(InfoCatólica) León XIV dedicó este miércoles su audiencia general a subrayar que la Iglesia es el «lugar propio» de la Palabra de Dios, que devuelve la verdad a la vida frente al ruido de tantas «palabras vacías».
Ante 7.000 fieles reunidos en el Aula Pablo VI, el Pontífice continuó su catequesis sobre la Constitución conciliar Dei Verbum, subrayando que «la auténtica interpretación bíblica solo es posible en la fe de la Iglesia», citando a Benedicto XVI y san Jerónimo.
La Escritura como pan de vida para los fieles
Durante la catequesis del 11 de febrero, el Santo Padre recordó que el Concilio Vaticano II mostró cómo la Iglesia siempre se ha alimentado «del pan de vida de la mesa tanto de la Palabra de Dios como del cuerpo de Cristo», especialmente en la Sagrada Liturgia. «La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida», afirmó León XIV, citando el documento conciliar.
El Papa explicó que bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia nació del pueblo de Dios y está destinada al pueblo de Dios. En la comunidad cristiana tiene, por así decir, su hábitat: efectivamente, en la vida y en la fe de la Iglesia encuentra el espacio donde revelar su significado y manifestar su fuerza.
Una Palabra que sacia la sed de verdad
«Vivimos rodeados de multitud de palabras; sin embargo, ¡cuántas de ellas son palabras vacías!», exclamó el Pontífice ante los fieles congregados en la Sala Pablo VI. «A veces escuchamos también palabras sabias pero que no tocan nuestro destino último. En cambio, la Palabra de Dios sacia nuestra sed de sentido y de verdad sobre nuestra vida».
León XIV subrayó que se trata de la única Palabra siempre nueva: «Revelándonos el misterio de Dios es inexhaurible, no cesa nunca de ofrecer sus riquezas». Esta Palabra, confiada a la Iglesia y por ella custodiada y explicada, desempeña un papel activo: con su eficacia y potencia, sostiene y fortalece la comunidad cristiana.
La fe eclesial como clave interpretativa
La reflexión de la Iglesia sobre las Sagradas Escrituras, precisó el Pontífice, es continua y se ha enriquecido especialmente tras el Concilio. Un momento muy importante a este respecto fue la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema «La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia», celebrada en octubre de 2008.
El Papa citó la exhortación postsinodal Verbum Domini del papa Benedicto XVI (30 de septiembre de 2010), que afirma: «Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María». Esta perspectiva, recordó León XIV, pone de relieve que «el lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia».
Conocer a Cristo a través de la Escritura
«La Escritura encuentra en la comunidad eclesial el ámbito en el que desarrollar su propia tarea y alcanzar su fin: dar a conocer a Cristo y abrir al diálogo con Dios», afirmó el Santo Padre. Para ilustrar este punto, recordó la célebre frase de san Jerónimo: «La ignorancia de la Escritura es ignorancia de Cristo».
Esta sentencia, explicó el Pontífice, nos recuerda la finalidad última de la lectura y la meditación de la Escritura: conocer a Cristo y, a través de Él, entrar en relación con Dios. «Esta relación puede ser entendida como una conversación, un diálogo. Y la Constitución Dei Verbum nos presenta la Revelación precisamente como un diálogo en el que Dios habla a los hombres como a amigos», señaló.
«Esto sucede cuando leemos la Biblia con una actitud interior de oración: entonces Dios viene a nuestro encuentro y entra en conversación con nosotros», añadió León XIV.
Fuente de vida para toda la Iglesia
Todos los fieles están llamados a beber de esta fuente, destacó el Papa, sobre todo en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos. El amor por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas deben guiar especialmente a quien ejerce el ministerio de la Palabra: obispos, sacerdotes, diáconos y catequistas.
El Pontífice reconoció que «es muy valioso el trabajo de los exégetas y de cuantos practican las ciencias bíblicas», y subrayó que en la Teología, que tiene su fundamento y su alma en la Palabra de Dios, la Escritura ha de ocupar el puesto central.
Una Palabra que impulsa a la misión
Lo que la Iglesia desea ardientemente, explicó León XIV, es que la Palabra de Dios pueda alcanzar a todos sus miembros y nutrir su camino de fe. Pero la Palabra de Dios también empuja a la Iglesia más allá de sí misma, «la abre continuamente a la misión hacia todos».
«La Palabra de Dios imprime a la Iglesia un movimiento de salida», concluyó el Santo Padre, quien recordó que esta Palabra vive en la Iglesia y «se refiere totalmente a Jesucristo», siendo esta «la razón profunda de su valor y su potencia».
Cristo, Palabra viva del Padre
En su conclusión, el Papa subrayó que Cristo es la Palabra viviente del Padre, el Verbo de Dios hecho carne. «Todas las Escrituras anuncian su Persona y su presencia que salva, para todos nosotros y para toda la humanidad», afirmó.
«Abramos, entonces, el corazón y la mente para acoger este don, siguiendo a María, Madre de la Iglesia», concluyó León XIV ante los 7.000 fieles reunidos en la audiencia general de este miércoles.








