Camboya cierra la investigación diocesana de sus primeros mártires y envía a Roma la causa de doce cristianos asesinados por los Jemeres Rojos

Misas clandestinas, cruces escondidas y fe hasta la muerte

Camboya cierra la investigación diocesana de sus primeros mártires y envía a Roma la causa de doce cristianos asesinados por los Jemeres Rojos

La Iglesia en Camboya ha clausurado diez años de investigación diocesana sobre doce cristianos asesinados por los Jemeres Rojos. La causa, encabezada por el primer obispo camboyano, viaja ahora a Roma. Podrían ser los primeros beatos del país.

(AsiaNews/InfoCatólica) La Iglesia en Camboya ha dado un paso histórico con la clausura de la fase diocesana del proceso de beatificación del Obispo Joseph Chhmar Salas y once compañeros, asesinados por el régimen de Pol Pot entre 1970 y 1977. Es la primera causa canónica instruida por esta pequeña comunidad eclesial, que renació en la década de 1990 tras el genocidio que exterminó entre 1,5 y 2 millones de personas, aproximadamente una cuarta parte de la población del país.

La documentación reunida durante diez años de trabajo será remitida al Dicasterio para las Causas de los Santos, en Roma. Si el martirio in odium fidei es reconocido, los doce candidatos se convertirán en los primeros beatos de la Iglesia camboyana.

Diez años de testimonios

Según informa AsiaNews, la ceremonia de clausura del tribunal diocesano se celebró en la sede del Vicariato Apostólico de Phnom Penh, presidida por el vicario apostólico, Mons. Olivier Schmitthaeusler, de las Misiones Extranjeras de París (MEP). Le acompañó el Obispo coadjutor Mons. Pierre Suon Hangly, segundo obispo en la historia de la comunidad católica camboyana, que continúa así el legado de Mons. Chhmar Salas. Al acto asistieron medio centenar de sacerdotes de las tres circunscripciones eclesiásticas del país (Phnom Penh, Kompong Cham y Battambang) y cerca de 200 religiosos y laicos.

En su discurso, Mons. Schmitthaeusler recordó que la causa se abrió en mayo de 2015. «En estos diez años se ha entrevistado a decenas de testigos que vivieron la época de Pol Pot y conocieron personalmente a estas personas», señaló el vicario apostólico. Inicialmente se examinaron unas cuarenta personas, pero la investigación permitió concentrarse en doce. «Como todavía no hay un reconocimiento oficial, estos hermanos que se presume murieron in odium fidei todavía no pueden ser invocados públicamente, pero es posible hacerlo individualmente en la oración personal», añadió.

Doce testigos de la fe

El grupo de candidatos está encabezado por Mons. Joseph Chhmar Salas, primer obispo camboyano, nombrado vicario apostólico de Phnom Penh en 1975, poco antes de la entrada de los Jemeres Rojos en la capital. Junto a él figuran los sacerdotes camboyanos P. Joseph Chhmar Salem (su hermano) y P. Marcel Truong Sang Samronh; el misionero de las MEP P. Pierre Rapin; el monje benedictino Charles Badré; el P. Damien Dang Ngoc An, de la orden vietnamita de la Sagrada Familia de Banam; las religiosas Hna. Jacquelin Kim Song y Hna. Lydie Nou Savan, de las Hermanas de la Providencia de Portieux; y cuatro laicos: Joseph Som Kinsan, Pierre Chhum Somchay, Joseph Thong y Joseph Ros En.

Un obispo que celebraba Misa a escondidas

La historia de Mons. Chhmar Salas ilustra la magnitud de la persecución. Tenía 37 años y estudiaba en Francia cuando, en la primavera de 1975, recibió una carta del entonces vicario apostólico, el misionero francés Mons. Yves Ramousse, que le instaba a regresar de inmediato: sabía que los Jemeres Rojos expulsarían a todos los extranjeros y la Iglesia necesitaba un obispo camboyano. Fue ordenado tres días antes de la caída de Phnom Penh y enviado a la aldea de Tangkok, en la provincia de Kompong Cham.

Allí logró permanecer durante un tiempo con algunos cristianos y familiares, entre ellos su hermana Pracot, que sobrevivió al genocidio y se convirtió en testigo clave del proceso. Según su relato, Mons. Salas celebraba Misas clandestinas en la choza de paja que les habían asignado, usando su cama como altar, mientras fuera algunos fieles fingían trabajar en el arrozal y daban la alarma con señales en código si se acercaban los Jemeres Rojos. Posteriormente se ofreció como voluntario para trabajos forzados con la esperanza de alcanzar a los cristianos dispersos por el país. Debilitado por las privaciones y la enfermedad, murió en 1977 en una pagoda reconvertida en hospital. Su cruz pectoral, escondida por su madre en un gallinero, fue entregada en 2001 al entonces vicario apostólico, Mons. Emile Detombes, y es hoy una reliquia venerada por la comunidad.

«Perdónenlos, no les hagan ningún daño»

Tres años antes de la caída de la capital, en 1972, había sido asesinado en la aldea cristiana de Kdol Leu el P. Pierre Rapin, misionero francés originario de la Vendée. Desde 1970 los Jemeres Rojos controlaban su zona, y él era consciente del riesgo. Sin embargo, escribió a un amigo sacerdote: «Los cristianos me han pedido que me quede, que se haga la voluntad de Dios». La noche del 23 al 24 de febrero de 1972, un artefacto explosivo colocado contra la pared de su casa lo hirió. Aunque las heridas no parecían mortales, los Jemeres Rojos se lo llevaron a su hospital y al día siguiente devolvieron su cadáver a los aldeanos. Estando herido, el P. Rapin dijo a uno de los fieles que lo asistían: «Si capturan a los que quisieron matarme, perdónenlos, no les hagan ningún daño. No sirve de nada vengarse. Tengan fe en Dios».

Las historias de los laicos

Las vidas de los cuatro laicos candidatos son más difíciles de reconstruir, pero no menos elocuentes. El P. Vincent Chrétienne, misionero de las MEP y presidente de la Comisión Histórica de la causa, explicó que Joseph Ros En era profesor en la Universidad de Phnom Penh y fue asesinado tras ser denunciado precisamente por ser profesor y cristiano. «Él lo confirmó durante los interrogatorios: "Es verdad, lo soy", dijo. Por eso estamos prácticamente seguros de que fue asesinado in odium fidei», señaló el P. Chrétienne.

Joseph Thong era catequista. Joseph Som Kinsan, militar, fue arrestado inmediatamente después del 17 de abril de 1975, el día en que los Jemeres Rojos entraron en Phnom Penh. Especialmente significativa es la figura de Pierre Chhum Somchay, padre de doce hijos, todos asesinados durante las masacres. Bajo el régimen comunista conservó un pequeño cuaderno con una oración escrita para cada uno de ellos. En 1977 fue también ejecutado, al descubrir los Jemeres Rojos que era cristiano.

 

1 comentario

Francisco Javier
Otros martires del comunismo, mas razones para condenar esa ideología, recalcar su incompatibilidad con el cristianismo y que es imposible un diálogo con esa ideología criminal.
18/03/26 6:29 PM

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