(InfoCatólica) El Prior General de los Camaldulenses, Dom Matteo Ferrari, ha considerado prudente advertir a todos los miembros de su orden sobre los peligros de la adicción de los monjes a Internet, el teléfono móvil y las redes sociales. «No podemos fingir que este desafío no existe», afirma.
Dom Matteo advierte acerca de los riesgos que presenta «el uso de internet, los teléfonos inteligentes, las redes sociales, los vídeos y películas en línea y WhatsApp», describiéndolos como «un desafío para la vida monástica y religiosa» y un riesgo de que la celda «se transforme en lugar de dispersión, de pérdida de tiempo y de huida de uno mismo y de sus tensiones interiores». Al respecto, el Prior General cita a San Romualdo: «siéntate en tu celda como si estuvieras en el paraíso. Olvídate del mundo y déjalo atrás».
En su mensaje, dedica tiempo a hablar del postulantado y el noviciado, como etapas de «sentido crítico», «sana disciplina» y «distanciamiento» sobre el «uso de Internet y de las redes sociales» o la visión individual de películas. La profesión simple debería ser el tiempo en el que los monjes «aprenden a hacer un uso sabio de Internet y las redes sociales».
Todo lo que afirma Dom Matteo Ferrari es, sin duda, bueno y conveniente. Lo llamativo es que tenga que advertir sobre ello a unos monjes contemplativos que han abrazado una vida de soledad, pobreza y oración, dejando atrás el mundo. La propia carta es un indicio de que hay un problema serio entre los monjes que nunca debería haber llegado a existir.
En ese sentido, consejos como no usar las redes sociales o Internet «después de la cena o de Completas» (es decir, por la noche) o prevenir contra convertir la celda en una sala de cine «individual e individualista» (en lugar de ver películas todos juntos) resultan casi tan extraños como si les exhortara a no apegarse demasiado al dinero o no apartarse mucho de la castidad. La advertencia contra Netflix, Instagram y TikTok parece más apropiada en el caso de adolescentes que en el de monjes, para los cuales el uso de esas plataformas debería ser impensable. Finalmente, el hecho de advertir que «no podemos pedir a los que están en formación que vivan lo que no vivimos los profesos solemnes» indica que se trata de un problema extendido entre los monjes y no una simple costumbre mundana de los postulantes que hay que corregir.
Igualmente llamativo es que la carta «a los priores, vicepriores, superiores de residencia, maestros de novicios y de profesión simple» para advertir sobre los peligros de las redes sociales la haya publicado en Facebook. La publicación se ha realizado tanto en el Facebook de la Orden Camaldulense como en la página de Facebook personal del Prior General.
Para entender esto, conviene saber que los camaldulenses son, tradicionalmente, una de las órdenes monásticas contemplativas más estrictas y solitarias que existen, junto con los cartujos. Los camaldulenses, fundados por San Romualdo, son una escisión de los benedictinos que quiso seguir una vida más parecida a la de los ermitaños de Oriente, pero con liturgia y actos comunes. Es decir, abrazan una mezcla de vida eremítica y cenobítica, en la que cada monje vive en su propia ermita, dentro del monasterio, para asegurar de forma más perfecta la soledad. A fin de cuentas, la misma palabra monje viene del griego y significa «único» o «solo».
Desgraciadamente, la propia casa general de los camaldulenses parece ser una muestra de la decadencia que ha sufrido la orden, antaño estrictísima. Según informa el portal Silere non possum, en la misma casa madre de Camaldoli se toleran la defensa de la ordenación de mujeres, cursos de yoga para los monjes o la venta de libros sobre yoga y budismo. En su propia página web se dice que la casa madre se ha convertido en «un lugar privilegiado de encuentro para el diálogo ecuménico e interreligioso. Diálogo con el judaísmo y el islam, con el hinduismo y el budismo, con hombres y mujeres que no pertenecen formalmente a religiones específicas, sino en una búsqueda interior sincera».
NOTA
Para evitar confusiones, conviene señalar que existen dos órdenes camaldulenses. Una de ellas, la Congregación Camaldulense de la Orden de San Benito, que no tiene presencia en España, es la mencionada en esta noticia.
La otra, la Congregación de Eremitas Camaldulenses de Monte Corona, que tiene el monasterio (Yermo) de Nuestra Señora de Herrera en Miranda de Ebro (España) y abrió otro en Córdoba, ha mantenido de forma más estricta las prácticas de vida solitaria y eremítica.








