(InfoCatólica) En la tarde del último día del año civil, el Pontífice presidió solemnemente las vísperas de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios con la famosa férula o cruz litúrgica de San Juan Pablo II y San Pablo VI y ataviado con mitra y capa pluvial.
Como es tradicional, la celebración incluyó el canto solemne del Te Deum, el himno de acción de gracias tradicional de la liturgia latina, atribuido a San Ambrosio de Milán y de unos dieciséis siglos de antigüedad. El Te Deum se cantó en latín y con melodía gregoriana. Más de cinco mil fieles asistieron a la celebración litúrgica, que, según las palabras de León XIV, se caracteriza por una “riqueza singular”, derivada del “asombroso misterio” que se conmemora: la maternidad divina de María.
Su homilía se centró en la frase de la Carta a los Gálatas “en la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley, de manera que pudiéramos recibir la adopción filial”. El Papa habló del Misterio de Cristo y el misterioso plan de Dios para la historia humana, con la imagen de una alta montaña iluminada por el sol en medio de un espeso bosque. A la vez, rechazó las “estrategias dirigidas a conquistar mercados”, las “estrategias armadas” y la “retórica hipócrita, las proclamas ideológicas y los falsos motivos religiosos” que las justifican.
En cuanto a nuestra Señora, el Pontífice afirmó que "la Madre de Jesús es la mujer con la cual Dios, en la plenitud de los tiempos, escribió la Palabra que revela el misterio" y explicó que no se trató una imposición, sino que Dios propuso su plan al corazón de María y, una vez que recibió su 'sí', escribió esa Palabra "con inefable amor en su carne". "Así la esperanza de Dios se entrelazó con la esperanza de María".
León XIV también expresó gratitud por el año jubilar que está terminando, un “poderoso signo” de esperanza para el mundo. En relación con el jubileo, afirmó que “la Providencia ha reservado un lugar especial a esta ciudad de Roma, no por sus glorias ni por su poder, sino porque Pedro y Pablo y tantos otros mártires derramaron su sangre aquí por Cristo. Por eso Roma es la ciudad del jubileo”.
En ese contexto, el Papa pidió que Roma fuera “digna de los más pequeños, de los niños, de los ancianos que son débiles y están solos, de las familias que se esfuerzan por sobrevivir, de los hombres y mujeres que han venido de lejos buscando una vida digna”.
Después de la liturgia, el Papa visitó el nacimiento de la Plaza de San Pedro y la banda de la Guardia Suiza dio su concierto navideño habitual.








