(InfoCatólica) Los «archivos de Epstein» inundan la actualidad. En una liberación masiva que puede terminar ocultado lo verdadero entre infinidad de fakes, estamos en la fase en la que todo el mundo está intentando ver quien sale en la foto.
Los archivos desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre Jeffrey Epstein, el financiero y traficante de personas condenado, continúan generando titulares internacionales.
El diario The Pillar ha analizado la documentación y encontrado que ntre los documentos publicados destaca un correo electrónico de 2013 en el que Epstein especulaba ante el economista Larry Summers que el cambio de liderazgo en el Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como Banco Vaticano, podría ser «el cambio más importante en el Vaticano», por encima incluso de la renuncia del papa Benedicto XVI. Sin embargo, el análisis riguroso efectuado por la publicación revela que esta afirmación carece de fundamento y que, además, Epstein se limitó a copiar el contenido de otro correo que había recibido una hora antes.
El correo, fechado el 21 de febrero de 2013, fue enviado al día siguiente de que Benedicto XVI se convirtiera en el primer pontífice en siglos en renunciar a su cargo. En él, Epstein sugería que el nombramiento del abogado alemán Ernst von Freyberg como presidente del IOR tenía mayor trascendencia que la dimisión papal. La investigación de medios especializados ha demostrado que el contenido del mensaje era prácticamente idéntico a otro que Epstein había recibido del periodista y profesor de Harvard Edward Jay Epstein, lo que evidencia que el financiero se limitó a reenviar información ajena como si fuera propia.
La renuncia de Benedicto XVI y el contexto de los escándalos vaticanos
La dimisión de Benedicto XVI, anunciada ante el Colegio Cardenalicio, estuvo motivada por su percepción de que, a los 85 años, ya no contaba con las fuerzas necesarias para desempeñar adecuadamente el ministerio petrino. Esta decisión histórica se produjo en un contexto marcado por una serie de escándalos de corrupción en la curia romana, conocidos colectivamente como «Vatileaks».
En respuesta a estas filtraciones, el pontífice encargó a tres cardenales (Julián Herranz, Jozef Tomko y Salvatore de Giorgi) la elaboración de un informe exhaustivo sobre la corrupción curial. Según se informó, el documento, que constaba de varios centenares de páginas con pruebas y testimonios, fue entregado a Benedicto XVI en diciembre de 2012. Muchos observadores especularon con que este informe influyó en su decisión de renunciar.
El papa Francisco, sucesor de Benedicto XVI elegido en 2013, reveló en su autobiografía «Spera» que su predecesor le entregó en uno de sus primeros encuentros tras el cónclave «una gran caja blanca» con la documentación del informe cardenalicio. «Todo está aquí dentro», le dijo Benedicto. «Documentos relacionados con las situaciones más difíciles y dolorosas. Casos de abusos, corrupción, negocios turbios, fechorías».
El IOR y el cese de Gotti Tedeschi
El Instituto para las Obras de Religión apareció mencionado frecuentemente en los escándalos y acusaciones de corrupción durante el pontificado de Benedicto XVI. En 2012, el presidente del banco, Ettore Gotti Tedeschi, fue destituido mediante un voto de censura de la junta de superintendencia. Una semana antes de que Benedicto anunciara su renuncia, la junta eligió a Ernst von Freyberg como nuevo presidente de la entidad.
El correo de Epstein afirmaba que Gotti Tedeschi había sido despedido después de que las autoridades italianas abrieran una investigación sobre un amplio esquema de sobornos en el que supuestamente estaba implicado. Según el mensaje, en un registro de su domicilio se encontraron 47 dossieres con información comprometedora sobre «enemigos internos» en el Vaticano, con instrucciones sobre cómo utilizarlos en caso de que le ocurriera algo. El texto también sostenía que las llamadas interceptadas revelaban el temor de Gotti Tedeschi a ser asesinado por conocer los secretos del Vaticano.
La destitución de Gotti Tedeschi estuvo rodeada, efectivamente, de alegaciones, reclamaciones y teorías conspirativas. El propio banquero se consideró víctima de la resistencia interna de la curia a la nueva regulación y transparencia. Si bien es cierto que fue señalado en conexión con escándalos financieros italianos, nunca fue acusado formalmente ni implicado personalmente, siendo identificado únicamente como testigo potencial. Aunque el IOR siguió enfrentando acusaciones e investigaciones sobre blanqueo de capitales durante su mandato, Gotti Tedeschi fue exonerado de cualquier irregularidad.
Según Carl Anderson, entonces líder de los Caballeros de Colón y miembro de la junta del IOR, el voto de 2012 para destituir a Gotti Tedeschi se debió a su escasa dedicación y a un «comportamiento personal cada vez más errático». Irónicamente, fueron el entonces director del banco y su adjunto, Paolo Cipriani y Massimo Tulli, quienes permanecieron en sus puestos tras la salida de Gotti Tedeschi, los que acabaron siendo juzgados y condenados por delitos financieros cometidos durante su etapa en el IOR.
La falsa premisa sobre el Colegio Cardenalicio
Los correos de Epstein revelaban una notable falta de conocimiento sobre el funcionamiento de las instituciones vaticanas. Tanto él como su fuente original afirmaban que «el todopoderoso Colegio de Cardenales, en uno de los últimos actos del papado de Benedicto, nombró al abogado alemán Ernst von Freyberg presidente del banco». Esta afirmación es errónea en varios aspectos.
Calificar al Colegio de Cardenales como «todopoderoso» en relación con el IOR denota un desconocimiento básico de la estructura vaticana. El Colegio es un órgano consultivo del papa y no tiene ninguna competencia en el nombramiento del presidente del IOR. Este error fundamental pone en evidencia que ni Epstein ni su fuente manejaban información fiable sobre los mecanismos internos de la Santa Sede.
El IOR en la actualidad: transparencia y solvencia
Lejos de las especulaciones de Epstein, la situación actual del Banco Vaticano desmiente completamente sus sombrías predicciones. Como única institución financiera vaticana sometida a supervisión regulatoria externa, el IOR ha recibido una serie de evaluaciones positivas de Moneyval, el organismo de vigilancia contra el blanqueo de capitales de la Comisión Europea.
Durante el pontificado de Benedicto XVI ya se estaban llevando a cabo esfuerzos reformistas en el IOR. Fue por instrucciones directas del pontífice como el banco inició el proceso de adaptación a estándares externos para alcanzar el estatus de «lista blanca» internacional. De hecho, en junio de 2012, tras la salida de Gotti Tedeschi pero gracias a acciones emprendidas durante su mandato, Moneyval pudo emitir su primer informe sobre el IOR.
La entidad opera actualmente con un nivel de transparencia y cumplimiento normativo externo que otros organismos financieros vaticanos no pueden, no quieren y ni siquiera consideran alcanzar. Además de poner fin a las cuentas personales y numeradas no relacionadas con entidades y trabajos de la Iglesia (las cuentas que dieron lugar a acusaciones de blanqueo de capitales en décadas anteriores), el banco ha publicado una serie de anuncios de beneficios año tras año.
En 2024, el IOR gestionaba activos totales por valor de 5.700 millones de euros (aproximadamente 6.500 millones de dólares), un incremento respecto a los 5.400 millones de euros de 2023 (unos 6.200 millones de dólares). El banco también informa anualmente sobre su ratio de capital de nivel 1, un estándar internacional que mide la liquidez y la exposición al riesgo institucional de las entidades financieras. El requisito mínimo internacional es un ratio del 6 por ciento, mientras que los grandes bancos estadounidenses suelen situarse entre el 13 y el 17 por ciento. En 2024, el IOR alcanzó un ratio de nivel 1 del 69,4 por ciento, frente al 59,8 por ciento de 2023.
El papel del IOR como denunciante de irregularidades
Lejos de estar implicado en escándalos financieros, el liderazgo actual del banco, encabezado por el presidente Jean-Baptiste de Franssu y el director Gianfranco Mammí, ha demostrado ser pieza clave en la denuncia de irregularidades financieras curiales.
En 2019, fue la dirección del IOR quien alertó, a pesar de amenazas y ofertas de «protección» de otros departamentos vaticanos (incluida la Secretaría de Estado), sobre actividades sospechosas que condujeron al descubrimiento del escándalo del inmueble londinense y al juicio por delitos financieros vaticanos que condenó a nueve personas, incluido un cardenal, en 2023.
Como parte civil en aquel proceso, el banco presentó una reclamación por un millón de euros en concepto de daños a su reputación contra los acusados, entre los que se encontraba el cardenal Angelo Becciu, antiguo sustituto de la Secretaría de Estado.








