11.09.13

La escuela concertada católica a la deriva

“Una tarde parda y fría/de invierno. Los colegiales/estudian. Monotonía/de lluvia tras los cristales. /Todo un coro infantil/va cantando la lección: / mil veces ciento, cien mil; /mil veces mil, un millón”

Este conocido poema de Antonio Machado nos describe una de las funciones fundamentales que debe tener todo centro escolar: la transmisión del conocimiento. Si además ese centro de enseñanza es católico, es decir es parte de la Iglesia, su misión evangelizadora quedará patente en todo momento, pues tal y como nos recuerdan nuestros obispos “los profesores (consagrados o laicos) que trabajan en la escuela católica ejercen un ministerio eclesial al servicio de la comunidad católica local y en comunión con el Ordinario diocesano”.

Pero, hete aquí, que en no pocos colegios concertados católicos las cosas son sustancialmente distintas a lo que deberían ser y los niños no cesan de escuchar y repentizar, entre otros cientos de cosas, el Nuevo Catecismo Eco-panteista de los Objetivos del Milenio. Año tras año, alumnos de estos colegios se ven sometidos a memorizar casi a machamartillo estos preceptos paganos revelados en la Sede de Naciones Unidas de Nueva York. Estos nuevos mandamientos fueron esculpidos en la Declaración del Milenio y hacen referencia a la erradicación de la pobreza, la educación primaria universal, la igualdad entre los géneros, la mortalidad infantil y materna, el avance del VIH/sida y la sostenibilidad ambiental.

La creencia por parte de muchas instituciones de enseñanza católica de que este camino de glorificación a la ONU nos lleva a un Paraíso en la Tierra ha sido acogida de manera tan entusiasta que en muchos casos ha relegado la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, pues es del todo imposible que un cristiano pueda compatibilizar el Reino de Dios con objetivos que incluyen la generalización del aborto (“salud reproductiva”), la esterilización temporal o definitiva, y la imposición de la perspectiva de género, por citar sólo algunos de los fines más evidentes de este Nuevo Edén. Así las cosas, no debería sorprendernos que en un colegio concertado católico, de cuyo nombre no quiero acordarme, al ser planteado como divertimento pedagógico a los alumnos un hipotético dilema de escoger entre la vida de una ballena y la de un bebé opten en abrumadora mayoría por salvar al simpático cetáceo.

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22.08.13

Mujeres en prisión por el aborto

Uno de los argumentos que utilizan recurrentemente los/las abortistas en España para intentar convencernos de la “bondad” del aborto, es que la mujer que desea abortar no debe ir a la cárcel por ello. Bien sabido es que para apelar a este argumento han tenido que inventarse casos y nombres de mujeres que supuestamente estarían en prisión.

La realidad es que sí hay mujeres en la cárcel por culpa del aborto, pero no en España (todo se andará…). Los únicos casos que se pueden argumentar son los de dos ciudadanas canadienses: Linda Gibbons y Mary Wagner. Solo que no están por ser pro-aborto, sino todo lo contrario: están en prisión por oponerse a él. Ya se ve que la “sombra” de la cultura de la muerte es alargada…

Una de ellas, Linda Gibbons, ha pasado más de 75 meses en prisión por acercarse a las clínicas abortistas, rezar por las mujeres que iban a ellas, e intentar explicarles la macabra realidad del aborto: muerte de niños inocentes en aras de una supuesta libertad de la mujer.

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17.08.13

Aclaración de la Comunión Tradicionalista sobre la acción de los católicos en política

Con fecha 2 de agosto una mal autodenominada «Comunión Tradicionalista» ha publicado en internet una breve nota en la que públicamente se atreve a enmendar la plana al Santo Padre Francisco acusándole de «propalar doctrinas contrarias al Magisterio». Es intolerable que los responsables de la secretaría política de don Sixto de Borbón, autores de dicha nota, utilicen nuestra secular denominación para confundir. Este simple hecho muestra la calidad humana de quien arteramente la utiliza.
La Comunión Tradicionalista Carlista ama a la Iglesia Católica como lo ha demostrado en tantas ocasiones, hasta dar la vida por ella. Los carlistas estamos y estaremos, como afirmaba el rey Carlos VII, ni «un paso más adelante ni más atrás que la Iglesia de Jesucristo». Jamás admitiremos que desde nuestras filas se lancen críticas de forma pública al Santo Padre.
Nuestra vocación de laicos dedicados a las cosas de la política, así como una larga historia de lealtades mantenidas sin tacha, nos enseñan a diferenciar lo que pertenece al Magisterio perenne de las expresiones que la cortesía o las exigencias del contexto concreto pueden provocar en un momento dado. A los carlistas no nos escandaliza que los pastores de la Iglesia, en el ejercicio de su labor apostólica, y bajo su propia responsabilidad, renuncien a cualquier forma de imposición; que afirmen que la democracia necesita apoyarse en la trascendencia; que hagan permanentes llamamientos al diálogo; o que prediquen a las ovejas descarriadas con argumentos que, a los ojos de un político cristiano, pueden saber a poco.
El Magisterio Político de la Iglesia no ha cambiado. La doctrina de la Soberanía Social de Jesucristo sigue vigente. El Catecismo es claro a la hora de definir el marco de una política católica. La confesionalidad de las comunidades humanas, de las familias, de los pueblos, de las naciones, es un bien deseable. El salmo 72 continúa proclamando que: «Ante Él se postrarán todos los reyes, y le servirán todas las naciones».
La misión de proponer, defender e incluso llegado el caso de imponer políticas concretas es responsabilidad propia de los laicos católicos, no del clero. ¿Estaremos haciendo nosotros, como políticos, lo que nos corresponde? Miremos pues nuestra viga y no la paja en el ojo ajeno. Es el momento de bajar a la arena política y social con coherencia. El Carlismo, organizado en la Comunión Tradicionalista Carlista, se ofrece a los católicos españoles como un medio para trabajar en este campo de la política, un ámbito que si aparece lleno de errores y corrupción no es tanto por la acción de los malos sino por la apatía de los buenos.
Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista
14 de agosto de 2013

Antonio Mendieta Pradas
Delegación de Prensa de la Comunión Tradicionalista Carlista
c/ Zurbano, 71 - of.3 - 28010 Madrid
Teléfono: 913994438
www.carlistas.es
[email protected]

4.08.13

Sobre una entrevista a Monseñor Castellanos

Señor director:
Muy mal sabor de boca me ha dejado la entrevista con Monseñor Castellanos que publica el Diario de León y hoy reproduce Religión Digital.

Llena de reproches a la iglesia actual, al Vaticano, hasta a su propia provincia de León. La impresión de que él y los que le ayudan y sostienen son los buenos mientras los demás son unos malvados que no quieren saber nada de los pobres. Todos los tópicos y toda la demagogia de los años setenta. Muy triste ver a un obispo así.

Afirma que se siente apoyado por organizaciones sociales y políticas, pero no por la Iglesia, que según sus palabras “no hace más que criticarnos”. Mire monseñor, aquí no vale eso de tirar la piedra y esconder la mano. Diga públicamente y demuestre con documentación quién le critica, cómo y por qué, porque de lo contrario acabaré creyendo que todo se lo inventa para ser el bueno de la película.

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10.06.13

Carta de una madre de Mairena del Aljarafe sobre la pastoral juvenil

Queridos Jóvenes, y otros no tan jóvenes… que ya habéis pasado la frontera de los 35. Es más, me dirijo a los más “talluditos”, a los responsables y “formadores”.

Me gustaría poder seguir en el tono de mi carta del comienzo de todo, como una carta de amor a vosotros. No es que lo pretenda hacer con falta de amor; como cristiana, seguidora de Jesús, no debo hacerlo, sigo pretendiendo cultivar esto en lo bueno y en lo malo, entregada con toda mi alma a todo ser humano. Lo que ocurre que la prudencia que me caracteriza, los que me conocéis lo sabéis, no es viable en todo momento; pues puede confundirse con querer mirar para otro lado, y vuestras actitudes,(los propósitos que habéis desenmascarado) no lo merecen.

Parece mentira que una rabieta haya desembocado en todo esto. Si, así me lo parece, que ha primado más el resentimiento de haber dejado de ser mimados, que os ha obcecado perder un protagonismo mal concedido. Porque no podéis seguir teniendo “carta blanca”, llaves y privilegio de las instalaciones de la parroquia, las aulas, el salón de actos, en los que desarrollar vuestros encuentros, fiestas y otras actividades…., como si fueran de vuestra propiedad a costa de “papá parroquia”, que es la que corría con los gastos, como si de vuestro club privado se tratase.
Queréis seguir pasando factura de años de trabajo por los jóvenes confirmantes; jóvenes a los que, según mi punto de vista, le estáis haciendo un profundo daño por la gran confusión que les estáis generando, diciendo una cosa y comportándoos de forma antievangélica.

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