InfoCatólica / Cor ad cor loquitur / Categoría: Cristo

16.09.17

¿Por qué me llamáis Señor y no hacéis lo que digo?

Evangelio del sábado de la vigésimo tercera semana del Tiempo Ordinario:

Jesús dijo a sus discípulos:
Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».
Luc 3,46-49

No basta con tener constantemente el nombre del Señor en la boca. Hay que, por gracia, cumplir su voluntad de corazón. Y cuando caigamos y pequemos, levantarnos por su misericordia mediante el sacramento de la confesión.

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14.09.17

Tanto amó Dios al mundo

Evangelio de la Fiesta de la exaltación de la Santa Cruz

Jesús dijo a Nicodemo:
Pues nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Igual que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él.
Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Jn 3,13-17

Como bien dice el apóstol San Pablo, “en cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo” (Gal 6,14). Solo Dios puede convertir un instrumento de tortura y  muerte, como es la cruz, en un instrumento de salvación. Fue allá en la Cruz donde Cristo obtuvo nuestra redención.

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12.09.17

Que nadie os seduzca por medio de vanas filosofías

Primera lectura del martes de la vigésimo tercera semana del Tiempo Ordinario

Por tanto, así como habéis recibido a Cristo Jesús, el Señor, vivid en él, enraizados y edificados sobre él, permaneciendo fuertes en la fe, tal como aprendisteis, y manifestando generosamente vuestro agradecimiento.
Vigilad para que nadie os seduzca por medio de vanas filosofías y falacias, fundadas en la tradición de los hombres y en los elementos del mundo, pero no en Cristo. Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente, y por él, que es cabeza de todo principado y potestad, habéis alcanzado la plenitud. Por él fuisteis también circuncidados con una circuncisión no hecha por mano que mutila el cuerpo carnal, sino con la circuncisión de Cristo. Sepultados con él por medio del Bautismo, también fuisteis resucitados con él mediante la fe en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos.
Y a vosotros, que estabais muertos por los delitos y por la falta de circuncisión de vuestra carne, os vivificó con él, y perdonó gratuitamente todos nuestros delitos, al borrar el pliego de cargos que nos era adverso, y que canceló clavándolo en la cruz. Habiendo despojado a los principados y potestades, los exhibió en público llevándolos en su cortejo triunfal.
Col 2,6-15

Este es quizás uno de los pasajes más importantes de todas las epístolas de San Pablo. El apóstol explica tanto cómo fue realizada nuestra redención como las consecuencias que debe tener en nuestras vidas.

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11.09.17

Discutían qué había que hacer con Jesús

Evangelio del lunes de la vigésimo tercera semana del Tiempo Ordinario:

Otro sábado, entró Jesucristo en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada: «Levántate y ponte en medio». Y, levantándose, se quedó en pie.
Jesús les dijo: «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».
Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo: «Extiende tu mano». Él lo hizo y su mano quedó restablecida.
Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.
Luc 6,6-11

Dice el apóstol San Pablo que “sabemos que la ley es buena siempre que se use legítimamente” (1 Ti 1,8). Usar la ley para intentar “atrapar” a su autor -Cristo es Señor del sábado- o como excusa para impedir un bien -todo milagro es bueno-, es absurdo.

Pero absurdos eran aquellos que teniendo delante de sus ojos al Autor de la Vida, al Mesías profetizado, al Salvador, rabiaban por no saber qué hacer ante tanta autoridad y exhibición de poderío divino.

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7.09.17

Desde ahora serás pescador de hombres

Evangelio del jueves de la vigésimo segunda semana del Tiempo Ordinario:

Estaba Jesús junto al lago de Genesaret y la multitud se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Entonces, subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra. Y, sentado, enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: -Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca.
Simón le contestó: -Maestro, hemos estado bregando durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero sobre tu palabra echaré las redes.
Lo hicieron y recogieron gran cantidad de peces. Tantos, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que vinieran y les ayudasen. Vinieron, y llenaron las dos barcas, de modo que casi se hundían.
Cuando lo vio Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: -Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.  Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos estaban con él, por la gran cantidad de peces que habían pescado.
Lo mismo sucedía a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: -No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron.
Luc 5,1-11

Palabra de Cristo, palabra de Dios. Y la multitud, agolpada para escucharle. Qué bella estampa. Poco se imaginaba Simón que ese día cambiaría su vida por entero. De pescador de peces a pescador de hombres. 

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