(InfoCatólica) La Pontificia Academia para la Vida, creada por Juan Pablo II para formar en lo relativo a la promoción y la defensa de la vida según la moral cristiana y el magisterio, ya no es lo que era. Donde se defendía la vida sin fisuras, hoy caben miembros orgullosamente partidarios de graves aberraciones morales.
En 2016 y los años posteriores, con la ayuda de Mons. Vinzenzo Paglia, su nuevo presidente, el Papa Francisco llevó a cabo una reforma radical de la Academia Pontificia, expulsando de sus cargos a los antiguos miembros, que eran vitalicios, y nombrando a un buen número de nuevos miembros opuestos a la doctrina católica precisamente en el ámbito propio de la Academia. Por ejemplo, Nigel Biggar, pastor anglicano y defensor del aborto y la eutanasia; Avraham Steinberg, rabino y defensor de que el embrión no es plenamente humano; el P. Maurizio Chiodi, claro partidario del uso de anticonceptivos y del subjetivismo moral; el P. Alain Thomasset SJ, que pide la aprobación de las parejas del mismo sexo en la Iglesia y del uso de anticonceptivos; el P. Humberto Miguel Yáñez, también defensor del uso de anticonceptivos; Anne-Marie Pelletier, feminista y promotora del divorcio cristiano; el P. Pierangelo Sequeri, que pidió aplicar Amoris Laetitia a la anticoncepción para que dependiera de la conciencia de cada uno, etc.
Por desgracia, hoy persiste esta situación evidentemente insostenible, en que el órgano encargado de la defensa de la vida proporciona un púlpito a enconados enemigos de la doctrina católica. El nombramiento por el Papa León XIV de un nuevo Presidente para la Academia suscitó esperanzas de que se recuperara la cordura y la Academia volviera a su ser original. Hasta el momento, sin embargo, el nombramiento de Mons. Renzo Pegoraro no ha supuesto cambios en la Academia, que se ha reafirmado tentativamente en la línea de Paglia de sugerir casos en que se podría admitir el suicidio asistido.
Como símbolo de la anomalía radical que subsiste en el seno de la Pontificia Academia para la Vida, Mariana Mazzucato, partidaria del aborto y miembro de la Academia desde 2022, pronunciará hoy 17 de febrero una conferencia sobre «La economía de la salud para todos». La conferencia forma parte de un taller internacional organizado por la Academia sobre «Salud para todos. Sostenibilidad y Equidad», que se celebra en el Instituto Agustiniano de Roma. La conferencia de Mazzucato está insertada en una sesión plenaria dedicada a los «Principios éticos fundamentales».
Es imposible no preguntarse qué puede saber sobre «economía de la salud» alguien que considera que el aborto es una práctica sanitaria. Más aún, ¿en qué sentido puede ser «para todos» una economía que financia la eliminación de millones de niños no nacidos al año? ¿Cree la Pontificia Academia para la Vida esos niños no están incluidos en el «todos», que no cuentan? ¿A nadie le avergüenza que, en la sesión dedicada a los principios éticos fundamentales, se le pida hablar en primer lugar a una señora que niega el principio ético fundamental de «no matarás»?
Se mire como se mire, la permanencia en la Academia de miembros abortistas y favorables a los anticonceptivos, al divorcio, a las parejas del mismo sexo o a la eutanasia es un escándalo que clama al cielo. Se trata de algunas de las grandes cuestiones éticas de nuestro tiempo y, en ellas, la Pontificia Academia, en lugar de ofrecer claridad y la luz de la moral católica, aporta confusión y mundanidad.
Es, sin duda, uno de los puntos pendientes que tiene León XIV. Es comprensible y laudable el deseo de no actuar apresuradamente en cuestiones tan graves, pero el escándalo constante que produce esta situación indica que no se puede obviar el tema durante mucho más tiempo.








