InfoCatólica / La Mirada en Perspectiva / Categoría: Sin Categorías

11.02.17

(163) Intoxicación situacionista de la mente católica. Tres remedios

El situacionismo es un agente tóxico en la mente católica. Su alta toxicidad consiste en una potente capacidad para producir fallos de sistema en la teología moral, al entrar en contacto con ella. 

 —Intoxicación es la palabra exacta para definir lo que está ocurriendo a la mente eclesial. Es el estado de la mente católica bajo los efectos perjudiciales del situacionismo teológico.

El grado de toxicidad de una idea extraña a la doctrina católica puede determinarse en base a tres factores:

1.- La toxicidad propia de la idea: su especie de error, que determina el grado de efecto tóxico y la gravedad de los daños que puede producir.

2.- Dosis de tóxico que recibe la mente católica.

3.- Estado de debilidad e indefensión en que se encuentra en el momento de recibir el tóxico.

Pues bien, teniendo en cuenta estos tres factores, calificamos la intoxicación actual como grave, pues 1) alta es la toxicidad del situacionismo, 2) alta es la dosis que ha recibido la mente católica desde Häring hasta Amoris Lætitia, y 3) alto es el grado de debilitamiento e indefensión de la mente católica en las actuales circunstancias, lo que la vuelve más vulnerable a la agresión de la toxina.

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3.02.17

(162) Seamos prudentes

 En este post voy a comentar respetuosa y constructivamente algunas cuestiones suscitadas por un artículo de D. José Antonio Ullate publicado en Alfa y Omega, titulado Amoris lætitia y el canon noveno del Concilio de Elvira, aunque ya se publicó en InfoCatólica una excelente crítica del P. Francisco José Delgado, la cual a su vez fue replicada por el sr. Ullate con el artículo Seamos sobrios, también publicado en Infocatólica.

Sin dudar por supuesto de la buena intención del Sr. Ullate al publicar ambos posts, creo que genera más y nuevos problemas que soluciones, pues en cierto modo reduce la cuestión de las excepciones a los actos intrínsecamente malos a un asunto meramente histórico y/o disciplinar, como si ello fuera posible y no atentara contra la doctrina de la Iglesia.

La doctrina situacionista de Amoris lætitia me parece un asunto muy grave, ni mucho menos secundario o anecdótico.  El autor aludido no parece entenderlo así, pues en su réplica en InfoCatólica califica de “algarabía” el rechazo eclesial que ha producido  Amoris lætitia, sobre todo su capítulo VIII.

 

I.- ¿ES JUSTO CALIFICAR DE “ALGARABÍA” EL RECHAZO ECLESIAL DE CIERTOS PUNTOS DE LA AMORIS LÆTITIA?

El rechazo que en muchas mentes católicas ha producido esta  exhortación apostólica no es un rechazo arbitrario ni impertinente, sino ECLESIAL. Y no sólo porque se han comprometido en él notables personalidades de la docencia, la teología, la filosofía, la cultura católicas, sino porque hay miembros de la Jerarquía apostólica que han presentado formalmente una serie de Dudas al documento. Dudas que solicitan con toda razón y prudencia una aclaración por parte del Sumo Pontífice, hasta ahora no conseguida.

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30.01.17

(161) Moral de globalidad: el tiempo es superior al espacio

La teología moral situacionista, según hemos visto en anteriores posts, diluye la moralidad del acto concreto en el fluir temporal de la existencia humana. Supone un desplazamiento del criterio moral: pasa indebidamente de cualificar moralmente el acto puntual, a sumergirlo en un todo vital, de forma que la transgresión quede diluida en el conjunto de vivencias personales.

De esta forma, la ilicitud del acto se decolora en el flujo de la existencia. Así, parece que, decolorado, no interrumpe el proceso de maduración, y se puede crecer en gracia y virtudes aun posicionándose puntualmente contra la ley moral.

Esta tesis parece estar presente de una manera u otra en las páginas de Amoris lætitia. Entre sus largos y prolijos parágrafos, apenas se encuentra referencia alguna a los actos concretos de adulterio, sino al “obrar”, a “la existencia concreta", al “camino", etc.. Esto resulta llamativo en el muy comentado y ya célebre punto 304:

«Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general, porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano. »

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19.01.17

(160) Normas generales, valores y actos intrínsecamente malos

En este post vamos a comentar muy brevemente la relación que existe entre el punto 304 de Amoris lætitia y el punto 5 de la Sección primera de la Parte tercera de La ley de Cristo, de Bernhard Häring.

 

I.- MINUSVALORAR LA LEY MORAL EN FAVOR DE VALORES MÁS ELEVADOS

En Normas y discernimiento, capítulo VIII de Amoris lætitia, punto 304, se enseña que el obrar de una persona no puede discernirse atendiendo “sólo” a su conformidad con “una ley o norma general", porque hay que considerar, además, unos valores que hay que salvaguardar:

«Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general, porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano. […] Al mismo tiempo, hay que decir que, precisamente por esa razón, aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma. Ello no sólo daría lugar a una casuística insoportable, sino que pondría en riesgo los valores que se deben preservar con especial cuidado»»

 

Pues bien, esta idea enseñada en A.L. 304: la inconveniencia, por legalista o rigorista, de aplicar “sólo” la ley moral al caso para no descuidar valores supuestamente fundamentales,  es enseñada por Bernhard Häring, por ejemplo en La ley de Cristo, en el subcapítulo Normas generales y normas particulares. En este y otros pasajes de su obra, el teólogo redentorista pretende fundamentar la moral cristiana no en la ley moral, sino en la teoría de los valores:

«Quien sólo se fije en las fórmulas normativas, sin atender al valor que las fundamenta, llegará a una moral muerta, por no ser más que legalista. Se hará la ilusión de que con el cumplimiento formal de las normas más generales (que por su generalidad misma suelen expresarse negativamente) habrá satisfecho las exigencias de la moralidad entera. » (La ley de Cristo, Parte tercera, Sección primera, 5)

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12.01.17

(159) Inconveniencias eclesiales, XIII: el rechazo del proselitismo

El misterio de la Iglesia es un misterio de mediación. Dios Uno y Trino, para justificar al ser humano caído por el pecado, establece en Cristo un orden de mediaciones salvíficas. La Iglesia, por ser mediación, es también visible. Por ser mediación, tiene un elemento humano. Por ser salvífica, es necesaria.

Cristo, el único Mediador, participa a su Iglesia de su única Mediación, de forma que yendo a su Iglesia se va a Él.

«Cristo, el único Mediador, instituyó y mantiene continuamente en la tierra a su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y caridad, como un todo visible, comunicando mediante ella la verdad y la gracia a todos. Mas la sociedad provista de sus órganos jerárquicos y el Cuerpo místico de Cristo, la asamblea visible y la comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con los bienes celestiales, no deben ser consideradas como dos cosas distintas, sino que más bien forman una realidad compleja que está integrada de un elemento humano y otro divino» (Lumen gentium 8)

—Ser mediación es servir de cauce a algo más grande que la propia mediación. Como ventana, remite a algo que la transciende y está más allá de ella. —Es el sentido del culto de dulía: se veneran personas, doctrinas, objetos que sirven de instrumento del poder de Dios.— La ventana es instrumento de la visión del paisaje: conduce la mirada más allá de sí misma, es medio de acceso. Y siendo visible, es a la vez invisible. De esta forma, se venera la mediación en cuanto instrumento de Dios. La Iglesia, en cuanto mediación en el Mediador, está en el mundo como instrumento querido por Dios, y al mismo tiempo lo transciende; no es fin, sino medio.

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