariatos como caso de inculturación
El documento resultante no es un tratado teórico, sino una síntesis de la experiencia vivida por las comunidades del Ordinariato. Según recoge el texto, «a pesar de las vastas distancias geográficas que abarcan sus Ordinariatos, desde Inverness hasta Devon, desde Edmonton hasta Orlando, desde Perth hasta Sídney y Guam, existe una identidad compartida evidente entre las comunidades del Ordinariato dondequiera que se encuentren».
Esa identidad, prosigue el documento, está enraizada en «un camino común de seguimiento de Cristo que les ha conducido a la plena comunión con la Iglesia católica». El texto califica expresamente este patrimonio como «un don precioso [...] y un tesoro para compartir», en línea con lo establecido por la constitución Anglicanorum Coetibus.
El enfoque eclesiológico resulta especialmente significativo. El documento cita la homilía que el Cardenal Fernández pronunció en la ordenación episcopal del Obispo Waller en la Catedral de Westminster el 22 de junio de 2024, en la que afirmó que «la existencia del Ordinariato refleja una realidad profunda y hermosa sobre la naturaleza de la Iglesia y la inculturación del Evangelio, como una rica herencia inglesa». Y añade: «La Iglesia es una, y el Evangelio es uno, pero en el proceso de inculturación, el Evangelio se expresa en una variedad de culturas. De este modo, la Iglesia adquiere un nuevo rostro». Los Ordinariatos se presentan así no como una mera provisión pastoral para antiguos anglicanos, sino como un caso concreto de cómo unidad y diversidad coexisten dentro del catolicismo.
Siete rasgos del patrimonio anglicano
Los obispos identificaron siete características que definen la herencia espiritual y pastoral de los Ordinariatos.
La primera es un «ethos eclesial» distintivo, marcado por la amplia participación de clérigos y laicos en la vida y el gobierno de la Iglesia, con un sentido vivo de la tradición que busca la fidelidad a lo recibido sin renunciar al desarrollo orgánico.
La segunda es la evangelización a través de la belleza. El documento subraya que la belleza «no se valora como un fin en sí misma, sino en cuanto tiene el poder de conducirnos a Dios», y posee por tanto «un poder evangelizador inherente». Culto, música sacra y arte se entienden como expresiones de adoración e instrumentos de misión.
El tercer rasgo es la atención directa a los pobres, vinculada a una teología encarnacional. El texto recuerda que en los Ordinariatos «la belleza en el culto y la santidad de vida se llevan a las realidades concretas del barrio», y evoca la figura de San John Henry Newman, cuyo funeral congregó a multitudes no solo por su erudición, sino porque «era el sacerdote que les servía en su necesidad».
Se identifica también una cultura pastoral de ritmo «casi monástico», articulada en torno al rezo comunitario del Oficio Divino como «oración de todo el Pueblo de Dios», que configura un modo propio de formar y sostener las comunidades parroquiales.
La familia, la predicación y el acompañamiento espiritual
La familia ocupa un lugar destacado en el documento. Los obispos subrayan el papel del hogar como «iglesia doméstica» y de los padres como primeros educadores en la fe, en conexión con el santuario de Walsingham, llamado «la Nazaret de Inglaterra», que sitúa a los Ordinariatos dentro de una geografía espiritual específicamente inglesa con resonancia universal.
El sexto rasgo es una tradición de predicación arraigada en la Escritura y nutrida por los Padres de la Iglesia. El documento afirma que «alimentar intelectualmente a las personas es parte integral de alimentar sus almas» (cf. Mt 4,4), y presenta la proclamación de la Palabra y la celebración litúrgica como «dos dimensiones del mismo encuentro».
Por último, los obispos destacan la importancia de la dirección espiritual y el sacramento de la penitencia, con un enfoque que prioriza «dar a cada persona tiempo y acompañarla en su encuentro con Cristo, el Buen Pastor».
Un patrimonio vivo orientado al futuro
El documento concluye situando todos estos elementos bajo el misterio de la Encarnación como fuente unificadora: «La dignidad de cada persona, el papel de la belleza, la riqueza de la expresión litúrgica, la preocupación por los pobres y la reverencia por la iglesia doméstica fluyen de esta misma fuente». Y subraya que este patrimonio «es una realidad viva, que mira al futuro en la transmisión de la fe a las generaciones venideras».
En declaraciones al Catholic Herald, el Obispo Waller señaló que el documento «es iniciativa del Cardenal Víctor Manuel Fernández y una indicación clara de la comprensión y el compromiso de la Santa Sede con el testimonio continuo de los Ordinariatos como Iglesias particulares dentro de la Iglesia católica».







