Un solo misal, dos ordinarios: la fórmula que propone al Papa el abad de Solesmes para la paz litúrgica
Dom Geoffroy Kemlin, abad de Solesmes, 2023 | Screenshot YT

Dom Kemlin pide que cada sensibilidad «dé un paso hacia la otra»

Un solo misal, dos ordinarios: la fórmula que propone al Papa el abad de Solesmes para la paz litúrgica

El abad de Solesmes ha escrito al Papa León XIV para proponerle una solución inédita a la guerra litúrgica: insertar el antiguo ordinario de la misa en el Misal Romano actual, de modo que ambas formas convivan en un solo libro.

(RFC/InfoCatólica) El abad de Solesmes, Dom Geoffroy Kemlin, ha enviado una carta al Papa León XIV en la que propone integrar el antiguo Ordo Missae en el Misal Romano actual como vía para poner fin a las divisiones litúrgicas que afectan a la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.

La iniciativa, nacida tras un encuentro personal con el Pontífice en Roma, busca que ambas formas del rito latino convivan dentro de un único misal, evitando así la coexistencia de libros litúrgicos separados que, a juicio del abad, alimenta la fractura entre fieles.

Un encuentro en Roma como detonante

La carta, fechada el 12 de noviembre de 2025, fue escrita pocos días después de que Dom Kemlin concelebrara con el Papa León XIV en la abadía de Sant'Anselmo, sede de los benedictinos en Roma, con motivo del 125 aniversario de la dedicación de su iglesia. Al ser presentado como abad de Solesmes, el Pontífice exclamó: «¡Ah! ¡Solesmes!», mostrando que conocía la abadía. Ese gesto animó al monje a dirigirse al Papa con una reflexión que, según sus palabras, le «tenía en el corazón desde hacía mucho tiempo».

Dom Kemlin preside la Congregación benedictina de Solesmes, que agrupa monasterios que celebran según ambas formas del rito romano: la abadía de Fontgombault y sus fundaciones mantienen el misal antiguo, mientras que Solesmes adoptó la reforma conciliar conservando el latín y el canto gregoriano. «He vivido esta cuestión de manera muy personal, muy íntima», confesó el abad en una entrevista concedida a RCF. «Cuando veo divisiones sobre este tema, sufro. La liturgia está hecha para hacer crecer la unidad en la Iglesia, no para dividirnos».

La propuesta: un solo misal con dos Ordinarios

La solución que plantea Dom Kemlin consiste en insertar el Vetus Ordo (el ordinario de la misa anterior al Concilio Vaticano II) en el Missale Romanum vigente, dejando intacto el Novus Ordo de Pablo VI. De este modo, ambos ordinarios formarían parte de un único misal romano, con un calendario litúrgico unificado. El sacerdote podría optar por elementos del rito antiguo (como las oraciones al pie del altar o el antiguo ofertorio) sin abandonar el marco del misal actual.

El abad subraya que la propuesta es «inclusiva» y que exigiría concesiones de ambas partes. El antiguo rito también se vería enriquecido: se abriría a la lengua vernácula para quienes lo deseasen, a la concelebración, a las nuevas plegarias eucarísticas y, sobre todo, al leccionario conciliar, «mucho más rico que el antiguo», con lo que habría «un verdadero aporte bíblico para los fieles».

Dom Kemlin descarta expresamente la vía de retocar el misal de Pablo VI para aproximarlo al antiguo, porque «descontentaría a todos» y crearía el riesgo de acabar «no con dos, sino con tres misales».

Raíces espirituales, no ideológicas

Uno de los puntos centrales de la carta es el reconocimiento de que la mayoría de los fieles apegados al rito antiguo no actúan por motivaciones ideológicas, sino porque «viven en él una experiencia espiritual fuerte y auténtica que no logran vivir con el nuevo misal». El abad invita a interpretar este hecho «como un signo del Espíritu» y a abordarlo «con lucidez».

Dom Kemlin va más allá al afirmar que los dos ordinarios «presentan notables diferencias de "unción" litúrgica, de maneras de entrar en la oración, y sustentan antropologías diferentes». Esta constatación, lejos de debilitar su propuesta, la fundamenta: precisamente porque la divergencia es profunda, no basta con retocar uno de los ritos, sino que es necesario acoger ambos dentro de un marco común.

Entre la herencia de Solesmes y el legado de Benedicto XVI

El abad inscribe su iniciativa en la estela de Dom Guéranger, restaurador de la vida benedictina en Solesmes en el siglo XIX y artífice del retorno de las diócesis francesas al rito romano. «Siguiendo sus pasos he escrito al Santo Padre», explica.

Respecto al motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI (2007), Dom Kemlin señala una diferencia esencial: aquel documento permitía el uso del misal antiguo junto al nuevo, lo que «no reducía las diferencias». Su propuesta, en cambio, integraría ambos ordinarios en un solo libro litúrgico. Y sobre Traditionis custodes, promulgado por el Papa Francisco en 2021 para restringir el uso del rito anterior, el abad sostiene que su iniciativa no lo contradice, puesto que Francisco buscaba precisamente acabar con las divisiones.

¿Un modelo monástico exportable a toda la Iglesia?

Dom Kemlin reconoce que la coexistencia pacífica ya es una realidad en su congregación: cuando los abades de Fontgombault o de Triors visitan Solesmes, celebran según el misel conciliar, y él hace lo propio con el rito antiguo cuando acude a esos monasterios. «Esta unidad existe ya en germen en nuestra congregación. Tenemos que compartir esta gracia para que se convierta en una gracia de toda la Iglesia», afirma.

No obstante, algunos observadores señalan que la propia carta admite diferencias «antropológicas» entre ambas formas, lo que plantea la pregunta de si una unidad fundada en la coexistencia de dos ordinarios con presupuestos distintos puede ser realmente estable, o si podría hacer más visible la fractura que pretende superar.

La carta concluye con un tono de humildad: el abad pide perdón por «la osadía» de su iniciativa y reafirma la fidelidad de Solesmes al Santo Padre. «No se trata de imponer una solución, sino de proponer una pista de reflexión para contribuir a sanar las divisiones litúrgicas que hieren a nuestra Madre la santa Iglesia».

Carta

PAX ABADÍA DE SAN PEDRO DE SOLESMES

F-72300 Solesmes, tel. 02 43 95 03 08

12 de noviembre de 2025

Santísimo Padre,

En mi calidad de abad de Solesmes y presidente de la Congregación Benedictina de Solesmes, me permito escribirle para compartir respetuosamente algunas reflexiones con el fin de poner fin a la querella litúrgica que perturba a los fieles en Francia, pero también en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y otros lugares.

Dom Guéranger, el restaurador de Solesmes en el siglo XIX, fue uno de los principales artífices del retorno de las diócesis de Francia a la liturgia romana. A través de su obra de restauración de la vida monástica, pero también de sus diversos escritos, dio en cierto modo origen al movimiento litúrgico, que condujo a la constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II y a la reforma litúrgica que le siguió. Esta fue, por tanto, acogida con gratitud en Solesmes. Allí se puso en práctica sin vacilar, y no obstante con el cuidado de permanecer arraigados en la tradición, en particular conservando el uso del latín y del canto gregoriano.

Otros monasterios de nuestra Congregación, en particular la abadía de Fontgombault y sus sucesivas fundaciones, optaron por retomar el uso del antiguo misal, con algunas adaptaciones. Esta diferencia de orientación fue en un principio fuente de tensiones dentro de nuestra Congregación. Sin embargo, poco a poco hemos aprendido a respetar, e incluso a apreciar, las diversas opciones de unos y otros.

Con el fin de conocernos más y comprendernos mejor, hemos constituido en el seno de la Congregación una «Comisión de unidad litúrgica», que se reúne cada dos meses. Hemos decidido ampliar nuestro próximo encuentro invitando a representantes de la tradición agustiniana. […]

Santísimo Padre, a menudo se dice que las personas apegadas al rito antiguo instrumentalizan la misa y la utilizan como estandarte identitario. Si, de hecho, existen tales comportamientos, están lejos de ser mayoritarios. Como ferviente defensor del rito de Pablo VI, no puedo sino dar testimonio de que la mayoría de las personas apegadas al rito antiguo lo están porque viven en él una experiencia espiritual fuerte y auténtica, que no logran vivir con el nuevo misal. Creo que ha llegado el momento, para poder trabajar por un verdadero retorno a la unidad, de constatar esto con lucidez e interpretarlo como un signo del Espíritu. Es, creo, solo en el Ordo Missae del Misal de Pablo VI donde las personas apegadas al rito antiguo no se reconocen.

Es, en efecto, indiscutible que los dos Ordos (el de San Pablo VI y el de San Pío V) presentan diferencias notables en cuanto a la «unción» litúrgica, a las formas de entrar en la oración, y entrañan antropologías diferentes. Por eso no creo que logremos que las personas apegadas al Vetus se adhieran libremente al Novus Ordo. «Retocar» de una u otra manera el Misal de Pablo VI me parece, por tanto, inevitable para recuperar el camino de la unidad.

Una solución, defendida por algunos, consistiría en retocar el Ordo Missae del misal de Pablo VI, para hacerlo más similar al antiguo Ordo Missae. No creo que esa sea una buena solución. De hecho, eso descontentaría a todo el mundo y no haría más que crear nuevas divisiones, con el riesgo de tener no dos, sino tres misales.

Por eso me gustaría sugerirle respetuosamente otra solución que, en mi opinión, podría lograr la paz litúrgica que tanto deseamos.

Consistiría simplemente en insertar en el Missale Romanum el antiguo Ordo Missae (en su caso retocado a minima para hacerlo conforme al Concilio Vaticano II, en particular abriéndolo, para quienes lo deseen, al uso de la lengua vernácula, a la concelebración y a las cuatro plegarias eucarísticas), dejando al mismo tiempo el nuevo Ordo Missae sin cambios. Los dos Ordos Missae formarían así parte del único Misal Romano. En lugar de dividir y rechazar, esta solución permitiría incluir y acoger a los fieles apegados al antiguo Misal, sin por ello ofender o alejar a quienes están apegados al nuevo Ordo.

Esto permitiría restablecer la unidad litúrgica, ya que toda la Iglesia latina utilizaría el único Missale Romanum, con un único calendario. Estoy convencido de que los fieles apegados al Vetus Ordo estarían satisfechos con tal solución y se beneficiarían de todas las aportaciones indiscutibles de la reforma litúrgica (nuevos prefacios y plegarias eucarísticas, oraciones revisadas, santoral, ciclo de lecturas, etc.); del mismo modo, los fieles apegados a la reforma litúrgica no verían ningún cambio para ellos.

Le ruego perdone la osadía de escribirle así para hacerle estas sugerencias. La abadía de Solesmes ha estado siempre al servicio de la Santa Sede y del Papa. Desde Dom Guéranger, siempre ha estado comprometida al servicio de la liturgia y de la unidad de la Iglesia. Quisiera simplemente reiterarle nuestra disponibilidad para contribuir a sanar las divisiones litúrgicas que hieren a nuestra Madre la santa Iglesia.

Poniendo esta sugerencia en sus manos, le aseguro, Santísimo Padre, mi entera entrega y mi oración cotidiana, así como la de toda la Congregación de Solesmes, por su ministerio al servicio de la Iglesia universal.

Fr Geoffroy Kemlin

Traducción del original francés

3 comentarios

Ermitaño
¿Mezclar el trigo con la cizaña? Bueno, la parábola dice que finalmente la cizaña será arrojada al fuego.
20/03/26 7:59 PM
Francisco Javier
Traditionis custodes ha sido supuestamente acabar con la división pegando un humillante portazo a los que amamos la misa de siempre. Ha sido pues mas división. Las arremetidas del papa anterior contra los "rigidos" no ha hecho a nadie volverse progrecatolico. El problema con la fe lo tiene el de la fe tibia no el que la tiene firme.
20/03/26 8:09 PM
Jordi
Grande, excelente... pero dirán que el último misal que conserva toda la Tradición Orgánica del Vetus Ordo es el Misal de 1884, mantiene toda la tradición Gregoriana de 1.300 años con el bendicional, breviario, santoral, salmos y Semana Santa, necesitando sólo retoques.

La Misa de 1962 ya recoge la artificialidad del breviario de 1911, la Semana Santa de 1955 y el mismo misal de 1962, aún siendo Vetus Ordo pero ya no es orgánico sino racionalizado por peritos liturgistas. Eso objetarán.

Además está el problema de elegir Vetus o Novus Ordo: ¿Quién lo hace?

Tenemos la Iglesia separada entre tradicionalistas con Vetus Ordo (¿1884, 1920, 1955, 1962?) y Novus Ordo 2008: sinodalismo alemán y progresismo lo ven superado, francisquismo acepta la comunión y absolución de adultos por Amoris laetitia y bendición de toda pareja irregular que viola todo el sexto mandamiento por Fiducia supliccans.

La Iglesia tiene una profunda división en Fé, moral, liturgia y eclesiología tan enorme que ya no lo soluciona unir en un misal el Vetus y Novus Ordo.

Y la solución más fácil, que no se ha hecho durante 1 año de León XIV, es derogar Traditionis custodes y aplicar Summorum pontíficum.

El problema es doctrinal: el sinodalismo alemán creará el Consejo Sinodal, centro soberano de planificación doctrinal‑pastoral de la Iglesia en Alemania, reduciendo a León XIV como Papa simbólico-honorífico. Se superó el conflicto litúrgico y hoy ya es además de F
20/03/26 8:24 PM

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