Categoría: Espiritualidad cristiana
26.07.10
Llegaron de todas partes. No eran muchos, pues al fin y al cabo la profesión de profeta no gozaba de buena fama en los últimos tiempos, pero sí los suficientes como para llenar el pequeño auditorio.
Tras los abrazos y palmadas en la espalda de rigor, entraron en materia. La reunión estaba programada por la Alta Jefatura Profética de la nación y se buscaba la unificación de criterios de cara a no dar una imagen de división que afectara al ya de por sí devaluado sector.
Primero tomó la palabra el portavoz de PPSP (Profetas Pero Sin Pasarse):
-“Queridos hermanos, creo que todos estaremos de acuerdo en la necesidad de que nuestra sociedad cuente con voces proféticas que sirvan de faro y de guía en unos momentos de confusión, inmoralidad y crisis a todos los niveles”.
Los aplausos resonaron con fuerza…
“Ahora bien”, interrumpió el orador, “debemos buscar ante todo la eficacia en nuestra labor. El fundamentalismo no nos lleva a ningún lado. La sociedad acepta voces que la regañen y la contradigan, pero rechaza a quienes amenazan con castigos de lo alto y con condenas eternas. Debemos ser profetas, sí, pero sin pasarnos. Advirtamos del error, pero no tanto de sus consecuencias. No nos refugiemos en barricadas estériles que sólo sirven para aumentar el rechazo de aquellos a quienes van dirigido nuestro mensaje. Si optamos por la radicalización, podemos incluso perder nuestros medios de comunicación, nuestras atalayas. Incluso pueden cerrar nuestros colegios y dejarnos al albur única y exclusivamente de la caridad de los fieles. ¿Qué necesidad hay de ir al martirio antes de tiempo?, ¿quién nos oirá entonces?, ¿a dónde iremos?”
La ovación fue atronadora. No en vano, PPSP agrupaba a la mayor parte de los profetas nacionales y su presencia en la reunión era la más nutrida.
25.07.10
- “Oye, hermano, ¿qué hacemos pues? ¿se lo dices tú o se lo digo yo?”
- “Es que a mí me da `cosa´. Díselo tú”.
- “Claro, qué listo eres. Y si luego me echa la bronca, tú te escabulles y te haces el desentendido”.
- “Mira, se me ha ocurrido una cosa. Hablamos con mamá y que sea ella la que se lo proponga”.
- “Vale, no es mala idea”.
Los dos hermanos se dirigen a su madre y le cuentan sus planes. Ella, que como toda buena madre quiere lo mejor para sus hijos, acepta pero con una condición:
- “Tenéis que venir conmigo”.
- “Pero mamá”, dijeron ambos, “precisamente lo que queremos es que no se nos note mucho”.
- “Nada, nada. O venís conmigo o no voy”.
- “Vayamos los tres”, respondió el mayor.
- “Pero hablas tú, mami”, dijo el pequeño.
Antes de llegar ante Su presencia, Él levantó los ojos y les lanzó una mirada penetrante, como si supiera realmente qué es lo que querían. La mujer sintió como las piernas le temblaban un poco y al menor de sus hijos se le hizo un nudo en la garganta. Sin embargo, no era ella una persona de las que se echaba para atrás una vez que se decidía a hacer algo. Se postró ante los pies del Maestro, quien abrió la boca:
7.07.10
Confieso que tengo “debilidad” por Monseñor Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y, más pronto que tarde, futuro cardenal de la Iglesia. No sólo me gusta lo que predica, que suelo leer en la web de su archidiócesis, sino que además, cuando le veo en algunos vídeos me transmite la imagen viva de aquello que San Pablo afirmaba ser el Reino de Dios: “…justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14,7).
Lo que acaba de proponer el arzobispo de Nueva York es una prueba más de que estamos ante un hombre de Dios llamado a causar un profundo impacto en la comunidad católica, y no sólo católica, de su país. Una nación fundada bajo el lema “In God we trust” no puede perder a Dios como referencia máxima, a menos que quiera cortar sus raíces y echarse a perder.
Ahora bien, tan peligroso es desentenderse de Dios como usar su nombre en vano. Y usan su nombre en vano los que, como Obama, afirman creer en Él pero luego llevan a cabo políticas que profundizan en la cultura de la muerte. También se usa en vano el nombre de Dios cuando se toma como tapadera para meterse en guerras que no encajan en los parámetros de la “guerra justa".
Dice Mons. Dolan que en la sociedad norteamericana “los 10 mandamientos se han convertido en una lista de sugerencias, las 8 Bienaventuranzas un conjunto de ideas bonitas, la Biblia mera literatura, la Iglesia innecesaria, la religión unas muletas para no iluminados, la verdad objetiva una opresión anticuada". Y yo añado que eso mismo ocurre en la sociedad española.
31.05.10
Mi buen amigo Pablo Ginés nos ha ofrecido desde La Razón una entrevista muy interesante a Marcelo Olima, predicador laico de la Renovación Carismática Católica. Y lo cierto es que Marcelo no se ha cortado ni un pelo. Su análisis sobre la situación de la fe católica en España se resume en una de las respuestas:
En España no sólo me asombra la falta de fe de los jóvenes, sino la falta de valores humanos. Por ejemplo, falta respeto a los mayores, a la familia o a los profesores, que en América aún se mantiene. Allí nunca vi, como en España, que un chaval pegue a una profesora o a su padre. Además, me escandaliza tener profesores, curas, que no creen en los milagros, que dicen que eran cosas de los tiempos de Jesús. ¡Yo he visto muchos milagros y curaciones en mis viajes! O curas que no creen en la Resurrección. Y hay mucho católico “light", que acepta el aborto y el divorcio “exprés". Creo que a muchos clérigos en España les falta ansia por evangelizar, por llegar a la gente. ¡Están contentos con las diez abuelitas que ya tienen en la parroquia, con misas frías, de 20 minutos, sermones que repiten el evangelio sin aterrizarlo en la vida de la gente! En Los Ángeles una misa de domingo parroquial dura hora y media, y si es carismática, dos horas.
Estoy plenamente de acuerdo. Si acaso yo no pondría tanto énfasis en los sacerdotes. Los hay que querrían tener las misas llenas para que sus sermones, bien preparados, encontraran eco. Pero la gente pasa. El evangelio es infinitamente más exigente que el buenismo que muchos querrían oír. La indiferencia de la mayor parte de la juventud española viene dada no sólo por el hecho de que a cierta edad, las hormonas y el conflicto que supone pasar de la infancia a la edad adulta producen una previsible inestabilidad emocional y espiritual, sino sobre todo por la educación que ha recibido en la escuela, en casa y desde los medios de comunicación. La mayor parte de los colegios católicos no marcan ya una diferencia esencial respecto a la escuela pública. Eso es debido en gran medida a la secularización interna, que ha afectado sobre todo a las órdenes religiosas.
1.05.10
Para los que no han recibido el don de la fe o los que, habiéndolo recibido, lo han arrojado de sus vidas como un trasto inservible antes de que pudiera dar fruto, es imposible entender en qué consiste la vida cristiana. De hecho, los que, sin mérito alguno por nuestra parte, podemos disfrutar de la presencia del Señor en nuestro peregrinaje por este valle de lágrimas, no siempre encontramos el modo de describir en qué consiste la vida de fe. Las palabras siempre se quedan cortas a la hora de expresar algo que tiene lugar en el alma y en el espíritu. Es allá donde, como ocurre en el paraíso, a veces se oyen “palabras inefables que el hombre no puede decir” (2 Cor 12,4). Salvando las distancias, es como intentar describir el estado del enamorado. Se podrá tener más o menos capacidad de usar el lenguaje escrito o hablado para explicarlo, pero sólo quien ha experimentado dicho estado sabe de verdad en qué consiste.
Benedicto XVI, como muchos otros santos y doctores de la Iglesia, ha dicho en repetidas ocasiones que el cristianismo es esencialmente una relación personal del hombre con Dios. Sin duda que hay leyes y normas morales que cumplir, pero el corazón de la vida cristiana es la habitación de Dios en sus hijos. Todo lo empapa, todo lo cubre, todo lo llena con su presencia. Y si nos alejamos, viene de nuevo a llenar el vacío provocado por nuestra necedad en cuando volvemos nuestros ojos a Él.
Ser cristiano no es vivir la vida sin problemas o tener una varita mágica que te libra del dolor, del sufrimiento y de la angustia. Al igual que los incrédulos, padecemos enfermedades, se nos mueren nuestros seres queridos, nos deprimimos ante situaciones difíciles, nos conmovemos ante la desgracia ajena. Incluso en ocasiones se da la circunstancia de que ser seguidor de Cristo hace las cosas más “difíciles” desde el punto de vista del mundo. Los mártires son ejemplo de lo que digo.
Seglar, casado y padre de tres hijos. Dedicado durante años a la apologética católica en foros, chats y blogs de internet, en la actualidad es director de InfoCatólica. Los artículos de este blog pueden ser reproducidos citando la fuente, salvo prohibición expresa del autor.
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