4.02.15

Mártires en la Iglesia y paramédicos en la Cruz Roja

Tuve una interesante conversación con un paramédico que tengo de inquilino en casa.

Mientras me relataba apasionadamente los pormenores de su trabajo me daba cuenta que lo suyo es una vocación.

Entusiasmada, narró lo que, a muy corta edad, fue su primer contacto con la Cruz Roja y el Cuerpo de Bomberos allá en su tierra natal. –“He ahí! Lo tuyo es vocación, es decir, un llamado de Dios!”.  

Se le iluminaron los ojos y, como es creyente por mera gracia de Dios (ya que ni siquiera ha recibido la Primera Comunión), pude ver en su rostro que, a través de mis palabras, había recibido confirmación del Señor a quien, dicho sea de paso, ama entrañablemente.

Fue muy interesante ya que, ese mismo día, tenía programada una entrevista para una vacante que solicitó en la Cruz Roja dentro de la ciudadela León XIII, un barrio de los más peligrosos de la capital.

No consigo ponerme en su lugar pero es claro que le apasiona colocar por sobre su propia seguridad la de quienes podrían necesitarla.  

Y, es que, me pregunto, estaría un paramédico atendiendo las exigencias de su vocación si privilegiara su plan para el día o la “eficaz  puesta en práctica de los planes estratégicos institucionales” por sobre lanzarse en medio de la balacera a salvar vidas humanas? Pues no, no estaría respondiendo a su vocación como podría no estar respondiendo un consagrado que privilegiara el “eficaz cumplimiento del plan pastoral diocesano” por sobre la gracia de haber recibido el encargo específico del Señor para llevar la Buena Nueva mediante el contacto personal.

Yo, que soy un simple laico, tan solo observo los frutos que producen acciones concretas como, por ejemplo, párrocos que por cumplir con el “plan” no tienen tiempo para ofrecer el perdón de los pecados o que, por para dar mayor “contenido pastoral” a la santa misa, improvisan.

Dichas acciones me dan mala pinta, tanta como me la dan las de otras denominaciones cristianas que, por ser “muy pastorales”, día a día y a grandes pasos se alejan de las enseñanzas del Maestro.  

Solución no le veo a corto plazo, sin embargo, la gracia podría ofrecer algunas pistas a quienes prestaran atención a lo que sucede en otras diócesis y parroquias del mundo en las que se ha privilegiado, por sobre el “plan pastoral”, la gracia del contacto personal.

Que es otra realidad la suya? Lo es, pero allá –lo mismo que aquí-  somos todos pecadores.

Cielo bendito! Es tan complejo comprender que el único “plan pastoral” que necesitamos es que los consagrados, arriesgando sus vidas a nuestro lado, allanen el camino del Señor para que, por gracia, seamos liberados de los estropicios que provoca el pecado?

Que así como los paramédicos, por gracia, arrebatan nuestros cuerpos de los brazos de la muerte, los sacerdotes, también por gracia, estén decididos a arrebatar nuestro ser del pecado.  

Es todo lo que necesitamos: mártires en la Iglesia y paramédicos en la Cruz Roja.

¡Eso es todo!. 

29.01.15

¡Me tiro al monte esperando todo de Ti!

Entre lo que me sucede, lo que sucede en la Iglesia y en el mundo no he venido siendo yo en los últimos meses; en ocasiones hasta pensé que jamás volvería a escribir. He pedido al cielo que me diera la gracia de tomármelo con calma y, ¡glorificado sea el nombre del Señor!, ha sido así.

Se puede decir que la experiencia de poco más de un año (en la que el nivel de mis ingresos ha llegado al mínimo imaginable) ha sido venturosa en cuanto que, debido a ello, ahora no existe forma que nadie me haga decir lo contrario: Tengo Padre.

Lo tenemos. Un padre que ama entrañablemente y educa con máxima delicadeza y, dado que nos capacita con su gracia, espera de nosotros lo mejor.

Al principio, esa “capacitación” es desconcertante ya que, dentro del desvalimiento, nos damos cuenta que no es que nos auto-educamos, ni nos educa el mundo sino nuestro Padre a cuya pedagogía –por gracia- responderemos con amor o, simplemente, huyendo.

No he huido, me he quedado para ver de qué se trata esta nueva experiencia ya que nunca había debido dinero ni me lo han debido.

Como le decía a Alonso Gracián: tras el desconcierto, el temor y la furia río con sabrosura no solo por lo absurdo de la situación sino porque detrás de cada preocupación (de la que por gracia me despreocupo) el Padre me presenta algún hecho difícil de describir como lo es cada cada plato de comida que con insignificantes recursos preparo e ingiero con gratitud, satisfacción y gozo hasta ahora desconocidos. “Es como un milagro!”, me digo, “un verdadero milagro este bendito plato de comida tan sabrosa”.

Bajo el influjo de tanta bondad, verdad y belleza, de lo último que me ha inspirado el Señor ha sido tirarme al monte en busca de sustento. Hace unos días regresé de un paseo por los alrededores con una cesta conteniendo zanahorias, chayotes, romero, orégano, bananos, limones agrios y dulces, naranjas y elotes. ¡Cuánta abundancia!

Reflexionando en ello comprendí que ese “tirarme al monte” siguiendo su inspiración fue haberle dicho: - “Padre: con mis propios ojos observo que provees a las flores y las ardillitas del bosque. ¡Me proveerás de lo necesario!”

Ese fue el total abandono que el Padre había estado esperando de mí.

Aquella cesta colmada fue contundente certeza.

Estoy muy agradecida ya que, desde aquél día, ese ha sido el movimiento de mi alma en cada nueva situación de carencia:

¡Me tiro al monte esperando todo de Ti!

¡Opa!

Como les decía, no he venido siendo yo pero, tal parece, ha sido una situación temporal; volví a escribir y, definitivamente, sigo siendo yo.

NOTA: Cierto, muchas cosas que suceden en la Iglesia y en el mundo también capturan mi interés y aunque podría manifestar mi punto de vista en este blog la inspiración que sigo es la de compartir con ustedes mi experiencia con la gracia. ¡Sabrá el Señor para qué!

20.01.15

Remitíos a los frutos y mordeos la lengua

Pienso que no es casualidad que el domingo pasado, como mencioné en la entrada anterior, una madre del Camino neo-catecumenal de convivencia en casa compartiera conmigo su preocupación por la mayor de sus hijas, una mujer misionera del Camino y no mucho mayor de 30 años,  embarazada de su sexto hijo.

La madre, mi amiga, evidentemente preocupada por la salud de su hija y el bienestar de sus nietos, pudo haber utilizado respecto a su descendencia expresiones como la utilizada por el papa el día de ayer ante la prensa, la que -no solo se me habría clavado en el alma como un puñal- sino que habría sido un puñal en su corazón de madre de familia numerosa y abuela; pero el caso es que mi amiga no dijo una sola palabra que expresara su preocupación a la manera del papa. 

Es claro que cuando la prensa o cualquier otra persona lo ponen a uno entre la espada y la pared respecto a lo numeroso de las familias católicas se responda desde las emociones; es natural, pero no lo conveniente ya que las emociones no expresan lo que uno verdaderamente piensa por lo que, viniendo del papa, una frase suelta hace más daño que bien a las familias católicas de las que -de paso- se mofaran en sus barrios y en sus trabajos, pero también a la Iglesia.

Ninguno de nosotros, ni siquiera el papa, debería permitirse frases que maltratasen a nadie. Es mero ejercicio de virtud que se nos exige a todo hijo de vecino. Por qué no vendría bien que el papa se ejercitara?

A todo católico sobre esta tierra le será necesario reconocer que dichas expresiones responden no a la realidad sino a nuestra preocupación ya que la realidad es que las familias católicas numerosos y, particularmente las familias del Camino neo-catecumenal, son sobrenaturalmente responsables y que no hay quien los supere en gracia recibida para aprender a fiarse de la Divina Providencia.

Es que acaso para demostrar lo eficaz de la gracia no basta el que sus hijos lleguen a ser de adultos magníficos seres humanos?

“Por sus frutos los conoceréis” Mt 7, 20

¡Remitíos a los frutos y mordeos la lengua!

19.01.15

¡Mi primer amor por Cristo en la liturgia lo despertó el Camino!

“la Liturgia robustece también admirablemente sus fuerzas para predicar a Cristo y presenta así la Iglesia, a los que están fuera” SC n. 2

Cuando se ha sido un alejado y, por gracia, se regresa buscando el contenido que el mundo no ofrece a la existencia, la manera con que los del Camino viven su fe y celebran la liturgia, despierta el interés por celebrar y vivir el Misterio a profundidad.

Varias comunidades del Camino han estado viniendo durante el último año a mi casa ya que cuento con una gran terraza rodeada de jardines y vista espectacular. Al escucharlos salmodiar se me hace un nudo en la garganta al imaginar a mi madre encantada pero sobre todo por lo que a nivel litúrgico significa.

Mi contacto con estas comunidades es de tiempo atrás ya que muchos de mis vecinos pertenecen a ellas. Algunos llevan una vida tan difícil que su alegría y esperanza no dejan lugar a dudas acerca del poder de la gracia que ha recibido este carisma. 

En mi vida ha sido determinante su presencia ya, que –lo trascendental del Misterio- resplandeció para mí, como si fuera la primera vez, a través de la liturgia celebrada por el Camino.

Ahora bien, tras aquél primer amor enriquecido por las enseñanzas del padre Manuel Rojas, cuando hace media década conocí el pensamiento del Card. J. Ratzinger sobre liturgia supe que para promover sus ideas debía seguir una única dirección que consistió en ser persistente -hasta donde la gracia me indicara- para que de nuevo se celebrara la misa tridentina en mi país.

Desde el primer día supe que el camino seguro pasaba por la obediencia al Obispo a la que me he mantenido fiel junto a los amigos que asistieron el domingo 18 de enero del 2015 a la misa tridentina que celebró el padre Agustín Pelayo Corona (instituto de los Consagrados del Santísimo Salvador) en la parroquia a cargo del padre Sixto Varela situada en san Joaquín de Flores en la Diócesis de la Alajuela cuyo obispo es Mons. Ángel Sancasimiro.

Por haber dado el primer paso en la dirección correcta es de no creer lo bien que se ha ido articulando todo al punto que ni siquiera fui necesaria para la organización; hecho del que derivó, dicho sea de paso, el que advirtiera mi insignificancia lo que es, sin lugar a dudas, una gracia como lo es el haber obtenido de la Dra. Judith Abellán su testimonio:

“… al final la gente no salió corriendo. Se esperaron hasta que el sacerdote regresara a la sacristía y que el coro terminara el canto; permanecieron sentados en silencio como embelesados para luego irse retirando muy lentamente, sin prisa, como queriendo prolongar ese maravilloso momento. La mayoría pasaron a persignarse con agua bendita antes de salir! Cuantas cosas [esta forma del rito] nos hace cambiar ya que usualmente no ha terminado el sacerdote de dar la bendición y la gente sale atropellando en su desesperación por salir. Y, que hubiera agua bendita! la que en casi ningún templo está disponible!”

Al día de hoy, ya está andado gran parte del camino que emprendí junto a Andrés primero y luego al lado de José Pablo; ahora puedo morir en paz ya que existe un obispo, un párroco, un sacerdote en toda regla para celebrarla y un grupo de fieles que se perfila cada día más cohesionado ya que tiene acólitos preparados y ¡hasta un coro que canta como los ángeles!.

Como ven, el Señor da la gracia para que a través de la liturgia del Camino un alejado llegué a valorar el rito en su forma ordinaria; por esa razón pregunto a quienes todavía tienen sus reservas: No habría la gracia de ejercer la misma eficacia a través de la forma extraordinaria?

“de la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin” SC n. 10

16.01.15

"Pequeño nuevo camino"

“Ser distinta de lo que soy, más grande, es imposible para mí: me debo soportar como soy con todos mis defectos; pero quiero buscar la manera de ir al Cielo a través del pequeño nuevo camino”.

Teresita

 

Han notado que un solo día de sol tras un temporal provoca que olvidemos las sensaciones de soledad, tristeza y opresión provocadas por el mal tiempo? Completamente se olvidan! Es impresionante!

Un solo día de sol y cielo azul nos revive! Salimos a la calle y ahí están nuestros vecinos en ropas ligeras sonriendo al igual que nosotros. Los sentidos todos embotados de belleza. Con la salida del sol renacen el gozo y esperanza! Qué maravilloso es nuestro Padre que hasta con el clima amorosamente nos educa!

Notar estos detalles de la vida me parece una gracia. Queda tan claro con Teresita en su “Historia de un alma”. Quienes lo han leído recordarán que la santa conserva con gran sensibilidad en su memoria los pequeños detalles tal como las sensaciones y sentimientos que provocaba el que su hermana la peinara diariamente. No es una gracia tener el alma abierta para esas pequeñas cosas?

Claro, luego –como Teresita- salimos al mundo para darnos cuenta que nada existe  ahí fuera que nos interese y que, más bien, parece una gracia el que nada nos atraiga verdaderamente.

Bien, estoy generalizando, ignoro si la mayoría ponemos atención a las pequeñas cosas o si, por el contrario, nos atrae más lo que acaece en el mundo en cuanto nos sentimos responsables.

Si, pienso en situaciones tan graves como lo de Charlie Hebdo, Asia Bibi (que mortifica tanto), el aborto, la eutanasia, la Fivet, el matrimonio gay, esos inhumanos del Boko Haram así como sus miles de víctimas; horrores ante los que observamos a tantos gobernantes, autoridades civiles y eclesiales que no poseen los recursos intelectuales, éticos ni morales para reaccionar.

Ay! Señor bendito! Cuánta impotencia pero también cuánto bien nos haces librándonos de tener autoridad! Muchos de nosotros seríamos unos perfectos tiranos tratando de imponer el bien al mundo entero!

En fin, que les digo que más vale olvidarse de belleza, dinero y poder! Más vale la gracia que se nos regala para hacer bien nuestros pequeños trabajos; caminar alegres y a pequeños pasos por el “nuevo pequeño camino” que conduce al cielo “confidentes hasta la audacia” de la bondad del Padre.

“Pequeño nuevo camino” que resulta ser el mismo seguido por Teresita que camina enamorada tras los pasos de nuestro amado Jesús.

“Pequeño nuevo camino” que, por gracia, se ve más claro cuando sale el sol! 

“La Santidad no está en esta o aquella práctica, sino que consiste en una disposición del corazón que nos vuelve humildes y pequeños en los brazos del Buen Dios, conscientes de nuestra debilidad y confidentes hasta la audacia en su bondad de Padre”

Teresita