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18.09.17

(210) Puerta de ratonera

«—dije yo entre mí—. Al infierno vamos.

Y fue así, porque al punto nos hallamos dentro por una puerta como de ratonera, fácil de entrar e imposible de salir. Y fue de ver que nadie en todo el camino dijo “al infierno vamos"; y todos, en estando en él, dijeron muy espantados: “en el infierno estamos"» (Francisco de Quevedo, Los sueños)

En numerosos artículos de este blog hemos ido comprobando los muchos males que puede producir en el Cuerpo de Cristo la ambigüedad teológica de Amoris lӕtitia.  Por eso hemos calificado el momento actual de crisis de fe generalizada.

La tragedia está a la vista, y sólo a base de un obstinado espíritu avestrúcico podríamos pensar que todo va bien.

En realidad, la situación actual no deja de ser dramática. Porque, no es sólo que conferencias episcopales y obispos se estén sumando al principio heteropráctico que emerge de la mencionada ambigüedad; sino que justifican sus acciones como si fueran actos de obediencia al magisterio. Y esto es una trampa letal, en la que no debemos caer. 

Hermanos, la ambigüedad no es magisterio, como la cavilación personal tampoco lo es; no es magisterio el sí pero no también,  ni la indefinición entre el estado de pecado y el estado de gracia. No es magisterio una teología privada, no es magisterio un no magisterio; no es magisterio una suspensión de claridad en contra de un clarísimo magisterioPuede ser una reflexión pastoral, abierta y personal, pero no más que eso.

No faltan tampoco intelectuales, filósofos y teólogos, que defienden las tesis conflictivas de Amoris lӕtitia por medio de viejas heterodoxias, disimuladas de subjetivismo personalista; o utilizando filosofías postizas, elaboradas ad hoc para la justificación de lo injustificable.

 

Podemos contemplar lo peligroso de esta situación mediante una imagen: la puerta de ratonera. Por ella es fácil entrar, pero casi imposible salir. Una vez dentro se puede morir de sed, de asfixia, de angustia, atacado por serpientes, por inanición, o simplemente de nihilismo, de apostasía, de nada. Plantear excepciones a los actos intrinsecamente malos no es magisterio, sino un camino que conduce a una trampa. De la que será difícil salir, si no reaccionamos.

En definitiva, nos estamos metiendo en una ratonera, de la que será muy complicado liberarse. Desde luego, IMPOSIBLE sin la ayuda de Dios, y grandes sacrificios, ayuno, limosna, oración… Costará revertir la situación de crisis. Costará corregir la mala teología difundida, las excepciones —institucionalmente permitidas— a los actos intrínsecamente malos; costará darle la vuelta a la mala formación y a los prejuicios y tópicos situacionistas. Costará darle la vuelta a la crisis y reconsiderar Veritatis splendor, la gran ausente,  como síntesis de lo que siempre se ha creído y observado.

 

Lo dramático del caso, además, no es sólo la dificultad de revertir el proceso, sino la inadvertencia de la crisis. Como dice el pasaje de Quevedo, fue de ver que nadie en todo el camino dijo “al infierno vamos". Señores pastores, tengamos celo por las almas. Si no ponen perros que ladren y muerdan, muchas ovejas caerán.

Sólo queda una solución: no entrar por la puerta ancha de la ratonera. Retroceder, corregir el rumbo, advertir el infierno, atricionar las almas, predicar la fe, la ley moral, los mandamientos; fajarse virilmente y cancelar, sin miedo al martirio, una a una, todas las medidas ratoniles, y decir bien alto, como San Pío X en la Pascendi: guardar silencio ya no es decoroso. La gracia no habrá de faltar. 

NO entremos en la ratonera.

 
 

16.09.17

(209) Que hay que fajarse con gracia y doctrina

«Estad, pues, alerta, ceñidos vuestros lomos con la verdad, revestida la coraza de la justicia, y calzados los pies, prontos para anunciar el Evangelio de la paz. Abrazad en todo momento el escudo de la fe, conque podáis hacer inútiles los encendidos dardos del maligno. Tomad el yelmo de la salud y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios»  (Efesios 6, 14-17)

 

1.- Son cuatro, no tres, los enemigos: mundo, demonio, carne —y modernismo.

 

2.- El católico pacifista, ante Los Cuatro, no se faja; pasa a su lado desarmado; con muy buenas intenciones, eso sí, pero termina rajado —con su fe abierta en canal.

 

3.- Anomia, adulterio, ambigüedad. Los tres generales del enemigo interior. 

 

4.- La guerra contra mundo, demonio, carne y modernismo, tiene una bandera: Nuestra Señora Inmaculada, defensora de la Transubstanciación.

 

5.- Se faja el cristiano ante la apostasía con gracia y doctrina, y así defiende la ley moral. Que su custodia es razón de martirio.

 
 

8.09.17

(208) Idolatría negativa

«Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo» (Jn 17, 3)

 

1.- Nos hemos acostumbrado a que no nos parezca urgente la misión. Confiamos en exceso en las religiones caídas, falsas, adámicas.

 

2.- Hay que predicar la fe cristiana a los politeístas, para que abandonen las tinieblas en que viven y puedan salvarse.

 

3.- La idolatría es una perversión del sentido religioso natural del ser humano, y hace imposible la comunión de la persona con Dios.

Catecismo 2113 La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina (cf Gál 5, 20; Ef 5, 5).

2114: La idolatría es una perversión del sentido religioso innato en el hombre.

 

4.- Idolatría negativa o implícita: aquella que, sin rendir culto explícito a un ídolo, da a entender (por omisión) que puede haber verdad salvífica en él, que puede aprobarse en cuanto culto grato al Creador, o que puede ser compatible con la comunión con Dios.

 

5.- Iglesia, levántate y vuelve a predicar el Evangelio a todos los que no creen.

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31.08.17

(207) Inconveniencias eclesiales XV: equiparación de valores y mandamientos. Difundiendo el convencionalismo

El mundo aceptará la moral cristiana solamente en la medida en que ésta deje de serlo. La apostasía, en este sentido, es una asimilación al mundo, una disolución del principio católico en el espíritu del siglo.

Y es que el mundo deja de tener problemas con la moral que defiende la Iglesia si esta moral se despoja de su identidad, y se vuelve otra cosa. Y como la identidad de la moral cristiana se llama ley eterna, en la medida en que la Iglesia la minusvalore, desprecie, relativice y transmute en otra cosa, la moral cristiana será aceptada por el mundo, y el martirio evitado.

Por tanto, la difusión de una moral cristiana falsificada equivale a la difusión de una conversión al mundo, implícita y soterrada. Falsificada, es decir, sin ley. Haciendo proselitismo de la anomia, la ley moral queda silenciada, y el principio católico disuelto en el mundo y desaparecido. Se vuelve convencional, es decir, pactado con la mente secular: subjetivizado, inmanentizado, des-objetivizado.

Una manera de falsificar la moral cristiana, que es moral de vida y no de muerte, es confundirla con las ideas que acerca de ella tiene el mundo. Equiparando valores y mandamientos, por ejemplo. Transformando lo transcendente en inmanente, lo eterno en efímero, lo dado a priori en elaborado (o discernido) a posteriori. Considerando la ley natural un mero constructo mental, como son los valores, se desfigura la moral cristiana y se la transmuta en otra cosa: algo muerto y sin vida.

 

En el artículo de D. Rodrigo Guerra López, publicado en la Revista Medellín de la CELAM (el Consejo Episcopal Latinoamericano) dedicado a la exhortación postsinodal Amoris Laetitia, encontramos afirmaciones en este sentido. En Infocatólica, Bruno M., en un excelente artículo, ha demostrado el subjetivismo con que el autor pretende fundamentar el capítulo 8 del documento pontificio. Asimismo, el P. Francisco José Delgado, en un interesantísimo post, ha desvelado su probabilismo.

Yo quisiera detenerme a analizar, en esta ocasión, una afirmación relevante del artículo de Rodrigo Guerra. Tras afirmar que el cristianismo no es un moralismo, y que Jesucristo no puede reducirse a valores, sugiere una equiparación en clave convencionalista entre valores morales y preceptos de la ley moral. Cito en negrita las palabras de Rodrigo Guerra y las comento a continuación.

23.08.17

(206) No perdamos el camino. Cómo conducirse en la crisis

Conducirse en medio de una crisis no es tarea fácil. Pero es posible por la gracia. Lo principal es no perder el camino heredado, y atenerse a él. Teniendo en cuenta la advertencia del Señor: «Sin Mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5).

No desconfiemos de la Iglesia. Es Madre y Maestra, como la Inmaculada Concepción, su figura y signo de predestinación. A ella, que es nuestro faro, confiamos las naves en la tormenta.

 

Toda crisis es un extravío, un oscurecimiento del camino. Pero la sana doctrina católica es brújula, conforme nos enseñaron:

«¿Qué es la doctrina cristiana?

Doctrina Cristiana es la doctrina que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo para mostrarnos el camino de la salvación.» (Catecismo de San Pío X, 3)

 

De nuestro entendimiento de la crisis depende, en gran parte, que no perdamos el camino.

1.- Si por crisis entendemos un cambio profundo, de consecuencias importantes, entonces hay que permanecer inmóvil, para que lo inmutable prevalezca sobre la mutación.  Para ello, es necesario aferrarse a la Tradición y a las tradiciones. Cultivar nuestra mente bíblico-tradicional. Pisar fuerte, donde el Magisterio pisó fuerte.

 

2.- Si por crisis entendemos la intensificación de los síntomas de una dolencia, entonces hay que mantenerse sano a toda costa. Para ello, es necesario aferrarse a los sacramentos y a los sacramentales. Sea la santa Eucaristía cumbre y fundamento de nuestra vida cristiana, y la confesión, bautismo trabajoso por el que recuperamos el estado de gracia. Una buena provisión de agua bendita es importante, para limpiar el sendero de demonios y que florezcan botánicas, frescor y verdor. Y fomentar el culto de dulía, bandera de catolicidad: que buenas luces proceden de la Comunión de los Santos.

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