El acto libre

El artículo precedente explicaba que el acto voluntario o elemento volitivo es aquel que procede del sujeto, con conocimiento e intención del fin y sin coacción externa. La voluntad puede ser expresa o implícita. en diversos grados (actual, virtual o habitual) o interpretativa. La razón de moralidad del voluntario la da el fin último, pero únicamente a través de medios lícitos (el fin no justifica los medios).

La licitud del voluntario indirecto (aquel acto que da un efecto bueno y otro malo) se valora en función de que el efecto buscado debe ser siempre el bueno, el fin debe ser honesto, y el efecto malo debe tener justificación proporcionada. Para imputar un efecto malo en estos casos, este debe ser previsible, y traer posibilidad y obligación de impedirlo.

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Definición de acto libre

Todo acto libre es voluntario, pero la búsqueda de la felicidad (véase este artículo) es el único acto voluntario no libre (todos los hombres la buscan por naturaleza).

La libertad es la facultad de obrar o no, y de hacerlo de un modo u otro.

Implica necesariamente la preferencia por obrar de un modo determinado (fin) y la inmunidad a los obstáculos que puedan impedirlo (medio).

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División de la libertad

1) Según naturaleza:

1.A. Libertad física o capacidad: es la posibilidad material de ejecutar una acción. Por ejemplo, la de una mano para asir un instrumento, que faltará en el caso de un manco. La compartimos con el resto de seres vivos. Su fin puede ser bueno o malo (es indiferente per se).

1.B. Libertad moral: la acción voluntaria del ser que no está limitada por ley o mandamiento. Por ejemplo, la de escoger entre comer carne o verdura. Solamente puede tener un fin bueno.

2) Según vínculo:

2.A. Libertad ab extrínseco o de coacción: aquella libre de un vínculo externo que la impide. Hasta que no sea desatado, un sujeto no puede tomar un instrumento con su mano.

2.B. Libertad ab intrínseco o de necesidad: aquella libre de un vínculo interno que la subyuga. No podrá escoger entre carne o verdura el católico en viernes de cuaresma por una ley eclesiástica, que le obliga a la abstinencia de carne.

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Libre albedrío

La libertad moral y ab intrínseco es la libertad propiamente interna, y se le denomina libertad psicológica o más popularmente libre albedrío. Tiene tres componentes:

1. Libertad de ejercicio: la de obrar o no obrar.

2. Libertad de especificación: la de hacer un bien u otro distinto.

3. Libertad de contrariedad: la de hacer un bien o un mal moral.

[Como ya se ha comentado, el ser siempre busca el Bien en sus actos, por tanto, la libertad de contrariedad consiste en el acto de sopesamiento de las consecuencias malas de los actos, o de la verdadera naturaleza bondadosa o maligna de los fines buscados.]

Por tanto, la esencia del libre albedrío es, precisamente, el dilucidamiento moral de los actos y sus fines en orden a lograr un bien.

La libertad es una potencia de la Voluntad. Pero su raíz es el entendimiento, que presenta a la voluntad los objetos con un juicio indiferente (porque ninguno de ellos es Bien absoluto o perfecto, salvo la felicidad beatífica, o sea Dios). Entre esos objetos, la voluntad elige aquellos que le parecen más apetecibles.

El entendimiento pertenece a la razón- propia del ser humano racional-, por lo que la raíz de la libertad está en la naturaleza humana.

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Existencia de la libertad

Proposición:

El ser humano no goza de verdadera libertad, y todas sus acciones se hallan dirigidas o impedidas de forma externa (determinismo fatalista). O bien, el ser humano posee libre albedrío, pero el pecado original- el afán de ser Dios- lo ha dañado de forma irreparable (protestantismo y jansenismo).

Refutación:

Por la Sagrada Escritura: “El hizo al hombre en el principio y lo dejó librado a su propio albedrío. Si quieres, puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada. El puso ante ti el fuego y el agua: hacia lo que quieras, extenderás tu mano. Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera”. (Eclesiástico 15, 14-17).

Por el Magisterio de la Iglesia: “si alguno dijere que el libre albedrío del hombre se perdió y extinguió después del pecado de Adán, o que es cosa de sólo título, o bien título sin cosa, invención, en fin, introducida por satanás en la Iglesia, sea anatema”. Definición dogmática del Concilio de Trento (Denzinger, 815).

Por la razón natural: La naturaleza humana tiende necesariamente al Bien perfectamente presentado; pero ante el Bien imperfectamente presentado, puede apetecerlo por sus aspectos atrayentes, o rechazarlo por sus defectos. Por tanto, la voluntad del hombre no es libre frente al Bien absoluto (perfecto), al que siempre tiende, pero sí lo es frente a los Bienes particulares (incompletos y parciales), que puede escoger o rechazar. La experiencia de cada persona le muestra que tiene la posibilidad de elegir en sus actos morales, ergo los bienes corrientes son imperfectos, y por tanto existe el libre albedrío.

[El mandato de la madre (no salir de casa pasada una hora de la noche), aunque sea para el bien superior de su hija (evita que sea asaltada o molestada), puede ser rechazado por esta por restringirle otros bienes apetecibles (reunirse con sus amigas, o acudir a una sala de fiestas de horario nocturno).]

Asimismo, como antes se ha señalado, la raíz de la libertad es el entendimiento, potencia de la razón humana.

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Esencia del libre albedrío

La esencia de la libertad es que la voluntad humana pueda elegir. Para ello debe, en orden de menor a mayor plenitud:

1) Estar libre de coacción extrínseca.

2) Poseer libertad de ejercicio (capacidad de obrar o no)

3) Poseer libertad de especificación (posibilidad de elegir igualmente un objeto u otro).

4) Poseer libertad de contrariedad (entre el bien y el mal).

Coinciden los moralistas en que las dos primeras son indispensables, pero sin la libertad de especificación, la libertad resultante es muy pobre e incompleta. Cuando la voluntad puede escoger entre dos bienes aquel más apetecible (libertad de especificación), la libertad adquiere su plenitud natural.

En cambio, la libertad de contrariedad, esto es, la posibilidad de escoger el mal, no supone perfeccionamiento de la misma. Afirma Santo Tomás que lo propio del ser es obrar conforme a su naturaleza, siendo esta la verdadera libertad. La posibilidad de obrar contra la propia naturaleza por impulso ajeno, le conduce, por consiguiente, a la esclavitud.

La naturaleza del hombre está llamada a su plena unión con Dios, que es el Bien absoluto. Por tanto, contrariar su naturaleza genuina es cercenar su propia libertad. Escoger el mal (pecar) supone por tanto esclavizarse (Jn 8, 34). La posibilidad de escoger el mal implica en realidad una disminución de la libertad.

Dios, que es absolutamente bueno, es también absolutamente libre.

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Resumen

Todo acto libre es voluntario. La libertad es la capacidad de obrar o no hacerlo, y de escoger una opción u otra.

Según su naturaleza puede ser física (la mera capacidad) o moral (la elección), y según el vínculo limitante, puede ser externa (libre de coacción) o interna (libre de mandato). A la libertad moral e interna se le llama libre albedrío.

El libre albedrío tiene tres componentes: la libertad de ejercicio (o capacidad), que es indispensable; la libertad de especificación (o elección entre dos bienes), que es la que da plenitud al libre albedrío; y la libertad de contrariedad (obrar el mal o el bien), específica del ser humano desde el pecado original, y que es la que puede hacernos esclavos del pecado.

La existencia de verdadero libre albedrío, y de su persistencia (aunque dañado) en la naturaleza del hombre tras la caída, es dogma de la Iglesia católica, presente en las Sagradas Escrituras y accesible por la razón natural.

12 comentarios

  
josep
somos libres pero nuestra libertad está condicionada.....
04/01/17 9:35 PM
  
Mario
"Por tanto, la voluntad del hombre no es libre frente al Bien absoluto (perfecto), al que siempre tiende, pero sí lo es frente a los Bienes particulares (incompletos y parciales), que puede escoger o rechazar."

¿Son los Mandamientos Bienes particulares, incompletos y parciales?
Desgraciadamente la criatura sí puede rechazar el Bien absoluto. La gente cumple con los mandamientos para no contristar a un Dios que nos ama y, también, por querer estar en paz con Él mediando el resto de la humanidad. La satisfacción natural del bien realizado, como algunos dicen, resulta pobre e incompleta como puede observarse en quienes dan limosna por ese motivo. Se obedecen los mandamientos por su contenido pero, sobretodo, por venir de Quien vienen. Por eso obligan en conciencia.

Nadie rechaza el bien natural inherente a ellos (no mentir, no robar, no blasfemar, etc.) y por eso aducen la no existencia de Dios para no observarlos. Es decir, se niega el Bien más Absoluto para poder negar la supremacía de los Bienes que de Él se derivan. Por eso la presencia de Dios, o de la Virgen, o de los ángeles o de sus santos puede resultar muy incómoda o incluso insoportable para algunos, más por temor que por otra cosa.

Es decir, negar la voluntad del hombre frente al Bien Absoluto es la mayor negación que puede darse de su libre albedrío que, como bien dice, tiene su raíz en el entendimiento y, por eso, puede desentenderse de Él. Hay personas que han sido favorecidas por un milagro y cuya vida cristiana no ha mejorado desde entonces.

La respuesta más precisa y escolástica ante quien nos tienta es: "No, no quiero (contristar) y no debo (temor) aunque pueda, eso es pecado." El fundamento de la vida moral es el amor a Dios, el amor a los demás y el amor a uno mismo y eso es lo que se evalúa en un acto moral y no siempre por la norma explícita. El principio moral no es "hacer el bien y evitar el mal" pues, a veces, uno no se sustrae de un mal por hacer un bien. El principio moral básico es "haz o no hagas a los demás lo que quisieras que te hicieran o no te hicieran a ti mismo".

Voy por la calle paseando y encuentro en una papelera un billete de lotería premiado con una cantidad de dinero importante ¿Podría cogerlo y cobrarlo? ¿Por qué?

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LA

La doctrina católica considera que el hombre no puede rechazar el Bien absoluto. La naturaleza humana, herida por el pecado original, no es capaz por sí sola de tener entendimiento pleno, por lo que la voluntad yerra por falta de conocimiento, no porque no busque el Bien absoluto (la felicidad).

Yerra, bien porque no ve a Dios en las obras buenas; bien porque no cree que exista Dios.

En el primer caso, por obnubilación a causa del pecado. Normalmente, supone una cesión parcial o total a la concupiscencia, que domina a la persona que no está en Gracia.
En el segundo caso, por falta de fe. La fe es una virtud sobrenatural, pero humana: ni las almas bienaventuradas, ni los ángeles (o los demonios) tienen fe, porque no necesitan confiar. Ven a Dios con sus propios ojos.
En cambio, los hombres (salvo unos pocos escogidos) no tenemos una experiencia sensible de Dios, sino espiritual. Quien no tiene fe, no ve a Dios.
No conozco ningún ateo-escéptico que no me asegure que creería en Dios si pudiera "verlo y tocarlo", es decir, tener experiencia directa de él (alguno que otro hay que la ha tenido).

Con todo, tanto la Gracia como la Fe son dones de Dios, por tanto, el hecho de que unos hombres tengan y otros no (y en diversos grados), no deja de ser un misterio.

En resumen, que la Iglesia cree que los que rechazan a Dios no están rechazando el Bien absoluto, al que en igual caso tienden, sino la percepción errada de Dios que tienen a causa del pecado original. Por ello, rechazan bienes parciales, imperfectos e incompletos.

Ello no limita en absoluto la responsabilidad del hombre, pues Dios, por ley natural y revelada, ha dejado suficientes indicios para que el alma que busca rectamente la Verdad, le encuentre: la Iglesia y los sacramentos. El impío se condena, porque rechazar el Verbo es rechazar a Dios.

Saludos.


04/01/17 11:42 PM
  
Ricardo de Argentina
¡Muy buena síntesis, muchas gracias!

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LA

A tí.

Pero el mérito es de don Antonio Royo Marín, de cuya obra "Teología moral para seglares " (BAC editores), es resumen toda esta serie de artículos.
05/01/17 12:45 AM
  
Mario
"La naturaleza humana, herida por el pecado original, no es capaz por sí sola de tener entendimiento pleno, por lo que la voluntad yerra por falta de conocimiento, no porque no busque el Bien absoluto (la felicidad)."

La naturaleza humana, herida o no por el pecado, con entendimiento pleno acorde a esa misma naturaleza puede rechazar el Bien Absoluto. Pregúnteselo a Adán, "me engañó la mujer" o a Eva "me engañó la serpiente". Ambos mentían porque su intención era "ser como Dios".

Cae usted en el mismo error que Luzbel antes de convertirse en Lucifer, el determinismo en orden a la Salvación. La predisposición al mal ya existía antes del pecado original porque es inherente al ser creado. Esa posibilidad "comer del árbol del bien y del mal" es el último acto de la Creación de un hombre libre y que, por ello, puede amar.

Y no diga que es "doctrina católica" o "la Iglesia cree" porque la acción de la gracia sobre la libre voluntad sigue siendo objeto de estudio entre distintas escuelas teológicas. (ec.aciprensa.com/wiki/Molinismo)


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LA

"La predisposición al mal ya existía antes del pecado original porque es inherente al ser creado."

Se llama pecado original porque es el primero. Por tanto, no hubo pecado antes que este, y por consiguiente, no hubo mal anterior, ni muerte hasta este primer pecado.

Los seres creados sin espíritu no pueden obrar el mal, por tanto su aseveración es incorrecta. Muy al contrario: la creación es buena per se. Es la libertad de contrariedad la que permite el mal a los seres racionales y espirituales.
Otra cosa es afirmar que Dios crea seres predispuestos a obrar contra Él. Sería atribuirle imperfección al que es Toda Perfección. No puede ser.

Adán y Eva escogen intentar ser como Dios porque creen que ser dioses es el Bien Absoluto, no porque piensen que ser como Dios es malo. Su entendimiento se ciega, su voluntad yerra, no confían en Dios y por eso pecan de soberbia.

Saludos.
05/01/17 2:06 PM
  
Mario
"Los seres creados sin espíritu no pueden obrar el mal, por tanto su aseveración es incorrecta". Esto no lo he dicho en ningún sitio.

Predisposición no es la palabra adecuada, posibilidad sí la es.
En Adán y Eva la naturaleza humana llega su plenitud cuando tuvieron la posibilidad de pecar. Sin el mandato divino de "no comer del árbol" no hubiesen sido realmente hombres. Decir lo contrario sería negar el libre albedrío de nuestros primeros padres. De hecho, no se acercan al árbol por las palabras de la serpiente sino por las palabras de Dios siendo el demonio quien les confunde en su razonamiento. No puede decirse lo mismo de Lucifer pues no había mal previo a su existencia.

Porque, ¿cuál es el Bien Absoluto para un hombre, obedecer a Dios o ser como Dios? Rechazan el Bien Absoluto, comprendido según su naturaleza, por un Bien Parcial, legislar moralmente, con la diferencia de que del primero tenían experiencia y del segundo no. ¿Podían considerar que comer del árbol del bien y del mal era un bien superior a la orden del Creador? Lo dudo. Y no lo hacen hasta que interviene la serpiente que es la que "les abre los ojos".

No hay bien espiritual apetecible alguno en la comisión de un pecado. Lo que hay es una apetencia, mala por no ser acorde a su naturaleza, del ser creado a sustituir al Ser Creador que no puede ser satisfecha sin subvertir el orden natural y sobrenatural. Conocer el bien y el mal no es malo pero hacerlo a expensas del mandato divino sí. El árbol no era malo per se pero sí comer de él. Y sí, el pecado ya existía en el mundo, "Multiplicaos y dominad la tierra", pero no en la naturaleza humana hasta el pecado original.

Feliz día de la Epifanía.


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LA

""Los seres creados sin espíritu no pueden obrar el mal, por tanto su aseveración es incorrecta". Esto no lo he dicho en ningún sitio."

Me refería a esta frase:

"La predisposición al mal ya existía antes del pecado original porque es inherente al ser creado".

Sobre que la plenitud de la naturaleza humana llega cuando el libre albedrío permite pecar, no estoy de acuerdo: precisamente el ser humano que obedece a Dios es el más pleno. A mi juicio, el libre albedrío nos hace verdaderamente libres y verdaderamente humanos (que no es lo mismo que más "plenos", al menos según mi interpretación de esa palabra), pero la plenitud se alcanza cuando, pudiendo escoger el mal, escogemos el bien con auxilio de la Gracia.

"Porque, ¿cuál es el Bien Absoluto para un hombre, obedecer a Dios o ser como Dios? Rechazan el Bien Absoluto, comprendido según su naturaleza, por un Bien Parcial, legislar moralmente, con la diferencia de que del primero tenían experiencia y del segundo no. ¿Podían considerar que comer del árbol del bien y del mal era un bien superior a la orden del Creador? Lo dudo. Y no lo hacen hasta que interviene la serpiente que es la que "les abre los ojos"."

Efectivamente, rechazan el Bien absoluto. Del relato bíblico yo entiendo más bien que son tentados por su propia concupiscencia (ser como Dios, o sea, sustituirlo) y a la vez por el tentador. En el fondo es la historia de cada ser humano. Y en el relato como en nuestra vida diaria, creemos poder elegir un bien mejor que otro a nuestro criterio, pero únicamente acertamos si seguimos los mandatos de Dios (ley natural y ley revelada).

Yo entiendo, en el relato del pecado original, que los primeros padres creían obrar un bien superior al bien de obedecer a Dios. Un bien superior para ellos, claro está, no en sentido absoluto. Como todo hombre, buscan su propia felicidad. Y como todo hombre, yerran al hacerlo cuando se apartan de los caminos del Señor.

En cuanto al pecado de Lucifer y los ángeles caídos, poco sé (salvo que, a diferencia de los hombres, una vez escogieron entre fidelidad y rebeldía, ya no pueden volverse atrás). Estos artículos tratan de teología moral del hombre, no de angeología.

"Y sí, el pecado ya existía en el mundo, "Multiplicaos y dominad la tierra", pero no en la naturaleza humana hasta el pecado original."

Esto no lo entiendo muy bien. ¿Está interpretando que obedecer un mandato de Dios es un pecado? Si es así, lo rechazo completamente. Si lo he entendido mal, le ruego me lo aclare.

Feliz día de la Epifanía del Señor. Hace 2 semanas le adoraron los primeros, los humildes y sencillos. Hoy le adoran los sabios. Únicamente los soberbios no quieren hacerlo.
05/01/17 4:59 PM
  
Mario
"Multiplicaos y dominad la tierra". No, lo que estoy diciendo es que el pecado del ángel caído hirió la naturaleza, la creación, adquiriendo poder sobre el hombre cuando éste comió del árbol prohibido.

Si la plenitud del hombre hubiera sido el estadio previo a la caída, evidentemente, no hubiese pecado. Le parecerá herético pero sólo a través del pecado puede el hombre elevarse por encima de su naturaleza originaria.

"El ser humano que obedece a Dios es el más pleno" contiene la posibilidad de pecar. Antes del Mandamiento el hombre no obedecía, no racionalizaba el precepto, porque no tenía esa posibilidad. Comiendo del fruto del árbol se cumple la advertencia de Dios pero no la propuesta del demonio. Por comer del árbol de la ciencia del bien y del mal es por lo que podemos conocer, por medio de la razón, la ley natural.

La Ley sobrenatural, que no está a nuestro alcance más que por la Revelación, en no pocas ocasiones contradice las leyes naturales como pasa con la petición del sacrificio de Isaac, el sacrificio real de Jesucristo en la cruz, el parto virginal de María, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, etc. La diferencia entre una y otra está en la naturaleza del sujeto.

El hombre llega a su plenitud, vuelve a su Creador, cuando cumple las Leyes que Dios dispuso. Podríamos resumirlo en un "no quieras saber lo que está bien o está mal, simplemente cumple Sus mandatos". La Ley o Mandamiento es clara y accesible a todos y es la norma racional, que emana de ellos, donde se produce el conflicto. La norma que es suficiente para resolver algunos casos no lo es para otros. Pero, hasta cierto punto, poco importa porque es del corazón de donde nace la malicia del pecado.

Se puede llegar a hacer el mal sin desearlo, esto es, sin pecar y se puede desear el mal sin hacerlo, es decir, pecando. De ahí, que el pecado conlleve siempre la transgresión, al mismo tiempo, de más de un precepto del Decálogo (como mínimo del primero).


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LA

En primer lugar, en el relato del jardín del Edén no se nombra el pecado de Satanás. Es más, ni siquiera se le nombra directamente, sino que se alude a la "serpiente, el más astuto [¿sabio?] de los animales", aunque la interpretación general y tradicional es que se refiere a Lucifer. Yo no mezclaría el pecado de satanás en el relato del original, porque no es necesario, y porque sabemos poco sobre él. La Revelación ha querido que sepamos lo que debemos saber. Y no más.

En segundo lugar, es obvio que poder elegir el mal antes que el bien es un atributo humano, pero no comparto ni mucho menos que "sólo a través del pecado puede el hombre elevarse por encima de su naturaleza originaria". Adán y Eva ya estaban elevados por encima de su naturaleza animal antes de pecar. Los santos bienaventurados que ya ven a Dios no pecan y están elevados por su naturaleza animal e incluso humana. La naturaleza humana de Cristo jamás pecó y no por ello no había superado su naturaleza animal, Todo lo contrario, era una naturaleza humana excelsa.

Si entendemos que la Redención por el sacrificio de Cristo trata de "restituir al hombre a su estado original antes de la caída" habrá que suponer que sí, que antes del pecado el hombre es/era pleno. Y racional. Y comprendía la ley natural porque ya tenía raciocinio.
Si todos estamos de acuerdo en que los infantes que no tienen pecado actual son los más cercanos a Dios (una vez bautizados); si Cristo dijo que nos hiciéramos como niños para entrar en el Reino, no veo descabellado sostener que el pecado del hombre, aunque forme parte del plan misterioso de Dios, no es, ni mucho menos, "requisito imprescindible" para alcanzar la plenitud humana, como usted parece sostener.

La ley sobrenatural no contradice la natural, sino que la eleva y perfecciona. Y en caso de disintonía entre la ley antigua y la nueva, es obvio que predomina la nueva.
En cuanto a los signos sobrentaurales de la Vida de Jesucristo, son signos divinos para fortalecer nuestra fe, no tienen nada que ver con la validez universal de la ley natural.

Con los dos últimos párrafos estoy de acuerdo, aunque no tanto con la separación entre ley y norma, pues la segunda emana de la primera. En cualquier caso, la ley divina, como omnisciente que es su promulgador, alcanza a todos los casos, por cuanto con el auxilio de su Gracia, todo mandamiento puede ser cumplido, aunque en una situación particular parezca imposible a los falibles ojos humanos.

Un saludo.
07/01/17 12:42 PM
  
Mario
"Los santos bienaventurados que ya ven a Dios no pecan y están elevados por su naturaleza animal e incluso humana.". Pues eso, por encima de su naturaleza humana que es animal y racional. No es el pecado lo que nos hace libres sino la posibilidad de pecar y sólo se puede pecar si hay precepto, o ley, como decía San Pablo. El pecado es la experiencia en el cuerpo de un mal deseo del alma. Bajo esa perspectiva no hay diferencia en la gravedad, entre el acto y el deseo, aunque la razón humana nos lleve a distinguir entre pecado mortal y venial, distinción que no hace quien se encuentra en estado de inocencia. En el Paraíso éramos esclavos, recuerde las palabras de la Virgen María, y tras la Redención, por el pecado, somos hermanos en Cristo e hijos del Padre.

No era necesario el pecado para una vida natural plena (sin pérdida de dones) pero fue por el pecado original por lo que se nos abrió las puertas de la vida sobrenatural. Para el hombre, en la práctica, es casi imposible no pecar por su condición de criatura aunque no sea plenamente consciente de ello. Los que se rigen, únicamente, por la normal moral caen en el peligro de no darse cuenta porque se constituyen en jueces de sí mismos, ya sea los que no admiten ningún cambio en una Tradición, que es siempre viva, como los que cambian las normas sin tener en cuenta su sentido sobrenatural. No hay normas para hacer el mal pero sí para evitarlo, no hay normas para hacer el bien sino imperativos para hacerlo porque no hay distinción, más que por su conocimiento, entre el bien natural y el sobrenatural. Del imperativo surge el Magisterio, que siempre estará sujeto a ese mandato, pero no a las circunstancias de su entorno que es lo que compone la Tradición. Hay un sólo Magisterio pero diversas Tradiciones.

La ley natural de la que hablo, y creo que todo el mundo entiende, es la ley -moral- natural. De las leyes físicas y metafísicas no dice nada el Génesis más que multiplicaos y henchid la Tierra, y dominadla. Todo lo sabía el hombre de la Creación hasta el punto de poner nombre (metafísica) a las criaturas, "símili modo" al Creador. De lo que estaba bien o mal no sabía nada excepto que comiendo del árbol desobedecía a Dios. Como consecuencia del pecado se nublan sus potencias de entendimiento y voluntad y va descubriendo, a lo largo del tiempo, las leyes que rigen las diferentes naturalezas incluida la moral.

Los acontecimientos sobrenaturales, los milagros, contradicen o suspenden -las leyes de la naturaleza- pero no la ley moral natural. Existen unos fundamentos racionales del orden natural, incluido el moral, pero no del orden sobrenatural. De este último podremos decir que no son irracionales y que estamos a la espera de su plena comprensión, probablemente, en la vida eterna. La plenitud del hombre está relacionada con el grado de identificación con la Verdad Suprema. Un niño que nace, es bautizado, e inmediatamente después muere ocupa un lugar en el Cielo que no es comparable con el de un adulto que, habiéndose hecho como un niño, pasa por esta vida haciendo el bien como hizo Jesucristo.

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LA

En realidad estoy de acuerdo en casi todo, y me pregunto si no estamos haciendo disquisiciones en torno a términos que comprendemos de forma diferente.

Eso sí, no entiendo esto: "En el Paraíso éramos esclavos, recuerde las palabras de la Virgen María". No sé a qué palabras de la Virgen se refiere.

"fue por el pecado original por lo que se nos abrió las puertas de la vida sobrenatural"

Bueno, en el estado de inocencia, el hombre miraba cara a cara a Dios. No es lo mismo que verle cara a cara entre los bienaventurados, pero no estoy absolutamente seguro de que el primero fuese un estado inferior. Leyendo el Génesis, se diría que esa herida en la relación entre Dios y el Hombre es la más profunda (aunque como dice el rito, feliz culpa que mereció tal Redentor, pues Dios cubre con su misericordia infinita la multitud de nuestros pecados). ¿Acaso de no haberse producido jamás ese primer pecado de querer ser como Dios la amistad del hombre y su Creador sería eterna y feliz (aunque naturalmente, todo estaba y está en el plan de Dios de un modo misterioso, y por una buena razón).

En cuanto al niño, simplemente lo empleo como testimonio de que el pecado original, una vez redimido, nos convierte en algo muy cercano a lo que Dios quiere de nosotros, y así lo enseñó Jesucristo.

En cualquier caso, esta serie trata sobre la teología moral para seglares, resumen de un manual para uso más o menos cotidiano para el fiel medio. Está muy lejos de la teología moral especializada, y aún más lejos de la teología especulativa, sobre la que me declaro ignorante, y sobre cuyo tratamiento remito a otras bitácoras mucho más especializadas y mejores que hay en este portal.

Saludos.
08/01/17 1:48 PM
  
gringo
Es muy difícil de admitir que si el Hombre yerra por desconocimiento del Bien absoluto, porque está incapacitado para poder conocerlo totalmente (pues de lo contrario no lo rechazaría ), entonces los hombres pecadores merecen el castigo eterno.
¿No es desproporcionado un castigo así de eterno sufrimiento si en parte se pecó por ignorancia?.
¿Y no tenía Adán un conocimiento pleno o casi de Dios si estaba con él en el Paraíso?

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LA

La ignorancia de lo que es el Bien absoluto es una ignorancia filosófica.

Pero Dios ha dejado sus leyes, inscritas en nuestro corazón por medio de la ley natural, y también por la Revelación a aquellos hombres que la han conocido. Quienes hayan cumplido esos mandatos (según cuál fuera su conocimiento de ellos) no han de temer a la perdición. Según su grado de ignorancia de la ley Revelada estarán más o menos exentos de responsabilidad por algunos pecados (básicamente, aquellos que por ignorancia no supieran que lo eran). Y de otros la tendrán atenuada, y podrán purificarla en el Purgatorio.

Por tanto, la libertad queda intacta: uno puede obedecer a Dios porque ha reconocido en él al Bien absoluto, o simplemente por acatamiento (incluso por temor, aunque no sea la forma ideal, desde luego). En cualquiera de los dos casos es salvo.

Mario tiene razón en que el hombre puede rechazar a Dios conscientemente (porque no crea en su existencia, o porque sea dominado totalmente por la concupiscencia). Dios no puede ser injusto, de modo que debemos concluir que si alguien se condena es porque lo ha rechazado conscientemente y continuadamente en materia grave (pecado mortal), no simplemente por saltarse un precepto.

Un saludo.
08/01/17 7:21 PM
  
Mario
Me refiero a las palabras de la Virgen durante la Encarnación. Lo que diferencia a Eva de María, antes del pecado original, es que la primera tenía posibilidad de pecar y pecó, y en la Inmaculada Virgen María no existía ni esa posibilidad. Por eso no son comparables en cuanto a su filiación divina pues se dice de María que es Hija de Dios Padre (me asalta la duda de si hubo, o no, acto creativo al nombrar su nombre justo después del pecado original).

Cuando hablo de la naturaleza herida por el pecado me refiero a que Jesucristo, sin pecado alguno, sí quedó sometido a esa herida, a la tentación, al cansancio, al dolor corporal y a la muerte. La Virgen fue preservada del daño corporal, la Asunción, pero no del moral. María reafirma la naturaleza más profunda del hombre, "esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra", y Eva peca por todo lo contrario "rechazo de Su Palabra para ser como Dios, según la serpiente". Eva duda de la Palabra de Dios, de la Ley Moral, pero María no. Ella contrapone el bien natural que conoce con el Bien sobrenatural que se le anuncia. Con la Redención cambia completamente esa perspectiva, de ser esclavos a razonar según la carne los de Eva y de ser esclavos a razonar según el Espíritu los de la Virgen María.

No hubo ignorancia en el rechazo del precepto de no comer del árbol. En todo caso, sí la hubo, al fiarse de la serpiente. Por la respuesta inicial de Eva a la serpiente se deduce su estado de inocencia, pudiendo pecar contra el mandamiento no albergaba en su interior la rebeldía de hacerlo. El pecado estaba fuera. Con la caída, fruto del razonamiento equivocado del hombre sobre el precepto, la naturaleza humana adquiere lo que se denomina "fomes peccati", motivo por el que se ve a sí mismo con tendencias, no deseadas, en contraste con los Diez Mandamientos.

Sí, todo esto que escribo es pura especulación y queda sometido al criterio santo, y no a otro, de la Iglesia Católica a través de su Jerarquía.
09/01/17 10:46 AM
  
¡Bah...!
"Según su grado de ignorancia de la ley Revelada estarán más o menos exentos de responsabilidad por algunos pecados (básicamente, aquellos que por ignorancia no supieran que lo eran".

O por enfermedad, al no ser responsables de sus actos. Y más aún, si la persona perjudicada perdona con toda el alma y todo el corazón, de verdad, hasta el punto que todo se borra, desaparece, ¿no va a perdonar Dios?. Pues perdona más aún (es que es de sentido común).

Saludos Cordiales.

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LA

Dios no es sólo parte, sino también juez. Por tanto, debe aplicar tanto la misericordia como la justicia.
El hacedor del orden no puede quedar impasible ante el desorden. El que es Verdad no puede obrar mentira.

Probablemente, la enseñanza mejor de esta serie de artículos sobre teología moral es que debemos empeñarnos en enderezar nuestro camino personal de virtud, para ser salvos, según nos ha enseñado Dios, tanto en la antigua como en la nueva ley, y confiar en su misericordia, que cubra nuestros pecados.

Ponerse a elucubrar sobre qué y cómo juzgará Dios llegado el día, no es nuestra competencia, ni nuestros medios humanos o espirituales bastan para poder comprender tan gran misterio, únicamente al alcance de la omnisciencia del Creador.
De teorías de este estilo se ha llegado en algunas ocasiones a elaborar filosofías completas en los que la misericordia de Dios se transforma en su anulación como restaurador de la Justicia ("Dios salva a todos" y otras lindezas que no tienen apoyo en la Revelación).

De hecho, cuando Cristo habla del día del juicio, o de la salvación, sus términos no son precisamente tranquilizadores en ese sentido ("muchos son los llamados y pocos los elegidos", "el camino de la perdición es ancho y muchos van por él", "ese día el Señor les dirá: "no os conocí, apartaos de mi presencia" e irán a las tinieblas exteriores", y otras lindezas por el estilo).

En resumen: que nos preocupemos constantemente por santificarnos, y confiemos en la bondad divina. Ambas son imprescindibles. Y esa tarea es la principal en nuestra vida terrena. Cualquier cosa que nos aparte de ella es contraria a los planes de Dios.
Recordemos, en la famosa parábola del fariseo y el publicano que van al templo (tan de moda en algunos comentaristas para fustigar a los que disienten de las novedades- o más bien confusiones- teológicas), cuál de los dos se sentía seguramente salvo.

Saludos cordiales.

13/01/17 4:35 PM
  
¡Bah...!
Luis, una persona enferma que no es responsable de sus actos no puede ser juzgada, y eso es lo justo. No hay vuelta de hoja.

Cordiales Saludos.

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LA

La responsabilidad no se mide simplemente en la existencia de una "enfermedad". Habrá que ver caso por caso el límite de la responsabilidad. Hay que investigar la Verdad de cada actuación moral, y si era verdaderamente libre o no, según sus coacciones externas o limitaciones internas (no únicamente una enfermedad).

Precisamente, la función de la teología moral es ayudar y auxiliar al hombre en su obrar, para que lo haga virtuosamente, y alcance con mayor rectitud la salvación, con el auxilio de la Gracia.

Y, sí, por supuesto que será juzgada. Todos lo seremos, y ese día nos aterrorizará ver el daño que nuestros pecados han causado. Pero tenemos al Juez más justo (Dios Padre), al abogado mejor y más amoroso (el Espíritu Santo), y al esposo que cumplirá por nosotros la pena (Cristo). Así que tranquilidad y confianza ante el Juicio (Lc 21, 27.28). A perseverar en el amor a Dios y al prójimo.

Cordiales saludos.
14/01/17 9:14 AM
  
¡Bah...!
Aquí te dejo una contestación a tu respuesta a Joaquín en la sección de noticias, ya que puede no se publique.

Pues las hijas sí son amigas

www.abc.es/estilo/gente/abci-ivanka-trump-y-chelsea-clinton-nuestra-amistad-mas-alla-politica-201611111839_noticia.html

Y los padres, lo fueron

elpais.com/elpais/2015/09/04/estilo/1441378909_784558.html

Y no sé si derramó dinero a espuertas, pero sí lo defendió por lo que hacía al margen de los abortos.

edition.cnn.com/2016/02/25/politics/donald-trump-defends-planned-parenthood-republican-debate/

Pero bueno, quizás existan otros "hechos alternativos....". De acuerdo con Joaquín, ya veremos lo que hace el Donaldo Trumposo con el tema del aborto.

Saludos Cordiales
23/01/17 6:12 PM

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