(LSN/InfoCatólica) El estado de Maine ha dado luz verde a una iniciativa ciudadana que será sometida a votación en noviembre y que busca prohibir que varones con confusión de género participen en equipos deportivos femeninos y ocupen espacios privados reservados a las niñas en las escuelas.
La secretaria de Estado de Maine, Shenna Bellows, del Partido Demócrata, anunció esta semana que el grupo de base Protect Girls Sports in Maine reunió un número suficiente de firmas para que la propuesta figure en la papeleta estatal de este año. Según la información difundida, más de 80.000 ciudadanos de Maine firmaron la petición.
En la argumentación pública de la campaña aparece con claridad el motivo de la iniciativa. En su página web, el grupo afirma: «La verdad es que actualmente hay varones en deportes femeninos, llevándose trofeos femeninos e invadiendo espacios seguros de las mujeres, como vestuarios y baños. Esto no es un concepto lejano; está ocurriendo aquí mismo, en Maine».
El mismo grupo añade: «Padres preocupados han llevado estos asuntos a sus consejos escolares, pero la Asociación de Directores de Maine y la Legislatura estatal no han actuado. Ha llegado la hora de que nosotros, como ciudadanos de este gran estado, decidamos por nosotros mismos qué queremos para nuestros hijos».
Leyland Streiff, dirigente de Protect Girls Sports in Maine, celebró el avance de la campaña y afirmó que los ciudadanos del estado «podrán hacer lo que la MPA y la Legislatura estatal no han querido hacer». De esta manera, el portavoz subrayó que la iniciativa nace como respuesta directa a la inacción de las estructuras oficiales ante una cuestión que afecta a la seguridad, la justicia y la integridad del deporte femenino.
Streiff explicó además: «Y podrán hacerlo mediante el proceso más democrático posible: una mayoría simple designará por sexo los deportes competitivos y las instalaciones privadas en nuestras escuelas. Esto es inclusivo, justo y seguro: todo el mundo puede practicar deporte; no se prohíbe a una sola persona». Con esa formulación, los impulsores de la propuesta sostienen que no se trata de excluir a nadie del deporte, sino de impedir que la ideología borre la realidad sexual y prive a las niñas de ámbitos propios.
Según Streiff, los dirigentes de Maine están «desconectados de lo que quieren los votantes», y presentó la propuesta de su organización como una solución «de sentido común» ante el reciente aumento de casos de varones que se identifican como transgénero y buscan competir en deportes femeninos escolares.
El promotor de la iniciativa fue todavía más claro al afirmar: «Maine es demasiado progresista como para permitir que continúe la discriminación basada en el sexo. Si una mujer quiere un espacio o una oportunidad solo para mujeres, la ley debe garantizárselo. Cualquier otra cosa es discriminación y, francamente, regresiva». La afirmación concentra el núcleo del debate: si la ley protegerá a las niñas por razón de su sexo o si seguirá sometiéndolas a una ingeniería ideológica que desdibuja la verdad biológica.
La petición sostiene que el estado debe asegurar que tanto la participación deportiva como las instalaciones privadas en las escuelas queden determinadas por el sexo, y no por la llamada «identidad de género». En consecuencia, únicamente los estudiantes identificados como mujeres al nacer podrían usar los vestuarios, duchas y baños de niñas.
La medida cuenta ya con el respaldo del Partido Republicano de Maine, de la senadora federal Susan Collins y del exgobernador Paul LePage. Ese apoyo político refuerza una campaña que aspira a convertir en ley una protección explícita para las alumnas, tanto en el terreno de la competición deportiva como en el resguardo de su intimidad.
Si prospera en las urnas, la iniciativa obligaría además al estado a alinearse con las directrices de la Casa Blanca bajo el presidente Donald Trump. La noticia se enmarca, de hecho, en un enfrentamiento ya abierto entre Trump y la gobernadora liberal Janet Mills a propósito de la presencia de varones que se identifican como transgénero en el deporte escolar femenino del llamado Estado del Pino.
Así pues, la batalla en Maine no se limita a una cuestión reglamentaria, sino que toca un punto decisivo de la vida pública: si se reconocerá jurídicamente la realidad del sexo y el derecho de las niñas a competir y resguardarse en espacios propios, o si seguirá imponiéndose una ideología que borra las diferencias naturales y sacrifica la justicia en nombre de una falsa inclusión.







