InfoCatólica / Deo Omnis Gloria / Categorías: Itinerario de fe, Oremos

27.10.26

Con aroma a mandarina

Por no verme pecando de ingratitud a Dios, no estoy dispuesta a dejar pasar por alto muchísimos detalles de la vida cotidiana que me evocan el sentido de bienestar y seguridad de mis mejores años; tal como un rico almuerzo familiar, tomar café con mis amigas o viajar con mi hermano hasta la provincia vecina para almorzar en el mercado.

Esos viejos edificios con sus pisos de mosaicos multicolores muy antiguos, los muros y paredes viejísimas y bien conservadas, me recuerdan a mi abuela y con ella, su cariño y sentido de bienestar. Los tramos llenos de verduras frescas y el montón de carnicerías y pescaderías que exhiben productos de la tierra o el mar que hace tiempo no se veían, dan una sensación de prosperidad, trabajo y alegría que alguna vez tuve y de, las que viéndolas delante de mí, no pasaré  de largo.

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24.10.26

Saltos de fe

“Tu luz nos hace ver la luz” Salmo 36

Empiezo por disculparme.

Yo sé que no es necesario pero, igual, prefiero hacerlo ya que, sea como sea, quise comprometerme a escribir prolíficamente y no lo hago.

Hoy salió el sol como todos los días, aunque su luz llegó hoy golpeando de mi alma la puerta. 

Supe que era el momento de escribir. 

Momentos antes pensaba que existe en mí una vergüenza (o vanidad herida) de no ser persona intelectual al lado de tantos que publican aquí con tanto acierto.

Pensando que mi blog no es cosa mía sino de Dios, fue por lo que empecé en “Blogger” de donde me trajo el querido Juanjo Romero, en quien confío por lo que, debería confiar en Dios que le haya iluminado para traerme aquí. A olvidarme de mis carencias!

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20.06.26

Ay! Cuanto me gustan los perritos!

Episodio IV de la Serie “Hacerse viejo como buen hijo de Dios”

He titulado esta conversación de esta manera porque hoy día es muy popular que nos gusten los animalitos especialmente gatos y perritos.Nos gustan tanto que algunos se vuelven acumuladores y llegan a tener hasta más de una decena..

Otros, en cambio, los tratan como personas y les dan los cuidados que deberían dar a un hijo si lo estuvieran.

Con todo el afecto del mundo se refieren a ellos como "perrijos” o “gatijos".

Por otro lado, nosotros los católicos, también tenemos la responsabilidad de cuidar de la naturaleza, lo que incluye a estos animalitos que nos pone Dios por delante tanto como el aire que respiramos, ya que se les ve por todas partes y te llegan de no se sabe dónde, necesitando los cuidados que algún “padre o madre” no quisieron o supieron darle. Algunos llegan en bastante mala situación.

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14.06.26

Hacerse viejo como buen hijo de Dios (II)

Siguiendo la norma 
Maricruz, edad 66

Desde hace 3 años vengo ajustándome a la norma de estar enfermita de cualquier tontería que me presenta a Dios. 

Voy a escribir sobre el tema pero entiéndase que no es una queja sino un aporte, tanto para quienes están enfermos como para los que no, ya que podrían enfermarse en cualquier momento y podría ser que no tengan o les falte recursos espirituales y mentales para hacer frente a la situación. 

A mí es que me vienen capacitando desde niña ya que casi muero al nacer y después empecé a tener problemas respiratorios hasta el día de hoy. 

Pasé muchas horas de mi infancia solita en la cama leyendo, jugando con mis muñecas, reponiéndome de algún medicamento muy fuerte o escribiendo poemas a Dios o jugando con mi hermano pequeño. 

Muchas décadas de mi vida pasé bastante saludable pero tengo como una decada de ir decayendo y supongo que por la edad y debido al material con que me hicieron que tal vez no es de la mejor calidad, aunque totalmente digno y valioso.

De esta última década debo decir que también se me ha capacitado muy eficientemente de parte de María santísima ya que, primero, el Espíritu Santo me inspiró consagrarme a ella y, luego, rezar el rosario diariamente. 

María es el mejor recurso para conservarse en gracia y recibir de Dios los dones que tiene reservados para ti en cualquier momento, con la condición que pongas de tu parte, frecuentes la misa y los sacramentos. 

Estés o no estés enfermito, no puedes ni debes pasar por la vida sin frecuentar a la señora María (y a San José, ya lo veremos más adelante) porque tiene todo lo que una madre guarda en su corazón  todo para ti. 

Durante estos últimos años, de hecho, varias veces he tenido ganas de escribir sobre este tema pero lo desecho ya que suponía que nadie o muy pocos querrían estar leyendo sobre las dolencias de los demás. 

Yo he aprendido a hacerlo porque en las salas de espera de los hospitales casi lo único que se conversa es de lo que cada uno de nosotros padecemos y así es como aprende uno a compadecerse y a tenerse mayor paciencia. Uno aprende a escuchar y también a reconocer que no es el ombligo del mundo.

Repito, lo que yo tengo no es de gravedad aunque en una ocasión tuve un cáncer pequeño pero ya no. Lo que tengo me hace pasar dolor, quietud, soledad y varias otras cosas que a casi nadie nos gustan. Eso, nada más. 

Estoy consciente que existen personas infinitamente más enfermas que yo y basta que se me olvide para que Dios me presente alguna persona que ha superado cosas gravísimas; como aquel día que me sentía muy abrumada por esperar tanto en una fila y se me apareció una señora que ha tenido como tres infartos y dos cáncer y la extirpación de alguna cosa. Algo brutal y estaba ahí sin mayor problema mientras yo me retorcía del colerón por la larga espera. 

En verdad, es una parte muy graciosa y bella esa en la que Dios interviene para que no se te olvide el lugar que ocupas en el universo y ante su mirada. Que es una preciosidad cómo nos mira y nos comprende y nos apoya y nos consuela y nos alegra y nos da fuerza y nos da compasión y esperanza y otras tantas cosas que nos da todos los días desde que abrimos los ojos. 

Esa mirada de Dios que te mira contento de que sabes sufrir y lo haces lo mejor que puedes y que has podido entregarle todo lo que tienes y eres por el bien de las almas tanto como lo hizo su Hijo, aunque salvando las distancias, digo, esa mirada de Dios es una preciosidad. Por saber que así te mira darías la vida. 

Sí, Dios llega a mirarte muy contento y te das cuenta porque sientes una alegría preciosa y una gratitud infinita por estas enfermedades que Te llevaron más cerca suyo y te hicieron más semejante a Jesús, a quien ya perteneces y te lleva dentro de sus llagas.

Porque, resulta que un día que te sentías muy abrumado y dolorido por la enfermedad decidiste pedirle que te escondiera en sus llagas (como en el poema) y, así lo hizo desde aquel día, y así es como te lleva dentro suyo de manera que su sangre corre por tus venas y hace que cada vez más te le parezcas casi sin apenas notarlo y, obviamente, sin sentir orgullo, ya que sabes que todo, todo es obra de suya.

Otra cosa que estoy notando mientras escribo es que, cosa rara, es que Dios me dé hablar de estas cosas; pero la verdad, no tanto, porque ya me ha dado hablar sobre otras también un poco extrañas y no ha salido mal porque, como siempre, ha sido inspiración suya. Es cosa de Dios, absolutamente.

En fin, he tratado de contarles brevemente cómo han sido los últimos años y espero que también sirva un poco como justificación por haber dejado de ser tan prolífica en este blog. 

Doy muchas gracias a Dios que Juanjo Romero me reclutó y que junto a los suyos me quiere tanto porque eso me da ánimo, no solo durante la enfermedad, sino en vistas a mi futuro en este blog.

Ellos, allá en casa de Juanjo, dicen que me quieren mucho y yo digo que los quiero más. 

Es bueno saber que al otro lado del océano alguien te aguarda con el corazón inmenso lleno de cariño. 

Pues sí, la norma en ese periodo es estar enferma y doy gracias a Dios que puedo hablar de ello con naturalidad y espero que sea de bien para las personas que me lean. 

A Dios sea toda la gloria!

24.01.26

Llego al cielo cada domingo y me devuelvo

A la “Costa Rica profunda” se llega solo si se desea. Ella parece lejana, misteriosa, silenciosa, oculta, diferente. Se conoce de su existencia por sus manifestaciones y solo aquellos que buscan sentido en los orígenes, al conocerla, se enriquecen.

Este término lo escuché por primera vez del candidato a la presidencia el Lic. Fernando Zamora quien publico una imagen con ciudadanos costarricenses de esa región, la región “profunda"de mi pais..
Encantada con el término me voy a permitir presentar un símil con nuestra bella y amada Liturgia.

Fui parte de esa mayoría católica que va a misa sin tener buenas razones.
Yo sé que, dentro de nuestra cultura, será muy difícil que eso cambie ya que no parece que muchos piensen que las razones son necesarias, no solo para ir a misa, sino para conocerla, tal como se llega a conocer “lo profundo” de la conciencia, del oceáno, de las regiones montañosas y selváticas”.

Aun conociendo que existe, que aventurarse en lo profundo es bello y ofrece sentido, muchos no llegarán nunca a tener ni el primer deseo. A muchos, les bastará con lo que encuentran en por el camino, aunque, probablemente, después de un tiempo perderán la ruta completamente. 

Tengo una experiencia eclesial muy valiosa, según mi forma de entender a la Iglesia ya que, vivo en una comunidad que fue parroquia hasta hace menos de veinte años y que ha tenido párrocos de todo tipo. Además, la región se presta para que congregaciones como los Hermanos de La Salle se haya establecido aquí y también asociaciones como Los Heraldos del Evangelio.

En esta región, también, fue establecida la UCatólica a la que fui a estudiar una carrera corta de teología motivada por el padre Guido, uno de los párrocos. .

Allí fue mi encuentro con la Liturgia.

Le debo mucho al profesor padre Manuel Rojas y también a Benedicto XVI. De ambos comprendí lo valiosa que es la Liturgia.

Por su influencia, sucedió que, con algunos jóvenes y adultos, buscamos que fuera también celebrada de misa de antes, tal como promovía Summorum Pontificum.

La forma extraordinaria del rito latino fue celebrada durante algunos años hasta que nuestros obispos, unánimemente, establecieron prohibición para ese misal y el de Pablo VI.  

Al día de hoy, con estudios y mayor experiencia, finalmente acepté de Dios que la situación con la misa de antes haya sucedido así.

Me parece, que así como fue, todo salió bien ya que, de todas formas, contrario a los argumentos presentados, nunca existió apego hacia forma del rito, como no existe hacia el rito actual o, como tampoo tendríamos hacia el rito hispano-mozárabe o maronita, si los tuviéramos disponibles.

Nunca le encontré sentido al apego a los ritos, como si la santidad de uno fuera superior al otro. Ese agego es desordenado y no debería de existir, pero existe y es muy fuerte, al punto que produce bandos y conflictos. 

La lectura que hago de dicha conducta es que, como ya dije, existe un apego desordenado sin que siquiera se haya llegado a la Liturgia profunda, 

Esa es la Liturgia que casi todos desconocemos, tanto como desconocemos a Cristo.

Actualmente, la Liturgia, para la mayoría, ha llegado a ser un aspecto de la vida de fe que, poco o nada, tiene que ver con lo que la describió el Concilio Vaticano II  “centro y culmen de la vida de la Iglesia”; dicho a mi manera, la Liturgia es “la misma alma de Cristo en cuyas llagas el Espíritu Santo nos esconde para llevarnos ante el Padre, en el Hijo, como ofrenda (perfecta)".

Porque eso, e infinitamente más, es la Liturgia.  

En mi país, bendito sea Dios, la Liturgia profunda se puede vivir en el Santuario Nacional Catedral Metropolitana cuyo Cabildo está formado por varios ancianos y sabios sacerdotes muy amados. Uno de ellos, el padre Munguía. De ellos, Dios buenos, nos deja nutrir el alma.

Ahora bien, he conocido algunos, muy pocos sacerdotes a los que la Liturgia transforma; pasan de ser los animadores parroquiales a verdaderos “padre Pío” celebrando misa; pero esa transformación casi nadie la nota. Habría que conocer bastante al padre Pío para notarlo.

También he conocido algunos que les gusta la Liturgia, conocen y aman pero dejan ver que su principal inclinación es por la forma.

Andar por la superfice, ya lo dijimos, no facilita las cosas al Santo Espíritu de Dios para que, los queridos hijos, lleguemos por su mano a las honduras del alma a conocer a Jesús que allí espera. Porque si, para llegar a Jesús que espera, deben darse ciertas condiciones; tal como un alma en estado de gracia, voluntad, libertad, sinceridad, piedad, compunción, humildad, entre otros; sobre todo en el celebrante pero, igualmente, en la asamblea.

Pero en muchos lugares los presbíteros ni siquiera hablan de pecado, ni siquiera ofrecen la confesión y si la ofrecen es por cita; entonces, digo yo, cómo empezar siquiera a tener almas en estado de gracia para que inicien y recorran el camino hacia la “Liturgia profunda”?

Lo digo con mucha seriedad, es tan dramático ver en los presbíteros el desinterés por las almas en pecado que lo sentimientos son fuertes y a veces difíciles de sobrellevar, si no es por gracia.

Concedo que quizá en otros muchos lugares no es así, quizá es de ese modo solo es en mi parroquia.

Ni les digo la de generaciones y generaciones que en más de 40 años he visto perder aquí la fe.  Y también he visto, es la verdad, como –a pesar- de la mala administración de las cosas de Dios, tengo vecinos a los que el Señor no abandona. 

Dios es bendito, y nunca, nunca abandona.

Quién, jamás, hubiera esperado que, de amar así como amo a Cristo en la Liturgia, lo que amarlo me ha hecho sufrir pero también más amarlo, iba el Señor, Dios bueno, a dejarme llegar al cielo todos los domingos para, al final, devolverme a la casa a almorzar? Quién, por más fe que tuviera, lo habría imaginado?

Eso es lo que ha hecho el Señor conmigo. Me deja llegar a misa de 9:30am, prepararme media hora, sin ruido, con devoción, confesarme si hace falta. Cantar el Kyrie y demás oraciones de la misa de Angelis para llegar a esa parte en que, delante de mis ojos, baja de lo alto para posarse en mi alma como en la patena sobre sobre el altar. Escuchar su Palabra, las advertencias e instrucciones que cualquiera necesita para dejar a Dios hacer de la propia, una vida santa, llena de caridad y perdón, por todo y todos.

La Iglesia enseña que la Liturgia parroquial o cualquiera debe ser imagen de la Liturgia celestial, entre más cercana lo sea, tendrá el alma mayor deseo de santidad que buscará nutrir  con el don de Dios cada domingo. Qué otro modo necesitan presbíteros y obispos para asegurarse de estar cumpliendo su misión? Por qué han dejado de hacerlo? Perdieron la fe?

Yo sé que esto que hace el Señor conmigo no es común pero no por eso me engallo sino que más bien vivo contenta y agradezco ya que, lo mismo hace por aquél montón de padres y madres con sus hijos, jóvenes y ancianos que llegan al cielo conmigo cada domingo (aquí y en cualquier parte del mundo).

Obispos y presbíteros amados, los hijos de Dios necesitamos que nos hablen de pecado, que nos ofrezcan la oportunidad de reconocer las culpas, arrepentirnos y enmendar, que el efecto nos sirva como alimento básico para nutrir el alma que lleva de Dios su impronta divina.