25.03.10

Oremos por el Papa

Oremus pro Pontifice nostro Benedicto XVIº:
Dominus conservet eum, et vivificet eum,
et beatum faciat eum in terra,
et non tradat eum in animam inimicorum eius.
Amen.

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“El Señor lo conserve y lo guarde y le dé larga vida y lo haga dichoso en la tierra y no lo entregue en manos de sus enemigos".

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Y no estaría de más rezar por la Iglesia, acudiendo a la intercesión de San José:

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Una iniciativa en un arciprestazgo rural

Se trata de una iniciativa muy sencilla, fruto de la coordinación entre diversos párrocos de un arciprestazgo, que aglutina comunidades cristianas pequeñas y rurales. Copio aquí el programa que han preparado para esta Jornada de la Vida:

XORNADA POLA VIDA
Arciprestado de Mondariz-Montes

JORNADA POR LA VIDA
Arciprestazgo de Mondariz-Montes

Con ocasión de celebrarse el día 25 de marzo la Jornada por la Vida, en la festividad de la Anunciación (9 meses antes de la Navidad) , las parroquias del Arciprestazgo de MONTES- MONDARIZ han organizado diversos actos, a los que cada uno puede unirse según sus posibilidades y circunstancias:

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24.03.10

25 de Marzo, la dignidad de la vida naciente

El pasaje evangélico de la Visitación de la Virgen a Santa Isabel pone ante nuestra consideración la venida de Cristo al mundo. Juan, en el seno de su madre, saluda al bendito fruto del vientre de María. La unión entre la Antigua y la Nueva Alianza se produce en la sencillez del encuentro de dos madres y del encuentro de los dos niños: “Son precisamente ellos, los niños, quienes revelan la llegada de la era mesiánica: en su encuentro comienza a actuar la fuerza redentora de la presencia del Hijo de Dios entre los hombres” (Juan Pablo II, Evangelium vitae, 45).

La presencia del Salvador se da en la humildad y en la debilidad de un niño todavía no nacido. Verdaderamente el Hijo de Dios se hizo semejante a los hombres, mostrándose igual que los demás hombres (cf Filipenses 2, 7). El misterio de la Encarnación hace aún más evidente la sacralidad de toda vida humana, y muestra la acción de Dios en cada una de las etapas de la formación y del desarrollo de la vida naciente.

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20.03.10

La verdad, la mansedumbre, la justicia

Homilía. V Domingo de Cuaresma (Ciclo C)

Jesús reúne en sí la verdad, la mansedumbre y la justicia: “Trajo por lo tanto – escribe San Agustín- la verdad como Doctor, la mansedumbre como Libertador y la justicia como Conocedor”. En el templo enseñaba, como Maestro, a todos los que acudían a Él (Jn 8,2). Enseñaba como quien tiene autoridad (cf Mt 7,29), perfeccionando la Ley y aportando su interpretación definitiva.

Incluso aquellos que se dirigen a Él para comprometerlo, los letrados y los fariseos, le llaman “Maestro” y le plantean cómo interpretar la Ley: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú, ¿qué dices?” (Jn 8,4-5).

La respuesta de Jesús no niega la justicia. Como comenta San Agustín: “No dijo no sea apedreada, para que no pareciese que hablaba contra la Ley. Tampoco dijo sea apedreada, porque había venido, no a perder lo que había encontrado, sino a buscar lo que se había perdido. ¿Pues qué responderá? ‘El que entre vosotros esté sin pecado, tire contra ella la piedra el primero’. Esta es la voz de la justicia. Sea castigada la pecadora, pero no por los pecadores. Cúmplase la Ley, pero no por medio de los mismos que la quebrantan”.

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18.03.10

San José, esposo de la Virgen María

Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María

“Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia” (Lc 12,42). Estas palabras de Jesús, que recoge el evangelista San Lucas, son aplicadas por la liturgia de la Iglesia a San José, esposo de la Virgen María. Él, con lealtad y sabiduría, supo asumir la responsabilidad que Dios le había confiado: José “hizo lo que le había mandado el ángel del Señor” (Mt 1,24).

¿En qué consistió esta responsabilidad? Fundamentalmente en cuidar de María y de Jesús: “No tengas reparo en llevarte a María, tu mujer… Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús”. Dios entrega a su propio Hijo, y a la Madre de su Hijo, a la custodia de San José. En su acción salvadora, Dios quiere contar con la colaboración de los hombres; de administradores fieles y solícitos que velen por su familia.

San José, sin ser el padre biológico de Jesús - ya que Jesús solamente tiene por Padre a Dios - , supo cumplir la misión de padre, de servidor de la vida y del crecimiento de aquel a quien Dios mismo le había confiado como hijo. En cierto sentido, todos los padres de la tierra reciben una encomienda parecida: servir a la vida y propiciar el crecimiento de sus hijos, a quienes, como colaboradores de Dios, han traído a la existencia. Los hijos no están confiados únicamente a la responsabilidad de las madres. También lo están a la responsabilidad de sus padres. Pero, más aun que de sus padres y de sus madres, los hijos son de Dios, pertenecen a Dios.

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