(CNA/InfoCatólica) La historia del primer belén se asocia a san Francisco de Asís, uno de los santos más conocidos y queridos de la cristiandad. El fundador de la orden franciscana, reconocido por su amor a la creación de Dios, tenía también una especial devoción por la Navidad, la solemnidad del nacimiento del Señor. De sus meditaciones sobre la vida de Cristo nació una iniciativa decisiva: preparar la primera representación de la Natividad en Greccio, Italia, en el año 1223.
Se considera que la inspiración inmediata para realizar una escena viva del nacimiento de Jesús le llegó tras su estancia en Tierra Santa, en los años 1219 y 1220. Haber visto los lugares santos vinculados al nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Cristo hizo que esos misterios se le volvieran todavía más reales, y deseó recrear esa experiencia para que otros pudieran contemplarla.
En noviembre de 1223 —tres años antes de su muerte— san Francisco se encontraba en Roma esperando la aprobación del Papa a la regla definitiva de sus frailes. Aun así, el santo, fraile y diácono, conocía muy bien Greccio, un pueblo de colina situado aproximadamente a 50 millas al norte de Roma. Había llegado por primera vez más de una década antes y volvía con frecuencia para predicar a la gente de los campos cercanos. Con el tiempo, se construyó para él una ermita a corta distancia de la localidad.
Antes de regresar a esa ermita, dos semanas antes de Navidad, san Francisco pidió a su amigo Giovanni Velita —señor de Greccio— que preparase una cueva con animales vivos y un pesebre lleno de paja. También se indica que, durante su audiencia con el Papa, el fraile ya había obtenido permiso para representar la escena del nacimiento de Jesús en Belén.
La finalidad con la que san Francisco promovió aquella representación fue recogida por su primer biógrafo, el hermano Tomás de Celano, en una formulación muy precisa: «representar el nacimiento de aquel Niño en Belén de tal modo que, con nuestros ojos corporales, pudiéramos ver lo que padeció por falta de lo necesario para un recién nacido y cómo yacía en un pesebre entre el buey y el asno».
Así, en diciembre de 1223, en unos peñascos rocosos a poca distancia de Greccio, la gente acudió en gran número para contemplar la escena durante la Misa de Navidad. San Francisco, en cuanto diácono, proclamó el Evangelio y predicó la homilía. Los relatos describen un ambiente nocturno iluminado por hogueras, mientras las multitudes llegaban llevando velas y antorchas.
Se afirma además que, durante la Misa de aquella noche, habría ocurrido un milagro, según el testimonio de un testigo ocular. Giovanni Veleti sostuvo que vio aparecer un niño real en el pesebre vacío y que san Francisco tomó a aquel hermoso Niño en sus brazos, estrechándolo contra el pecho en un abrazo.
En el tiempo posterior, se atribuyeron otros hechos extraordinarios al contacto con la paja del pesebre donde habría aparecido el Niño Jesús. Se mencionan curaciones milagrosas al tocar esa paja, así como sanaciones producidas al colocar trozos de heno sobre animales enfermos o sobre mujeres con partos difíciles.
El lugar de aquella primera representación puede contemplarse todavía hoy en la ermita y santuario franciscano situados fuera del núcleo principal de Greccio. Se indica que la roca está coronada por un altar para celebrar la Misa y adornada con frescos que representan el nacimiento de Jesús.
El Papa Francisco visitó ese lugar en dos ocasiones: una vez en 2016 y otra el 1 de diciembre de 2019, cuando firmó una carta apostólica sobre el significado y la importancia de los belenes. En ese texto escribió: «Todos los presentes experimentaron una alegría nueva e indescriptible en presencia de la escena de Navidad. Luego el sacerdote celebró solemnemente la Eucaristía sobre el pesebre, mostrando el vínculo entre la Encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En Greccio no había estatuas; la escena de la Natividad fue representada y vivida por todos los que estaban presentes».
Dentro del santuario se menciona también la llamada Gruta de la Natividad, descrita como una estancia pequeña y sencilla. Bajo la mesa del altar se encuentra un hueco en la roca que, según la tradición, habría albergado la estatua del Niño Jesús que habría cobrado vida milagrosamente durante la representación dirigida por san Francisco.
Cada Navidad, los habitantes de Greccio realizan una recreación histórica en vivo de san Francisco y de la primera escena de la Natividad, y se afirma que esa representación anual está ya en su 50.º año.








