(InfoCatólica) La Asamblea Nacional francesa ha aprobado este miércoles 25 de febrero de 2026, en segunda lectura, la proposición de ley que legaliza el suicidio asistido y la eutanasia en Francia, con 299 votos a favor y 226 en contra. El texto, cuyos promotores denominan «derecho a la ayuda para morir», establece que un médico podrá administrar o hacer administrar una sustancia letal con la intención directa de provocar la muerte, asimilando este acto a un «cuidado» médico integrado en el itinerario terapéutico.
Una mayoría que se reduce y un debate que continúa en el Senado
Los datos de la votación revelan un desplazamiento significativo respecto a la primera lectura, celebrada en mayo de 2025. Entonces, el texto fue aprobado por 305 votos a favor y 199 en contra, con 57 abstenciones. En esta segunda lectura, los votos favorables han bajado en seis, los contrarios han aumentado en 27 y las abstenciones se han reducido en veinte, lo que achica el margen de diferencia de 106 a 73 votos. Según informa Le Salon Beige, entre los diputados que votaron a favor figuran 17 representantes del partido Reagrupamiento Nacional (RN) y 5 del grupo Los Republicanos.
En paralelo, la asamblea aprobó por unanimidad de los diputados presentes otra proposición de ley sobre el desarrollo de los cuidados paliativos, texto que no generó controversia alguna.
El proceso legislativo no concluye aquí. Dado que el texto ha superado la segunda lectura en la cámara baja, corresponde ahora al Senado su examen. El Sindicato de la Familia ha instado a los senadores a «reescribir el texto en profundidad» y a «cerrar la puerta a toda forma de transgresión de la prohibición de matar», apostando por lo que la organización describe como «la vía de la fraternidad y la unidad».
Los obispos franceses y las organizaciones provida advierten de un «basculamiento» irreversible
La Conferencia Episcopal Francesa ya había publicado una tribuna solemne titulada «No se cuida la vida dando la muerte», en la que sus obispos advertían contra lo que denominan explícitamente «una instrumentalización de la dignidad, de la libertad o de la fraternidad». Los prelados fundamentan su posición en la experiencia concreta del acompañamiento de enfermos, personas con discapacidad, familias y sanitarios, y sostienen que la fraternidad «nunca consiste en apresurar la muerte del que sufre, sino en no abandonarle jamás».
Las voces críticas con la ley señalan también la situación desigual de los cuidados paliativos en Francia como factor que compromete la libertad real de quienes podrían acogerse a la norma. En un contexto donde el acceso a estos cuidados sigue siendo heterogéneo y donde el sufrimiento psicológico puede ser fluctuante, argumentan que la «libre elección» que invoca la ley puede convertirse, en la práctica, en una opción por defecto cuando faltan la solidaridad y los medios de acompañamiento.
«Quien mata nunca lo hace por amor»
Ludovine de La Rochère, presidenta del Sindicato de la Familia, resumió la posición de su organización con dos afirmaciones escuetas: «Más que nunca, es necesario proseguir con pedagogía la explicación del contenido de un texto tan escandaloso como peligroso. Esta proposición de ley divide en profundidad a la sociedad sobre un asunto que debería unirnos». Y añadió: «No se mata nunca por amor. El amor no mata».
La organización destaca que el rechazo sistemático de todas las enmiendas presentadas durante el debate en sesión pública revela, a su juicio, «el maximalismo ideológico» que anima a los promotores del texto, y que ese radicalismo está generando un malestar creciente incluso entre parlamentarios que hasta ahora habían apoyado el proyecto.
La ley establece una frontera que sus críticos consideran decisiva: la distinción entre «dejar morir» y «hacer morir» queda suprimida al integrar la administración de la sustancia letal dentro del concepto de acto médico. Para las organizaciones que se oponen, este cambio semántico y jurídico no es un detalle técnico, sino la clave de bóveda de toda la controversia.








