(La Bussola/InfoCatólica) Con motivo del tercer aniversario de la muerte de Benedicto XVI y la proximidad del consistorio extraordinario convocado por León XIV para los días 7 y 8 de enero, la figura de Benedicto y su propuesta de «reforma de la reforma» litúrgica vuelve a cobrar actualidad. Monseñor Nicola Bux, teólogo y antiguo consultor de la Congregación para el Culto Divino durante el pontificado ratzingeriano, defiende que esta herencia sigue viva y puede aportar claves fundamentales al debate litúrgico que tendrá lugar en el próximo encuentro cardenalicio.
La liturgia como expresión del primato de Dios
Según explica Bux en entrevista a La Bussola, algunos liturgistas que no reconocían competencia en la materia a Ratzinger pasaban por alto el fundamento dogmático de la liturgia sagrada. Sin embargo, los escritos del teólogo alemán revelan cómo sus críticas a la liturgia moderna se fundamentan en una «meditada y coherente teología fundamental y dogmática, que incluye la eclesiología y el ecumenismo».
El problema, según el consultor, radica en la convicción no siempre declarada de que la liturgia sea de exclusiva competencia humana. Una vez convertido en Papa, Benedicto XVI demostró a través del motu proprio Summorum Pontificum y la exhortación apostólica Sacramentum Caritatis «la necesidad de recomprender la liturgia como el acto que expresa el primato que hay que dar a Dios».
Una de las afirmaciones fundamentales del pontífice alemán cobra especial relevancia: «En la historia de la liturgia hay crecimiento y progreso, pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros sigue siendo sagrado y grande». Esta declaración constituye, según Bux, «una amonestación a unos y otros para que encuentren el equilibrio».
La santidad como separación del mundo
El teólogo explica que la santidad de Joseph Ratzinger se manifiesta en su etimología latina: «Sanctus significa 'separado del mundo', no sometido a la mentalidad del siglo presente». Benedicto XVI no temió a quienes lo acusaban de haber sido progresista y después restaurador, manteniendo «un pensamiento atento a la verdad e independiente de las modas, hasta denunciar la dictadura del relativismo».
Tras su muerte, se ha producido «un endurecimiento y una aceleración de una determinada 'agenda' dentro de la Iglesia, que habría implicado la prohibición de la liturgia en Vetus Ordo». Sin embargo, Bux observa que «los pensamientos de Dios no son los de los hombres: estos no pueden nada si una obra viene de Dios».
La «reforma de la reforma» en marcha
Contrariamente a quienes consideran archivada la propuesta ratzingeriana, el consultor afirma que «está ocurriendo que muchos sacerdotes, en todo el mundo, a pesar de las restricciones, celebrando la Misa en Vetus Ordo, aprenden a celebrar con devoción y orden la Misa ordinaria. Por tanto, ya está en marcha la 'reforma de la reforma' deseada por Joseph Ratzinger».
La publicación del volumen 11 de la Opera omnia del pontífice emérito, dedicado a la Teología de la liturgia, «no cierra sino que amplía, de modo irreversible, el debate sobre la reforma litúrgica y su aplicación». Como teólogo y cardenal, Ratzinger había hablado de las liturgias actuales como «una danza vacía alrededor del becerro de oro que somos nosotros mismos», reflexión que retomó en la meditación del Vía Crucis de Semana Santa de 2005, tres semanas antes de ser elegido pontífice.
Una crisis que nace del colapso litúrgico
Bux recuerda las palabras del entonces cardenal Ratzinger: «Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que hoy nos encontramos depende en gran parte del colapso de la liturgia, que a veces se concibe incluso etsi Deus non daretur: como si en ella ya no importara si Dios existe, y si nos habla y nos escucha».
Como Papa, Benedicto XVI no parece haber podido o querido forzar los tiempos, manteniendo la convicción de que los continuos cambios, incluso aquellos que van hacia atrás hacia el modo tradicional de hacer las cosas, pueden resultar verdaderamente destructivos.
Restauración frente a revolución
El teólogo explica que Joseph Ratzinger participó en el movimiento litúrgico tal como lo entendían Guardini y diversas mentes de esa generación. Como perito en el concilio, deploró «la retórica de la impaciencia y del descrédito que evidenciaba más los problemas de la liturgia que sus adquisiciones». Por ello, no aspiraba a un cambio de fondo, sino a una atenta restauración.
Sin embargo, se encontró ante una revolución litúrgica que se deshizo del latín y, con él, de mil años de música litúrgica. Llegaron otros cambios que le parecieron «un malentendido de fondo de la naturaleza de la liturgia: en particular las fórmulas de oración improvisadas y la posición del sacerdote 'vuelto al pueblo' durante la Misa: todo lo contrario de una introducción al Misterio».
El consistorio y la herencia ratzingeriana
El cuarto punto del orden del día del próximo consistorio extraordinario aborda «La reflexión histórica, teológica y pastoral sobre la liturgia para conservar la sana tradición y abrir no obstante el camino al legítimo progreso». Según Bux, este punto «no puede prescindir de la naturaleza de la liturgia, es decir, que atañe a la relación con Dios o sea lo sagrado, que renace constantemente en los corazones».
Benedicto XVI, con el Summorum Pontificum, no quería resolver solo la cuestión jurídica del antiguo misal romano, sino «plantear la cuestión de la esencia misma de la liturgia y de su lugar en la Iglesia. Lo que está en causa es el primato de Dios, por tanto la fe: de él depende la verdadera renovación de la liturgia que a su vez es la condición fundamental para la renovación de la Iglesia».
La conversión como punto de partida
A la pregunta sobre dónde comenzar la «reforma de la reforma», Ratzinger respondía: «desde la presencia de lo sagrado en los corazones, desde la liturgia y su misterio». El pontífice emérito advertía que «la liturgia que ha perdido su carácter de misterio y su dimensión cósmica acaba operando no una reforma, sino una deformación de la liturgia».
Los conceptos dominantes de la nueva visión litúrgica se pueden resumir en las palabras clave «creatividad», «libertad», «fiesta», «comunidad». Desde este punto de vista, «rito», «obligación», «interioridad», «ordenamiento de la Iglesia universal» aparecen como conceptos negativos que describen la situación a superar de la «vieja» liturgia.
Ratzinger recordaba las palabras de san Cipriano: «Con las palabras y la posición de la oración va unida una disciplina que incluye calma y profundo respeto. Debemos recordar que estamos bajo los ojos de Dios».







