(InfoCatólica) Actualmente, existen 23 Iglesias Católicas Orientales, que reconocen el primado del Papa, están en plena comunión con él y son parte integrante de la Iglesia Católica. Tienen sus propios ritos de tradición oriental y una gran autonomía, regulada por su propio código de derecho canónico.
Estas Iglesias Orientales católicas, en principio, existen en las zonas del mundo donde surgieron y en las que se transmitieron sus tradiciones particulares. Con el tiempo, sin embargo, por efecto de los cambios políticos y los flujos migratorios, han ido creándose núcleos de fieles de las Iglesias Orientales fuera de su territorio originario.
La Iglesia generalmente promueve que estos fieles conserven su modo propio de organización eclesiástica y su rito litúrgico y nombra sacerdotes e incluso obispos de rito oriental que los pastoreen, creando diócesis o eparquías especiales para ellos. Además, así se consigue que los fieles de rito latino podamos conocer la maravilla que son los ritos orientales.
Esta situación en cierto modo atípica de los católicos orientales en Occidente, sin embargo, plantea una cuestión importante: ¿la idea es mantener perpetuamente en Occidente grupos de fieles de tradición oriental con sus peculiaridades o que poco a poco se integren en la Iglesia Latina y sus ritos? La respuesta no es sencilla.
En principio, nada impide que esa presencia sea permanente. Ha habido enclaves de liturgia oriental en Occidente durante siglos (como el monasterio de San Lázaro de los Armenios en Venecia desde el siglo XVIII o la abadía basiliana de Grotaferratta en Sicilia desde el siglo VI). También sucede a la inversa, con jurisdicciones de rito latino en Oriente, como el patriarcado latino de Jerusalén.
La realidad demográfica, sin embargo, a veces se impone. El caso de la Iglesia Grecocatólica Rutena, también conocida como Iglesia Católica Bizantina resulta interesante a este respecto. Se trata de una Iglesia Católica Oriental autónoma en comunión con Roma desde el siglo XVI. Históricamente, Rutenia estuvo bajo la protección del rey de Polonia-Lituania, hasta que, con la disolución de su reino, los territorios orientales quedaron bajo la jurisdicción del Imperio ruso y se convirtieron en la Iglesia Grecocatólica Ucraniana. En cambio, los territorios occidentales entraron a formar parte del Imperio Austrohúngaro y en ellos, con cierta dificultad, se mantuvo la Iglesia Grecocatólica Rutena.
La gran inmigración del siglo XIX y primera mitad del XX dio lugar a florecientes comunidades católicas rutenas en Estados Unidos, en concreto en Pensilvania y Ohio. A mediados de la década de los noventa, la Iglesia Católica Rutena en Estados Unidos tenía entre 190.000 y 200.000 fieles, que llenaban sus iglesias.
Como informa D.P. Curtin en Crisis Magazine, sin embargo, en los últimos treinta años esta situación ha cambiado por completo. La Iglesia Grecocatólica Rutena en los Estados Unidos ha perdido más de dos tercios de sus fieles, que actualmente son unos 55.000 en todo el país. A pesar de que las parroquias han disminuido a la mitad, la asistencia dominical a misa en muchas de ellas se ha reducido a un puñado de feligreses muy ancianos que fueron criados en la fe por sus padres inmigrantes. Aparentemente, no han sido capaces de transmitir la herencia rutena a sus hijos, que o bien se han integrado en parroquias de rito latino o se han alejado por completo de la Iglesia.
Algo similar ha sucedido con el clero ruteno. Si en los años sesenta había más de 300 sacerdotes rutenos en Norteamérica, en la actualidad son unos 100, muchos de ellos ya jubilados. Los intentos de importar sacerdotes rutenos de la República Checa o de Ucrania no suelen tener éxito, porque su cultura es muy distinta ya de la de los rutenos norteamericanos.
Como indica Curtin en su artículo, titulado «El triste colapso de la Iglesia Católica Bizantina», la otrora floreciente Iglesia rutena en Norteamérica «ahora existe como una reliquia de otro tiempo y lugar: fiel, litúrgicamente rica, pero cada vez más frágil». Es posible que se produzca un resurgir del rito ruteno, pero humanamente no parece probable.
Por supuesto, no tiene por qué suceder lo mismo con otros enclaves orientales en Europa o América, pero la experiencia rutena podría ser «emblemática de un fenómeno más amplio en el catolicismo estadounidense, donde la identidad, la asimilación y la secularización convergen para debilitar comunidades fundadas para ser instituciones permanentes». En efecto, «las cúpulas doradas en forma de cebolla aún se alzan en algunas ciudades estadounidenses y la Divina Liturgia todavía se celebra, pero la historia que cuentan las estadísticas es desalentadora».







