InfoCatólica / Cor ad cor loquitur / Categoría: Secularización interna de la Iglesia

19.08.15

Que nos echen por fariseos, rigoristas y mala gente

Pues sí, señores míos, resulta que aquellos que osamos defender la fe de la Iglesia somos acusados constantemente de ser una panda de fariseos, rigoristas, personas sin corazón a las que gusta ver sufrir a los demás bajo el peso de leyes y normas asfixiantes.

Basta decir sí y amén a esto…:

La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.

Familiaris consortio, 84

… para caer bajo esa acusación. Por supuesto, eso implica que San Juan Pablo II, y con él todos los papas y concilios ecuménicos, especialmente el de Trento, donde se ratificaron las palabras de Cristo sobre el matrimonio y el adulterio, así como las de San Pablo sobre la imposibilidad de comulgar en pecado mortal, eran igualmente fariseos, rigoristas, etc.

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14.08.15

Están robando al rebaño de Cristo el evangelio de la salvación

El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. No hay ninguna otra criatura -en el reino animal y en el vegetal- que haya sido creada así. La dignidad de todo ser humano nace precisamente de ese hecho. Dios ama a todos los hombres.

El hombre pecó y por el pecado entró la muerte en el mundo. La relación entre el hombre y Dios fue dañada gravemente por el pecado. Dios siguió amando a los hombres. Tanto los amó, y los ama, que envió a su Hijo para restaurar esa relación, expiando por los pecados de todos. Dios envió su Espíritu Santo para dar al hombre la capacidad de vencer al pecado y vivir en santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Cristo fundó su Iglesia para predicar el evangelio en todo el mundo, hacer discípulos y ser instrumento de salvación.

¿Saben la diferencia entre el primer párrafo y el segundo? Que el primero se predica en nuestra Iglesia y el segundo cada vez se esconde más.

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12.08.15

Cristo no murió por nuestras "situaciones irregulares"

Desgraciadamente gran parte de la Iglesia está asumiendo en la práctica -el magisterio sigue intacto- una visión del pecado que no tiene nada que ver con lo que dice la Revelación. Esa visión consiste básicamente en una banalización del mismo.

Por ejemplo, se banaliza el pecado del aborto cuando se equipara a la víctima inocente asesinada con la mujer que ha ordenado matar a su hijo no nacido. Ciertamente son muchos los casos en que la mujer actúa así movida por presiones externas, que pueden llegar a ser tremendas, pero no es menos cierto que otras muchas, muchísimas, abortan simple y llanamente porque sí, porque no quieren tener un hijo en ese momento de sus vidas.

Se banalizan los pecados del adulterio y la fornicación cuando se esconde el hecho de que ambos no son meras “situaciones irregulares” sino pecado mortales que, de no ser objeto de arrepentimiento, llevan al que los comete al infierno.

Se banaliza hasta extremos intolerables el pecado de la herejía, cuya extensión en la actualidad es fruto sobre todo de la ausencia de una política pastoral encaminada a librar al pueblo de Dios de esa plaga, lo que provoca que millones de almas estén en grave peligro.

Se banaliza el pecado de la falta de práctica religiosa. Siendo yo pequeño tenía muy claro que si no iba a Misa un domingo, tenía que confesarme cuanto antes. Hoy se te ocurre decir que no ir a Misa es pecado mortal, y te miran como un bicho raro.

Se banaliza el pecado de llevar una vida cristiana mundana, que afecta a todos los ámbitos de la vida, pero especialmente al ocio, que lleva a un consumo desenfrenado, que deshace las relaciones familiares, etc.

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8.08.15

Lecciones de catolicidad de ellos, ni una

El progresismo eclesial es tan “católico", tan “democrático", tan abierto -según dicen- a las sensibilidades, que le parece mal que cientos de miles de fieles pidan al papa Francisco que defienda la fe de la Iglesia sobre la familia.

A ver, que nos expliquen, ¿qué puede tener de malo pedir algo así? ¿cómo vamos a quedarnos de brazos cruzados cuando vemos a cardenales y obispos proponiendo cosas que se dan de tortas con la fe que hemos recibido de nuestros padres, de nuestros santos, de nuestros mártires?

Ellos, que quieren cargarse los sacramentos del matrimonio, la confesión y la eucaristía, que creen algo tan absurdo como que un papa puede contradecir las palabras de Cristo, de sus antecesores y de concilios ecuménicos, pretenden que pedir eso al Santo Padre es anticatólico.

Por otra parte, que los que llevan décadas de infidelidad a los Vicarios de Cristo, pretendan darnos lecciones de catolicidad, roza ya el esperpento.

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27.07.15

Los milagros estorban a quienes profesan una fe falsa

Los milagros estorban a quienes quieren hacer del cristianismo un humanismo buenista donde el hombre tiene capacidad natural de obrar bien y lo sobrenatural pasa a ser considerado como algo mítico, un simple adorno literario.

Por ejemplo, por más que se empeñen, la clave de la lectura del evangelio de ayer no es solo que debamos compartir con los necesitados el pan y los peces que nos sobran -lo cual es obvio para cualquier cristiano-, sino que Dios saca comida para alimentar a una muchedumbre de donde solo había cinco panes y dos peces.

Pretender una lectura meramente sociológica/asistencial de ese pasaje del evangelio, negando su consideración milagrosa, es como pretender que el maná que recibió Israel durante su peregrinaje por el desierto eran las sobras que les llegaban de Egipto o del otro lado del Jordán.

No era magia. Era designio sobrenatural de Dios. Y Dios no es un mago, no es un ilusionista. Es quien de la nada crea todo lo que existe en el universo.

Muchos son los que dicen que una fe que necesita de milagros para existir, en realidad no es fe. Sin duda la fe es un don de Dios que no requiere de la contemplación de sucesos sobrenaturales, pero tan cierto es eso como que no existe fe cristiana que no acepte la realidad de esos sucesos. En otras palabras, tan verdad es esto:

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Jn 20,29

Como esto:

Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».

Jn 4,48

Y esto:

Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis…

Hch 2,22

Creemos sin ver y creemos porque vemos. Pero quien no cree, ni aunque vea creerá, a menos que el Señor obre en su corazón el mayor de los milagros, que es el de la conversión.

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