(InfoCatólica) El próximo 1 de marzo (probablemente porque el día 8 tienen otros compromisos), varios grupos de mujeres progresistas se manifestarán ante la catedral de la Almudena y en otros lugares de España para protestar contra básicamente todo en general, pero en particular contra la Iglesia.
Se trata de la llamada Revuelta de Mujeres en la Iglesia, denominación que juega con la idea de estar en la Iglesia, pero sin necesariamente ser de la Iglesia o tener que ser cristianas y esas cosas, que resultan muy fatigosas y preconciliares.
En cualquier caso, por si hubiera cualquier duda sobre si las integrantes de la protesta son católicas, ellas mismas se han encargado de despejarla eligiendo un lema blasfemo para la jornada de protesta. En efecto, el eslogan «Este es mi cuerpo», toma las palabras del mismo Cristo referidas a la consagración eucarística y pretende aplicarlas al deseo de disponer en propiedad del propio cuerpo para poder dedicarlo libremente a la inmoralidad sexual. Con ello esperan revelar «un nuevo significado de la frase más sagrada de la Eucaristía para denunciar el control de la Iglesia sobre sus cuerpos y reclamar su dignidad».
«Basta ya de abusos de poder contra los cuerpos y las vidas de las mujeres», reclaman en ese sentido los grupos de mujeres participantes. No queda muy claro, sin embargo, qué quieren decir con ello, más allá de que interpretan como una imposición y un abuso el hecho de que la Iglesia, siguiendo al mismo Cristo, les recuerde que hay comportamientos buenos y malos, morales e inmorales.
Por si acaso no fuera suficiente la blasfemia tocante a la Eucaristía, también se esfuerzan por blasfemar contra nuestra Señora. En un curioso ejercicio de lo que quizá sus enemigos llamarían «lógica femenina», exigen a la Iglesia que acabe con los estereotipos de «Virgen» o «Eva», como si nuestra Señora la Virgen María y Eva fueran estereotipos y no personas. Es decir, hacen lo que ellas mismas pretenden denunciar, despersonalizando a mujeres reales (una de ellas la mejor Mujer que ha existido) y convirtiéndolas en estereotipos.
Las organizadoras explican que, «a lo largo de los siglos, las mujeres en la Iglesia hemos sido categorizadas en estos dos imaginarios de mujer», el de «la Virgen María, modelo de pureza, sumisión y complacencia y el de Eva, la seductora, la inconformista y desobediente». A continuación, orgullosamente declaran que: «somos Marías y somos Evas, somos una, somos todas». ¿Qué quiere decir eso? Quizás haya que ser mujer para entenderlo. Y progresista, claro.
En cualquier caso, puede que les interese saber que la Iglesia lleva siglos rezando la salve, en la que se reconoce como madre a nuestra Señora y también, en otro sentido, a Eva: «a ti clamamos los desterrados hijos de Eva». Si lo que intentan expresar es que todos (hombres y mujeres) somos pecadores llamados a la santidad, para ese viaje no hacían falta alforjas. Ni revueltas.
En un gracioso detalle chocante, un artículo de Religión Digital añade a esa disyuntiva de «Virgen o pecadora» y «María o Eva» otra posibilidad, «o 'María' o 'Magdalena'», aparentemente sin saber que se trata de una sola persona llamada María Magdalena. Santa María Magdalena, para ser más exactos.
Las otras preocupaciones de las revoltosas son las habituales en estos casos: el diaconado femenino, la «invisibilización» de la mujer, la falta de igualdad, la discriminación, etc. Entre ellas, al parecer, no se encuentran los grandes ataques de nuestro tiempo contra la mujer, como la sexualización de la sociedad, la pornografía, el divorcio, la destrucción de la familia o el aborto. Quizá haya que esperar a la siguiente edición de la Revuelta de Mujeres.








