InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Febrero 2017

18.02.17

Reseña: “Beato Manuel Lozano Garrido. Obra y gracia de la evangelización desde el sufrimiento”

Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Obra y gracia de la evangelización desde el sufrimiento                 Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo Obra y gracia de la evangelización desde el sufrimiento

Título: Beato Manuel Lozano Garrido. Obra y gracia de la evangelización desde el sufrimiento.

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Lulu

Páginas: 130

Precio aprox.: 5 € en papel – 1€ formato electrónico.

ISBN:  580012111105, papel; 978-1-326-95044-6, electrónico

Año edición: 2017

Los puedes adquirir en Lulu

 

Beato Manuel Lozano Garrido. Obra y gracia de la evangelización desde el sufrimiento” - de  Eleuterio Fernández Guzmán.

 

Permítasenos que, como recensión de este libro sobre el Beato Lolo, traigamos aquí la Presentación que, del mismo, se hace en sus páginas.

      

“El dolor es como una espuela, que levanta y, aquel que se pone de pie, vuelve a estar nuevamente cerca del Cielo, de cara a la realidad del Padre.”

 (“Reportajes desde la cumbre”)

 

Con temor y temblor comienzo a escribir lo que ha de ser un homenaje sentido a un hombre de fe, a un sufriente en vida y a un santo en existencia.

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17.02.17

Serie “Caminando con Jesucristo” - 11. - Conformados a Cristo - Obrar la verdad

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Muchas son las veces que se han hecho comentarios o meditaciones a los Evangelios; muchos los autores, entre ellos santos y otros estudiosos que han dedicado su atención al contenido de determinados momentos de la vida pública de Jesucristo, Dios que, encarnado, vivió entre nosotros. 

Así, quien surgió del Jordán glorioso y aclamado por su Padre para, de forma inmediata, adentrarse en el desierto de las tentaciones del Maligno y surgir liberado de tan nigérrimo yugo dio más que motivos para que, a lo largo de los siglos muchas páginas se hallan escrito sobre aquellos acontecimientos claves para la historia de la humanidad. 

Cristo, aclamado como quien tenía que venir en su entrada gloriosa en Jerusalén en el inicio de su Pasión es el mismo que, años antes, acudiera con sus primeros discípulos a la boda de Caná. Allí su madre, María esposa de José, le conminó a que dejase su anonimato y acudiera en rescate de aquellos sus primeros beneficiados con el hacer de su corazón; allí también se sometió a su autoridad al convertir aquellas tinajas en el vino que, para entonces, ya escaseaba en la celebración nupcial. 

Los primeros pasos de Jesús tuvieron mucho de enseñanza para aquellos discípulos que todo dejaron para seguirle. Si el discípulo amado siguió, a la voz del Bautista, al cordero de Dios, el resto de sus compañeros de viaje espiritual no dudaron en no mirar hacia atrás y dejaron, cada cual según su oficio u ocupación, la tarea que hasta entonces les había hecho ganar la vida para hacer lo propio con la eterna haciéndose pescadores de hombres. 

Hemos procedido como Dios nos ha dado a entender, en el buen sentido de la palabra, en el quehacer misterioso pero real de Jesús, Dios entre nosotros que es lo que, de una forma o de otra, ha marcado la historia sucesiva del hombre y ha cumplido lo que de Él recogía lo que denominamos Antiguo Testamento y que no es más, ni menos, que la manifestación, por escrito, de la inspiración del Espíritu Santo en manos de sus autores y que, por eso mismo de ser anticipación de la venida de Cristo, es Verdad con Él. 

No es menos cierto, por otra parte, que los primeros pasos de Cristo en compañía de sus discípulos, no están exentos de aprendizaje por parte de los mismos. Por eso, en tanto en cuanto no eran capaces de asimilar la doctrina de perfección de la Ley de Dios que había venido a transmitir el Maestro, no cejaron en tratar de llevarse a sus corazones la impresión de que los momentos que estaban viviendo eran algo más que el hecho de acompañar a una persona especial porque, al menos eso sí pudieron comprender, no les quiso engañar al decirles que tenía palabras de vida eterna y que, si prestaban atención, a lo mejor eran capaces de fijar en su alma algunas de ellas. 

A partir de ahora, pues les dejamos con un acercamiento, seguramente personal pero no por eso ajeno a mi prójimo, de lo que Jesús supuso, ya entonces, para los que todo dejaron de lado para seguirlo y se hace la recomendación de sentirse como inmerso en las diversas situaciones a las que se va a hacer referencia para aprehender, de primera mano, lo que pudieron sentir aquellos que escuchaban a Jesús y hacer, de su enseñanza, una perfecta forma de vida. 

Al fin y al cabo, el camino que recorrió el Hijo de Dios es el mismo que nosotros debemos anhelar recorrer. Es más, el destino del mismo, la vida eterna, es exactamente el mismo.

  

11. - Conformados a Cristo - Obrar la verdad

 

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Jesús mantiene una conversación con Nicodemo en la que se plantean cosas que este destacado judío no llega a entender: salvación, agua, Espíritu, nacer de nuevo… 

En este nacer de nuevo se encuentra la clave de toda la predicación del Mesías. Para alcanzar el reino de Dios, que ha había llegado a ellos, era preciso acabar con el hombre viejo, dejar atrás esas prácticas que hasta entonces habían llevado a cabo y ser, así, una raíz nueva que arraigase en la tierra que Dios dio a su pueblo. Pero esto no era entendido por Nicodemo. Y la verdad, es que no es de extrañar. ¿Cómo puede uno nacer siendo viejo? (Jn 3, 4), pregunta el importante miembro de la comunidad. Otra vez, como tantas otras veces, se impone la humana visión sobre las cosas. Claro está que el Enviado no se refería, en sentido estricto, a volver al seno materno sino a ser otro hombre, a tener otra naturaleza, otra actitud ante las cosas de la vida. Al fin y al cabo, lo que pretendía Jesús era hacer comprender a Nicodemo que el discurso escatológico, es decir que lo era referido al más allá, se podía aplicar al ahora, a su ahora, a su ya, a su misma persona. 

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16.02.17

El rincón del hermano Rafael – “Saber esperar”- Lo que debe interesarnos

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

“Saber Esperar” - Lo que debe interesarnos

“Los hombres están tan ocupados en sus mezquinos intereses, que poco a poco le van olvidando. Dios para ellos es una cosa de segunda categoría".

No hay nada mejor que conocer al ser humano para retratarlo a la perfección. Y el hermano Rafael, seguramente por conocerse a sí mismo, muestra en este texto que, efecto, sabe de lo que habla.

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15.02.17

Serie “Santos y Beatos” - San Onofre, ermitaño - 2. Conocer al maestro

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En su infinita Sabiduría, el Padre Dios ha sabido suscitar, a lo largo de los siglos, de entre sus hijos, a una cantidad relativamente significativa de los mismos para demostrarnos que no es imposible ser fieles a su Voluntad. Tales de entre nosotros han subido a los altares y, bien como santos bien como Beatos, nos muestran un camino a seguir.

Debemos decir, como es bien conocido y para que nadie se lleve a engaño, que los Santos y Beatos que a lo largo de la historia de la catolicidad han sido tales no siempre han llevado una vida perfecta porque como hombres o mujeres han podido tener sus momentos espirituales de cierta caída. Al fin y al cabo también eran pecadores.

Pues bien, el emérito Papa Benedicto XVI, en la Audiencia General del 13 de abril de 2011 dijo esto que sigue acerca de la santidad:

“La santidad, la plenitud de la vida cristiana no consiste en realizar empresas extraordinarias, sino en unirse a Cristo, en vivir sus misterios, en hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos. La santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya. Es ser semejantes a Jesús, como afirma san Pablo: ‘Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo’ (Rm 8, 29). Y san Agustín exclama: ‘Viva será mi vida llena de ti’ (Confesiones, 10, 28). El concilio Vaticano II, en la constitución sobre la Iglesia, habla con claridad de la llamada universal a la santidad, afirmando que nadie está excluido de ella: ‘En los diversos géneros de vida y ocupación, todos cultivan la misma santidad. En efecto, todos, por la acción del Espíritu de Dios, siguen a Cristo pobre, humilde y con la cruz a cuestas para merecer tener parte en su gloria’ (Lumen gentium, n. 41).”

Pues bien, aquellos hermanos nuestros que vamos a traer aquí han sabido cumplir lo mejor posible lo que nos dice el Papa. Seamos, nosotros mismos, fieles en lo poco para poder serlo en lo mucho.

 

San Onofre, ermitaño - 2. Conocer al maestro

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Onofre se interna en la soledad del desierto. Es de imaginar que tuvo que vencer numerosos obstáculos y, además, saber soportar la fatiga que aquel camino le estaba provocando.

Había caminado unas siete millas cuando se encuentra con una cabaña cuya puerta estaba cerrada. Llama a la puerta y un anciano venerable la abre. Tiene una barba larga y canosa. Onofre se da cuenta de que está en presencia de un ermitaño, un hombre santo, y cae postrado a sus pies lleno de admiración y gozo.

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14.02.17

Un amigo de Lolo – No cabe el egoísmo espiritual - ¡Novedad de última hora!

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Libro de oración

 

En el libro “Rezar con el Beato Manuel Lozano, Lolo” (Publicado por Editorial Cobel, www.cobelediciones.com ) se hace referencia a una serie de textos del Beato de Linares (Jaén-España) en el que refleja la fe de nuestro amigo. Vamos a traer una selección de los mismos.

No cabe el egoísmo espiritual 

“Lo único que no admite fronteras es el afecto de los hombres. Cuando pensamos en latir sólo para los hermanos, para los amigos, para los padres, nosotros mismos le estamos dando a esa caricia de la sangre el nombre de egoísmo y, amor y egoísmo junto, ya se sabe: dinamita.(”Un corazón como el Universo" de “Desde este lado de la tapia").

Seguramente la teoría la sabemos muy bien. En realidad, cualquier católico habrá escuchado mucho eso de que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos. Y cualquiera diría, también, que o bien nos amamos muy poco a nosotros mismos o, en realidad, el prójimo nos importa menos de lo que decimos.

Nuestro Beato Manuel Lozano Garrido, que en su vida ha mostrado gran afecto por el otro, sabe a qué debemos atenernos. Y no es, precisamente, a ser rácanos a tal respecto sino a dar una medida bien llena de lo que supone, a fin de cuentas, amar al prójimo.

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