(The Catholic Herald/InfoCatólica) El argumento no convence a todos dentro de la Iglesia. El Obispo Marian Eleganti, obispo auxiliar emérito de Chur (Suiza), ha salido al paso de las tesis que cuestionan la validez de una posible excomunión vaticana contra la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) en caso de que procedan con sus consagraciones episcopales previstas para el próximo 1 de julio. En declaraciones exclusivas al Catholic Herald, Eleganti las calificó de «estratagema» y de una incomprensión de fondo sobre la naturaleza del cisma.
Su intervención responde directamente al Obispo Athanasius Schneider, quien sostuvo que dichas excomuniones no serían canónicamente válidas porque la Fraternidad no pretende separarse de Roma.
El argumento de Schneider: la intención como escudo canónico
Según recoge el Catholic Herald, Schneider realizó estas afirmaciones durante una reunión privada de la Cofradía de Nuestra Señora de Fátima. El obispo auxiliar de Astana argumentó que las intenciones de la FSSPX son determinantes a la hora de evaluar las consecuencias canónicas de las consagraciones del 1 de julio.
«No existe intención por parte de la dirección de la FSSPX de separarse de Roma», declaró Schneider, añadiendo que la ausencia de tal propósito pondría en entredicho la legitimidad de las sanciones más graves que la Iglesia pudiera imponer. «Por eso creo que, si se aplicara la excomunión, en cierta manera no sería válida, porque no existe intención de cometer un acto cismático por parte de la Sociedad de San Pío X, y no se puede castigar a alguien cuando no tiene esa intención, según el derecho canónico», sostuvo.
Durante el pontificado del Papa Francisco, Schneider ejerció como visitador oficial de la Santa Sede ante la FSSPX, función que le otorgó un conocimiento directo de la vida interna del movimiento. Recientemente ha apelado también al Papa León XIV para que considere aprobar las consagraciones planeadas por la Fraternidad, presentando ese paso como un posible puente hacia la reconciliación entre el Vaticano y la FSSPX.
La réplica de Eleganti: los hechos, no las intenciones declaradas
El Obispo Eleganti rechazó de plano ese razonamiento, insistiendo en que la ausencia de una intención declarada de romper con Roma no altera la naturaleza objetiva del acto.
«Declarar una intención cuestionable no ayuda», afirmó. «Es una forma de decir que no se pretende el cisma para engañar a la gente sobre la naturaleza y el efecto objetivamente cismáticos de tal acto de desobediencia. Es una estratagema para ejercer una autonomía total mientras se aparenta estar en comunión con el Papa. Y en realidad no es así, mientras el Papa no acepte o autorice estas consagraciones».
El obispo suizo amplió su razonamiento subrayando que la cuestión debe juzgarse por las acciones concretas de la Fraternidad, no por las intenciones que sus dirigentes proclaman. «No se trata de lo que afirman o declaran, sino de los hechos que crean. No es principalmente una cuestión de intenciones, sino de hechos y comportamientos objetivos», señaló.
Cuatro indicios de una Iglesia paralela
Eleganti enumeró cuatro puntos que, a su juicio, evidencian un patrón sostenido de independencia respecto a la autoridad de la Iglesia: «En primer lugar, actuar con plena autonomía sin mandato papal ni misión confirmada; en segundo lugar, operar con obispos que no están en comunión con el Papa y con el colegio episcopal; en tercer lugar, contar con cientos de sacerdotes no incardinados; y finalmente, existir en una especie de nirvana jurisdiccional mediante la autoautorización, considerándose los únicos católicos verdaderos, con los únicos sacramentos verdaderos, al menos sin defectos, y la única doctrina verdadera».
El obispo advirtió que estos elementos ponen de manifiesto un problema eclesiológico de fondo cuyas estructuras se asemejan cada vez más a las de una Iglesia paralela. «Afirman no querer una Iglesia al lado de la Iglesia mientras la están creando y comportándose exactamente de esa manera», señaló, describiendo la posición como fundamentalmente incoherente.
Eleganti cuestionó también si la Fraternidad busca realmente la reconciliación canónica con Roma, sugiriendo que una plena regularización supondría renunciar a la autonomía de la que hoy disfruta. «No es sincero porque, a decir verdad, no quieren ninguna regularización. Eso significaría perder su autonomía y someterse a lo que consideran una Iglesia universal errónea. Y eso es, en efecto, exactamente una mentalidad y un comportamiento cismáticos», concluyó.







