26.07.17

La guerra de la Vendée (2): las causas

En los inicios de la guerra de la Vendée, “el 13 de marzo de 1793, el primer jefe reconocido de los vandeanos, Cathelineau –el “santo de Anjou”-, detiene su marcha sobre Jallain y se dirige a sus hombres: “Amigos míos, no olvidemos que estamos luchando por nuestra santa religión”; se arrodilla, se santigua y entona el himno Vexilla Regis prodeunt. Ese mismo día habían puesto en sus casacas las insignias del Sagrado Corazón. Un “patriota”, testigo de la entrada de los sublevados en Chemillé escribe que llevaban “escarapelas blancas adornadas con una medallita de tela cuadrada en la que hay bordadas distintas imágenes, como cruces, corazoncitos atravesados por lanzas y cosas parecidas”. Gritaban “Viva el Rey y los buenos curas”. (A. Bárcena, “La guerra de la Vendée”, Cap.1, p.26-27)

La importancia y centralidad de la cuestión religiosa en la guerra de la Vendée es evidente hasta en su pacificación final, obrada por Napoleón Bonaparte quien, recién llegado al poder, dirige con otros cónsules en diciembre de 1799 una proclama “a los habitantes de los departamentos del Oeste” reconociendo que “leyes injustas han sido promulgadas y ejecutadas, actos arbitrarios han alarmado la seguridad de los ciudadanos y la libertad de conciencia” y declarando que “la libertad total de cultos está garantizada por la constitución”. En ese mismo año de 1799 regresaban a la Vendée sacerdotes refractarios en medio de una desbordante emoción popular.

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17.07.17

La guerra de la Vendée. Una cruzada en la revolución.

La guerra de la Vendée es uno de los capítulos más controvertidos de la Revolución Francesa. Un episodio que pone en cuestión la sinceridad de su ideología revolucionaria, resumida en el gran lema de Libertad, igualdad, fraternidad. Los revolucionarios sometieron a esta región francesa a una poítica de tierra quemada, poniendo en marcha un verdadero genocidio. Ejecutado, además, con el mayor ensañamiento, sobre unos compatriotas por el simple hecho de no aceptar su visión del mundo.”

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5.07.17

No solo de pan vive el hombre

Quiero hoy llamar su atención sobre dos campañas que Ayuda a la Iglesia Necesitada-ACN ha lanzado este verano: “Vehículos que llevan a Dios” y “Campamentos de verano que curan el alma”, pero antes quiero darles a conocer el modo particular como esta Fundación de la Santa Sede comprende que debe ejercerse la caridad.

No creo que haya un solo lector de Infocatólica que no experimente a diario en su vida cuán cierto es eso de que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4-4)  Esa experiencia de nuestra pobreza espiritual, y de la necesidad absoluta de la gracia de Dios para sobrellevar nuestra existencia y encaminarla hacia la vida eterna nos ha empujado a muchos a simpatizar intensamente con el carácter pastoral de Ayuda a la Iglesia Necesitada – ACN.

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4.06.17

Testimonios coptos

Los vídeos que compartimos en esta entrada no necesitan presentación. El primero de ellos les ayudará a conocer a los coptos, pueblo cristiano que sufre persecución y martirio desde hace largos siglos. El segundo contiene el testimonio de la viuda de un mártir copto (vídeo editado por Religión en Libertad).

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29.05.17

¿Apostatar en conciencia?

 

Yo me imagino a Pelagio como un voluntarista optimista, una de esas personas que han recibido una naturaleza fuerte y no se dan cuenta de que es regalada y no todos la tienen. Le supongo a Pelagio también un rasgo frecuente en voluntaristas optimistas, y es que a veces creen que, a quienes no consiguen lo que persiguen, sólo les falta poner en marcha la voluntad como si la gracia no existiera en absoluto o no fuera necesaria. Ya saben: “El que la sigue la consigue”, etc. etc. Ah, olvidaba aclarar que a la gran mayoría de voluntaristas el optimismo no les suele durar mucho. Ya saben, la realidad se acaba imponiendo.

Sin embargo, no imagino a los obispos de la Conferencia Episcopal belga como optimistas pelagianos. Más bien los veo derrotados. No sólo no cuentan -como Pelagio- con la realidad indiscutible de la gracia divina…es que tampoco confian en la voluntad humana: “No podemos pedir que los cristianos hagan esto o aquello”. Ya saben, hay situaciones de pecado que para numerosos obispos –y párrocos, y feligreses de a pie como usted y como yo- son irremediables. Como si Dios no existiera, o finalmente fuera –como mucho- el relojero aquel que creó y después se quedó mirando.

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