(ACI/InfoCatólica) En el marco de la preparación para los 400 años del milagro de la Virgen de Luján, sigue adelante una peregrinación que se propone unir, paso a paso, los santuarios de Argentina. La iniciativa ya cumple un año de recorrido y transita actualmente su tercera etapa, con la finalidad de honrar a la Patrona del país y sostener una misión de oración por la unidad nacional.
La peregrinación comenzó en enero de 2025, cuando un grupo de misioneros y peregrinos inició el camino de santuario en santuario llevando dos imágenes: la de la Virgen de Luján y la del Negro Manuel, reconocido como servidor y custodio de la Virgen. El objetivo es que la presencia de la Madre de Dios visite comunidades, despierte la devoción y anime a preparar el aniversario del milagro que se remonta a 1630.
La iniciativa cuenta con el apoyo del Obispo de Merlo-Moreno, Mons. Juan José Chaparro CMF, y del Obispo de Gregorio de Laferrere, Mons. Jorge Torres Carbonell, delegado episcopal de la Pastoral Nacional de Santuarios y Religiosidad Popular. Quienes impulsan el recorrido lo presentan como una peregrinación y misión por la unidad de Argentina, expresada en el lema: «Con María de Luján y su fiel esclavo Manuel, caminamos hacia los 400 años: ‘Somos de la Virgen nomás’».
En esta tercera etapa, los peregrinos ya llegaron a la provincia de Córdoba. Allí visitaron el santuario de Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, y tienen previsto arribar el 25 de enero a Villa Cura Brochero, para participar en las fiestas patronales en honor del Santo Cura.
La hermana Juana Ruiz, del Santuario de la Virgen de la Peña en la provincia de Salta, compartió el clima espiritual que se vive en el camino y afirmó: «El corazón se va ensanchando» a cada paso. También expresó la alegría por «cómo la gente nos va abriendo sus puertas, le va abriendo el corazón a la Virgen, al Negrito Manuel», describiendo la recepción que encuentran en los distintos lugares.
Al recordar el desarrollo de las etapas, la religiosa —una de las peregrinas permanentes— explicó que el primer tramo incluyó las provincias de Jujuy y Salta, desde el Santuario de Río Blanco y Paipaya, en Jujuy, hasta el santuario de la Virgen de la Peña, en Tartagal, Salta. La segunda etapa recorrió Santiago del Estero, principalmente desde Añatuya hasta Huachana. En la tercera, llegaron a Sumampa, un punto destacado por su vínculo histórico: la imagen de Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa «era la imagen que también venía con la Virgencita de Luján» en aquel viaje de hace casi 400 años.
En cuanto al número de participantes, la hermana Juana detalló que «en las etapas aproximadamente somos 12 de promedio», aunque el grupo se va renovando. Explicó: «Somos tres o cuatro los que estamos fijos, y el resto se va renovando el grupo, así que siempre es una alegría encontrarnos con los nuevos peregrinos».
La religiosa subrayó también la dimensión misionera de este recorrido y el modo en que la devoción se manifiesta en cada parada. Dijo que es una inmensa alegría «ser un poco los pies de nuestra Madre» y poder compartir con quienes los reciben, «contemplando las miradas, esos rostros, el deseo de querer tocar a la Virgen», además de la emoción que provoca su visita.
El P. Franco Punturo, de la Diócesis de Merlo-Moreno, acompaña la peregrinación desde el comienzo. En su testimonio, destacó la respuesta del pueblo ante el paso de la Virgen y afirmó que percibe «mucha gracia en el paso de la Virgen, tanto en los pueblos, los barrios, los parajes, como en la misma ruta también, los autos que se paran, camiones que se paran, bicicletas, las motos, todos para poder tocar a la Virgen, al Negrito y pedir un poco de gracia».
El sacerdote remarcó el propósito espiritual que sostiene la iniciativa: rezar por la paz y la unidad nacional. En esa línea, expresó: «Ella es Madre de todos, especialmente de los más sufrientes, de los más desamparados, de los que son dejados de lado, ella es Madre de todos, como Madre entonces estamos pidiendo esta unión por toda la patria, pedimos por la unión y la paz».
El hecho que se conmemora
A comienzos del siglo XVII, Antonio Farías Sáa, un hacendado portugués que vivía en el actual territorio de Santiago del Estero, quiso levantar en su estancia una capilla en honor de la Virgen. Pidió a un amigo que le enviara una imagen de la Inmaculada Concepción de María, y para que pudiera elegir, su amigo le hizo llegar dos imágenes.
En mayo de 1630, las imágenes arribaron al puerto de Buenos Aires y fueron trasladadas en una carreta. Tras tres días de viaje, el carruaje se detuvo para descansar. A la mañana siguiente, los bueyes que tiraban la carreta no se movían. Luego de varios intentos, bajaron uno de los cajones transportados y los animales retomaron la marcha. Al revisar el contenido, hallaron la imagen de la Virgen y lo interpretaron como un signo providencial, por lo que la dejaron para su custodia a don Rosendo de Oramas.
La otra imagen de María con el Niño en brazos llegó a destino y, en 1670, se le construyó un santuario donde se la veneró con la advocación de Nuestra Señora de la Consolación; allí se encuentra hoy la ciudad de Sumampa. En cuanto a la devoción a Nuestra Señora de Luján, se recuerda que el primer santuario dedicado a ella se inauguró el 8 de diciembre de 1763.
Con esta peregrinación en curso, los devotos se encaminan hacia el cuarto centenario del milagro de Luján, llevando la presencia de la Virgen por el país, alentando la religiosidad popular y sosteniendo una intención concreta: pedir por la unidad y la paz de Argentina bajo el amparo de la Madre de Dios.






