(ACI/InfoCatólica) El Papa León XIV promulgó nuevos estatutos para la Pontificia Academia para la Vida, recordando explícitamente que su objetivo es «la defensa y promoción del valor de la vida humana y de la dignidad de la persona». La decisión, en un contexto en el que la cultura de la muerte pretende banalizar el valor de la vida, reafirma la razón de ser de una institución nacida precisamente para iluminar, con rigor moral, los desafíos que afectan a la persona humana.
Los nuevos estatutos fueron firmados por el Santo Padre el viernes 27 de febrero y difundidos al día siguiente en italiano por la Oficina de Prensa del Vaticano. Con ello, el Pontífice actualiza el marco normativo de la Academia, que ya había sido revisado anteriormente en 2016.
La Pontificia Academia para la Vida fue instituida por el Papa San Juan Pablo II en 1994 mediante su motu proprio «Vitae Mysterium». En aquel documento, el santo polaco señaló que «el misterio de la vida, y en especial de la vida humana, atrae cada vez más la atención de los estudiosos, impulsados por las extraordinarias posibilidades que el progreso de la ciencia y de la técnica brinda hoy a sus investigaciones». Al mismo tiempo, advirtió con claridad moral que «la nueva situación, a la vez que abre fascinantes perspectivas de intervención en los manantiales mismos de la vida, plantea asimismo múltiples e inéditas cuestiones de orden moral, que el hombre no puede descuidar sin correr el riesgo de dar pasos tal vez irreparables».
En lo referido a las novedades del texto promulgado por León XIV, se indicó que los nuevos estatutos introducen la «figura de los colaboradores». El documento precisa que «los colaboradores de la Academia se identifican con los objetivos institucionales y contribuyen, mediante su apoyo, al desarrollo de sus actividades y al logro de sus objetivos estatutarios». De este modo, se establece formalmente una categoría de personas destinadas a respaldar el trabajo de la Academia.
El texto también determina el modo de designación de estos colaboradores. Con la «previa aprobación de la Secretaría de Estado», los colaboradores «son nombrados por la Junta Directiva por un período de tres años y pueden ser reelegidos, por resolución del mismo órgano, por un máximo de dos mandatos consecutivos». Es decir, su participación queda limitada por plazos concretos y por un número máximo de renovaciones.
Asimismo, se explicó que se trata de personas que, al identificarse con los fines institucionales, contribuyen al desarrollo de las actividades académicas. Se detalló que son individuos que no poseen un perfil académico, pero que desean apoyar los objetivos promovidos por la Academia, quedando así diferenciados de quienes integran la institución por su trayectoria estrictamente científica o universitaria.
Finalmente, se informó que el trabajo de elaboración del nuevo documento, que actualiza los estatutos aprobados en 2016, comenzó «hace más de un año». Con la promulgación de este texto, la Santa Sede ordena el funcionamiento interno de la Academia y, a la vez, vuelve a poner en primer plano su misión específica: custodiar y promover, sin concesiones al relativismo moral, el valor de toda vida humana y la dignidad de la persona.








