(InfoCatólica) El Cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago de Chile, ha publicado una carta pastoral titulada Crisis y misión en la que presenta un diagnóstico estadístico implacable sobre el retroceso de la fe católica en el país y llama a los fieles a asumir con urgencia una identidad «verdaderamente misionera». La carta, fechada el 14 de marzo de 2026, se apoya en la Encuesta Bicentenario de la Pontificia Universidad Católica de Chile (2025), cuyos datos el cardenal califica como «muy desalentadores».
Veinte años de desafección: de un 70 % a un 44 %
El horizonte estadístico que traza el arzobispo de Santiago resulta difícil de minimizar. Según la encuesta citada, en el año 2006 el 70 % de los chilenos se declaraba católico; en 2025, esa cifra ha caído al 44 %. Si la tendencia se mantiene, para 2035 solo un 34 % de la población se identificará con la Iglesia. La creencia en Dios también ha retrocedido: del 90 % registrado hace dos décadas al 70 % actual.
La carta describe asimismo un deterioro en la vida sacramental ordinaria. La parroquia, advierte el cardenal, corre el riesgo de convertirse en «una mera dispensadora de servicios religiosos» a la que los fieles acuden únicamente ante situaciones de emergencia, mientras el sacerdote es percibido como «una especie de funcionario de lo sagrado». Las prácticas de piedad popular, bautizos, procesiones, el mes de María, han disminuido también de modo significativo.
El panorama vocacional agrava aún más la situación. Chile contaba en 2010 con 255 seminaristas diocesanos; hoy son 77. «Ya hay muchas parroquias sin párroco estable», señala el cardenal, y evoca el ejemplo de un sacerdote alemán: en los años sesenta había cinco sacerdotes por parroquia; hoy hay cinco parroquias por sacerdote.
Los jóvenes: la generación más alejada
La carta dedica especial atención a los jóvenes, que concentran el alejamiento más pronunciado. En 2006, el 12 % de la población no profesaba ninguna religión; en 2025, entre los jóvenes ese porcentaje ha alcanzado el 36 %. Más inquietante aún resulta el dato sobre la transmisión de la fe en el hogar: en 2013, el 19 % de los que se declaraban católicos no tenía mucho interés en transmitir la fe a sus hijos; en 2024, ese porcentaje había subido al 57 %.
El cardenal Chomali vincula este fenómeno con una epidemia de soledad y de vacío existencial que afecta a amplias franjas de la población joven. Según la encuesta de la SENDA Juventud y bienestar 2025, el 33 % de los jóvenes se siente un fracaso y el 44 % afirma no servir para nada. El 62 % declara haberse sentido solo en el último tiempo. «Jóvenes sin sueños, sin ideales y sin razones para vivir es el fracaso de la sociedad», escribe el arzobispo.
El individualismo y los abusos, factores estructurales
En el análisis de causas, la carta señala el auge de la autonomía individual y la subjetividad como valor absoluto como factores de fondo que dificultan la adhesión a cualquier institución comunitaria, incluida la Iglesia. La depreciación del matrimonio, la caída de la natalidad y la falta de vocaciones sacerdotales y religiosas son presentadas como síntomas de un mismo malestar cultural en el que los compromisos para toda la vida «perdieron sentido».
El cardenal también menciona con franqueza los escándalos de abusos cometidos en el seno de la Iglesia: un «capítulo traumático para todos» que ha intensificado la desafección y ha cuestionado «hondamente» la relevancia de la institución en la sociedad. La carta no elude la autocrítica: el Concilio Vaticano II, recuerda, señaló que entre las causas del ateísmo contemporáneo está el «testimonio negativo que damos los propios católicos».
Chomali pide alma misionera, no solo actividades
Ante este panorama, el arzobispo rechaza tanto la pasividad resignada («No creo que la ausencia de fe forme parte del plan de Dios») como el activismo sin sustancia. Su propuesta se articula en torno a lo que denomina el «alma misionera» de la Iglesia: una evangelización que no sea un programa añadido, sino parte constitutiva de la identidad cristiana.
El cardenal subraya la centralidad de Jesucristo como eje de cualquier renovación pastoral y advierte de que presentar el catolicismo como un mero código moral ha causado «un daño enorme a la Iglesia». Pide mayor hondura espiritual, celebración digna del domingo, presencia en las redes sociales y en los espacios de la vida cotidiana, así como una mayor implicación de los laicos y una cultura sinodal en la toma de decisiones.
Chomali evoca también el Consistorio celebrado en enero pasado, donde se reafirmó que «la evangelización constituye una urgencia primaria en medio de este cambio de época». Y apela a las palabras de Juan Pablo II: sin trabajar «con nuevo ardor, con nuevos métodos y con nuevas expresiones», la labor evangelizadora resultará «absolutamente irrelevante».
La carta concluye con una exhortación dirigida al conjunto de los fieles, sacerdotes, religiosos y laicos, invitando a contemplar en el 44 % de chilenos que aún se declara católico no un residuo, sino «un número significativo» de creyentes que pueden ser «verdaderos héroes» en el tejido social, y recordando que «Dios confía en nosotros».







