(InfoCatólica) La diócesis francesa de Saint Claude dans le Jura, en la región de Borgoña-Franco Condado, es una pequeña diócesis rural junto a la frontera con Suiza, en la que abundan las viñas, las montañas y los paisajes idílicos.
La situación eclesial, por desgracia, no puede calificarse de idílica. Según el periódico La voix du Jura, el obispo diocesano, Mons. Jean-Luc Garin, ha puesto en marcha un plan de reestructuración de la estructura parroquial diocesana. Como efecto principal de ese plan, la diócesis pasará de 65 a 11 parroquias, es decir, el número de parroquias se reducirá a una sexta parte de la cifra actual.
La razón principal para este cambio es la disminución del número de sacerdotes activos, que se ven incapaces de atender las parroquias que existen actualmente. Generalmente, la disminución toma la forma de fusión de varias parroquias para formar una sola. En algunas ocasiones se cierran los templos sobrantes y, en otras, se mantienen, aunque con una actividad reducida o esporádica, en un intento desesperado de mantener los servicios religiosos en poblaciones muy pequeñas.
Según informa Riposte Catholique, en 2024 la diócesis de Saint Claud tenía 53 sacerdotes diocesanos (no ordenó ningún sacerdote nuevo ese año), 6 sacerdotes religiosos, 14 diáconos permanentes, dos seminaristas (además de uno de la conservadora Comunidad de San Martín y otro del grupo tradicionalista Fraternidad Sacerdotal San Pedro FSSP). A esos números había que añadir 22 religiosos y 78 religiosas, así como 37 colegios católicos. Conviene señalar que las cifras son engañosas, porque la edad media es altísima y muchos de esos sacerdotes, religiosos y religiosas ya no pueden realizar ninguna actividad.
La reducción drástica del número de parroquias no es ni mucho menos exclusiva de la diócesis de Saint Claude. Se trata de una tendencia que empezó en Centroeuropa y está llegando ya a prácticamente todas las diócesis de Occidente. No hay sacerdotes para atender ni siquiera una mínima parte de las parroquias actuales y todos los obispos saben que, antes o después, tendrán que hacer algo parecido a lo que está haciendo Saint Claude.
La situación es comparativamente un poco mejor en las diócesis correspondientes a grandes ciudades, donde la población es mucho mayor y las distancias entre parroquias son menores. Las diócesis rurales, sin embargo, ya están en situación de emergencia en la práctica totalidad de Europa y Norteamérica. En muchas de ellas, el número de parroquias tendrá que dividirse por tres, por cinco o por diez en poco tiempo, si es que no se ha hecho ya.
No se trata solo de que el número actual de sacerdotes en activo sea muy bajo, sino de que la tendencia casi garantiza que ese número tan bajo seguirá bajando cada vez más. Si la situación no cambia radicalmente, las medidas que habrá que tomar serán dolorosas y humillantes, pero inevitables.
A pesar de todo, como dice el lema episcopal elegido por Mons. Garin, la esperanza no defrauda.







