InfoCatólica / Cor ad cor loquitur / Categoría: Cultura de la muerte

14.12.16

El castigo de Hebreos 10,28-32

A menos que quieran cargarse también esta doctrina, cosa que no descarto, de momento es católico afirmar que quien peca gravemente y muere sin arrepentirse y confesarse, va al infierno.

Pero como bien dijo Cristo, hasta en el infierno hay grados.

En verdad os digo que en el día del Juicio la tierra de Sodoma y Gomorra será tratada con menos rigor que esa ciudad. 
Mat 10,15

Pues bien, aunque esto no lo dice Cristo, creo que no es muy aventurado creer que dentro del infierno tiene que haber un lugar muy especial para aquellos que, teniendo el ministerio de proclamar la verdad, ayudan a los pecadores a condenarse. Dice Dios por medio del profeta Ezequiel:

Hijo de hombre, te he puesto como centinela de la casa de Israel. Cuando recibas una palabra de mi boca, se la anunciarás de mi parte.  Si digo a un malvado. «Vas a morir» y tú no le adviertes ni le insistes para que se convierta de su mal camino y viva, el impío morirá por su culpa, pero demandaré su sangre de tu mano. Si, por el contrario, adviertes al malvado y no se convierte de su iniquidad y de su mal camino, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu alma.  
Y si el justo se aparta de su justicia y comete una iniquidad, pondré ante él un obstáculo y morirá. Como no le advertiste, morirá por su pecado y no se tendrán en cuenta las obras justas que había hecho. Pero demandaré su sangre de tu mano.  Sin embargo, si adviertes al justo para que no peque y no peca, ciertamente vivirá porque atendió la advertencia y tú habrás salvado tu alma.
Eze 3,17-21

No hace falta haber estudiado teología en una universidad pontificia para saber que el suicidio es un pecado muy grave. Aunque ciertamente puede haber atenuantes en la responsabilidad de quien lo comete -p.e, una grave enfermedad psiquiátrica-, no hay nada que justifique el quitarse la vida.

Por desgracia, las legislaciones de los países democráticos favorecen cada vez más la eutanasia, que es una forma como cualquier otra de suicidio, pero con el agravante de que el Estado y el personal médico o sanitario lo facilita.

La Iglesia, como no puede ser de otra forma, condena la eutanasia. Pero resulta que los obispos canadienses del atlántico se han contaminado del virus de la falsa misericordia y han decretado que sus sacerdotes pueden administrar los últimos sacramentos a las personas que quieren suicidarse. Es decir, si alguien quiere quitarse la vida, va el sacerdote, le confiesa, le absuelve… y después se mata. Es difícil concebir una depravación mayor de los sacramentos instituidos por Cristo. Es difícil imaginarse una prostitución más perversa de la fe y la moral católicas.

Sin duda de esos obispos se puede decir esto:

Al que viola la ley de Moisés lo ejecutan sin compasión, basándose en dos o tres testigos.
¿Cuánto peor castigo pensáis que merecerá quien pisotee al Hijo de Dios, profane la sangre de la alianza que lo consagra, y ultraje al Espíritu de la gracia? Conocemos al que dijo: Mío es el desquite, yo daré a cada cual su merecido, y también: El Señor juzgará a su pueblo.
Es terrible caer en manos del Dios vivo.
Heb 10,28-32

Esos obispos canadienses pisotean a Cristo y profanan su sangre derramada en el Calvario convirtiendo el sacramento del perdón en vía libre para suicidarse. Más que obispos de Cristo parecen obispos de Satanás (2ª Cor 11,13-15). Y lo peor de todo es que presentan su decisión como un acto de misericordia. Afirma Mons. Claude Champagne que ponen más énfasis en el cuidado pastoral que en la doctrina. ¿Qué misericordia es esa que acompaña al pecador camino del infierno? ¿qué tipo de pastor es el que ayuda a la conciencia del suicida a suicidarse? ¿qué pastoral ese esa que se burla de la doctrina?

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17.09.16

Dice Walker que la Iglesia no es una

Matías Walker es vicepresidente de un partido chileno llamado Democracia Cristiana, que posiblemente tenga mucho de Democracia pero más bien nada de Cristiana. Resulta que su formación política apoya la despenalización del aborto en el país sudamericano. Lo cual le parece muy bien. Y no contento con eso, ha decidido que conviene atacar a los obispos que osan pronunciarse en contra de dicha despenalización. 

Para justificar sus ataques a los obispos ha utilizado una doble estrategia:

- Apelar a los sacerdotes religiosos Percival Cowley, scc, y Felipe Berríos, sj, que, cito, “entienden que en estos casos hay una realidad social muy compleja y cabe la posibilidad de votar en conciencia, sin dogmas absolutos“. O sea, a lo que se ve, esos religiosos creen que el derecho a la vida del no nacido no es un dogma absoluto.

- Relacionar a los obispos opositores al aborto con la figura del P. Karadima, apartado del ministerio sacerdotal por abusos sexuales.

En otras palabras, según este señor, en la Iglesia hay unos buenos, que aceptan una ley así, y otros malos, quedando su maldad demostrada por el hecho de que fueron dirigidos espirtualmente en su día por un sacerdote abusador.

Aun así, lo que más me llama la atención de las palabras de Walker es esta frase:

La Iglesia no es una sola -gracias a Dios, me permito agregar-, y en ella hay distintas visiones.

Lo lógico sería responder al político chileno con el Credo nicenoconstantinopolitano:

Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.

Pero claro, da la casualidad de que, efectivamente, en la Iglesia hay sacerdotes que se manifiestan públicamente en contra de sus enseñanzas sin que nadie haga absolutamente nada para apartarles del sacerdocio.

Es decir, tenemos una Iglesia en la que la doctrina sobre el derecho a la vida es muy clara. A su vez, tenemos sacerdotes, religiosos, que arremeten contra dicha doctrina. Con lo cual, muchos se preguntarán de qué sirve tener una doctrina buena si se permite que desde dentro se opine y se apoye lo contrario.

¿Puede ser UNA la Iglesia que admite en su seno que se predique una cosa y la contraria? ¿puede ser católica y apostólica? O, en otras palabras, ¿es la Iglesia Católica lo que dice ser?

Ciertamente lo es. Ni todos los Cowley, Berríos, Masiá y Forcades del mundo cambian una sola tilde de la doctrina católica. Pero el problema no son solo ellos. El problema son aquellos que, siendo sucesores de los apóstoles, no hacen lo que los apóstoles dijeron que había que hacer con los que introducen la herejía en la propia Iglesia. 

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11.08.16

Ideología de género. El Papa tiene razón: tanta coincidencia no es casual

España, Colombia, Argentina y lo que está por venir. En esa escalera de la muerte que llevamos años escalando, el peldaño de la ideología de género es el que está de moda. Es por ello muy necesario difundir por todas partes las palabras del papa Francisco a los obispos polacos:

«En Europa, América, América Latina, África, en algunos países de Asia, hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas – lo digo claramente con nombre y apellido – es el ‘gender’. Hoy a los niños – a los niños – en la escuela se enseña esto: que cada uno puede elegir el sexo. ¿Por qué enseñan esto? Porque los libros son los de las personas y de las instituciones que dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Y esto es terrible. Hablando con Papa Benedicto, que está bien y tiene un pensamiento claro, me decía: ‘Santidad, esta es la época del pecado contra Dios creador’. Es inteligente. Dios ha creado al hombre y a la mujer; Dios ha creado al mundo así, así, y nosotros estamos haciendo lo contrario. Dios nos dio un estado ‘inculto’ para que nosotros lo transformáramos en cultura; y después, con esta cultura, hacemos cosas que nos devuelven al estado ‘inculto’. Lo que ha dicho el Papa Benedicto tenemos que pensarlo: ‘Es la época del pecado contra Dios creador‘».

Hay quien sugiere que sería mejor que el Santo Padre dijera lo mismo de forma más pública y no en un encuentro con obispos. Pero el caso es que lo ha dicho y toca a la prensa católica aprovechar que lo ha dicho. Si nosotros no difundimos ese mensaje tan claro, ¿quién lo va a hacer? ¿los medios que solo citan al Papa cuando creen que dice algo que gusta al establishment socio-cultural reinante?

De toda esta movida perversa, la peor parte es el intento de adoctrinar a los niños contra el criterio moral de sus padres. Bien saben los hijos del Príncipe de este mundo (Efe 2,2) que para lograr su objetivo es necesario conquistar la mente y el alma de los más pequeños. Y si para ello tienen que cargarse el derecho paterno y la escuela cristiana -la de verdad, no solo la de nombre-, lo harán. 

Si los padres se oponen, les quitarán a sus hijos, como ya está ocurriendo en algunos países. Y si los centros católicos intentan sortear esas leyes inicuas, los sancionarán y los cerrarán. Decir esto no es ser profeta de calamidades. Es tener los ojos bien abiertos y mirar lo que está pasando.

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9.08.16

Doña Cristina, lea usted al Papa antes de hablar contra nuestros obispos

La presidenta de la Comunidad de Madrid, del PP, ha jugado la única carta que piensa que desde la propia Iglesia se le ha cedido, para minimizar la importancia de la carta conjunta de los obispos de Getafe y Alcalá de Hernares contra la ley infame aprobada recientemente por el parlamento madrileño. 

Doña Cristina quiere presentar a esos obispos como una especie de radicales que sostienen posturas minoritarias no solo en la sociedad -eso es hartamente posible- sino en la propia Iglesia.

Sin duda, el silencio pertinaz del arzobispo de Madrid ante esa misma ley, ayuda a la tesis de la señora Cifuentes. Pero hete aquí que esos obispos no hacen sino desarrollar lo indicado por el papa Francisco a los obispos polacos. Lea usted conmigo, doña Cristina:

«En Europa, América, América Latina, África, en algunos países de Asia, hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas – lo digo claramente con nombre y apellido – es el ‘gender’. Hoy a los niños – a los niños – en la escuela se enseña esto: que cada uno puede elegir el sexo. ¿Por qué enseñan esto? Porque los libros son los de las personas y de las instituciones que dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Y esto es terrible. Hablando con Papa Benedicto, que está bien y tiene un pensamiento claro, me decía: ‘Santidad, esta es la época del pecado contra Dios creador’. Es inteligente. Dios ha creado al hombre y a la mujer; Dios ha creado al mundo así, así, y nosotros estamos haciendo lo contrario. Dios nos dio un estado ‘inculto’ para que nosotros lo transformáramos en cultura; y después, con esta cultura, hacemos cosas que nos devuelven al estado ‘inculto’. Lo que ha dicho el Papa Benedicto tenemos que pensarlo: ‘Es la época del pecado contra Dios creador‘».

Es más, en Colombia la Iglesia también ha tenido que salir al paso del intento de pervertir moralmente a los niños, que es exactamente lo mismo que hace su ley, la de su partido, la de su comunidad autónoma, la de todos los partidos con representación parlamentaria en Madrid.

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15.05.16

Como animales heridos

Es habitual que los veterinarios apliquen inyecciones para acabar con la vida de animales enfermos o a los que ya no quiere nadie. Y empieza a ser habitual que los médicos haga exactamente lo mismo con personas que no quieren seguir viviendo. En Holanda se dieron más de cinco mil casos en el año 2015. Una media de quince muertes diarias.

Es cuestión de tiempo que esa práctica asesina llegue a España. Le darán un nombre pomposo para que no parezca que es lo que es. Seguramente lo hará un gobierno de izquierdas y cuando la derecha vuelva a gobernar, lo mantendrá. De hecho, ya hay legislaciones autonómicas que dejan la puerta semiabierta, vía sedación terminal.

Vivimos en una sociedad en la que la vida se aniquila antes de nacer y antes de que llegue su fin por vía natural. La decisión de vivir o morir queda a voluntad de la persona. En el caso de los no nacidos, depende de la voluntad de la madre y de quienes la rodean.

La profesión médica, que se supone que está para ayudar a la gente a vivir mejor, se está convirtiendo, poco a poco, en instrumento de aniquilación de toda vida de la que piense que no es digna. Ya no se trata solo de personas que están sufriendo una enfermedad terminal incurable. Basta con sufrir un trastorno psíquico o psiquriático severo para ser candidato a la inyección letal.

Es también cuestión de tiempo que una sociedad que se cree con derecho a decidir qué vida es digna y cuál no lo es, aplique sus criterios a seres humanos incluso en contra de su voluntad. Empezarán con las personas que sufren graves deficiencias físicas o mentales. Seguirán con los ancianos. Y si nada lo impide, acabarán con todos aquellos cuya existencia suponga un gasto desmedido para las arcas públicas.

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