- Si baja un extraterrestre, ¡que me lleve!
- ¡Ya bajó y está, de nuevo, en camino!
«¿A quién espera, padre (Emilio) Parrado, en la puerta de su Iglesia? ¡Al Señor, que está llegando!». La respuesta del recordado sacerdote tucumano, en tórridos anocheceres, sedientos de algo de frescura, impactaba siempre a sus interlocutores: solo en cinco palabras sintetizaba nuestra Fe. Y, en la Esperanza de su definitivo Adviento, en la Parusía, recordaba que Cristo siempre está viniendo a nosotros.
Muy temprano, después de la Santa Misa, fui esta mañana a un kiosco a comprar sobres. El joven que lo atendía, virtualmente, estaba atrincherado en una casi diminuta cárcel.
- ¡Me imagino que estas rejas son por si baja un extraterrestre! ¡Porque, en Argentina, nadie roba nada! -, exclamé.
- ¡Si baja un extraterrestre, que me lleve! -, respondió el atemorizado muchacho, con rostro tenso; que hablaba, sin duda, de su angustia y decepciones.
- ¡Ya bajó, hijo! ¡Es Cristo, y está de nuevo en camino!
Su sonrisa distendida me dio rápido pie para anunciarle al Señor. E invitarlo, como hago siempre, a que retorne, si se alejó, a la Iglesia, y la práctica sacramental. Y, así, en pocos minutos, descargó toda su impotencia por los permanentes asaltos, la violencia en las calles y la falta del más elemental respeto y lealtad, en todo tipo de relaciones.
- ¿Cómo Dios puede permitir todo esto? -, me preguntó.
- Dios siempre saca de todos los males, mayores bienes. Es un llamado, entonces, a que volvamos a Él. Sin Él y, peor aún, contra Él, terminamos siendo peores que las bestias…
- ¿Tiene arreglo esta situación, padre?
- ¡Por supuesto! Y el mejor de todos: el regreso definitivo y glorioso de Jesucristo, que «de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos. Y su Reino no tendrá fin». ¡Nos espera lo mejor, hijo! Y, mientras tanto, hay que trabajar mucho, estudiar mucho más, y rezar muchísimo más; para santificarnos, y darle gloria. Cada uno en su puesto: vos, como comerciante, y yo como sacerdote.
Gabriel me reveló su nombre, volvió a sonreír, y urgido por otros clientes, me extendió su mano. En la despedida, como es habitual, regalo de estampita, promesa de oración, y palabras de aliento. «Tienes --le dije- un maravilloso nombre. Fue el arcángel San Gabriel quien le anunció a la Virgen María que sería Madre de Jesús. Él, también ‘extraterrestre’ trajo la mejor Noticia que se escuchó en toda la historia de la Tierra; la Buena Noticia. Sé, vos también, con tus palabras y obras, una buena noticia para los demás».
De regreso al templo, encontré en la Liturgia de las Horas un oportunísimo texto del Deuteronomio: «Tu Dios te ha llevado, como un hombre lleva a su hijo, mientras ha durado tu camino» (Dt 1, 31b). Le pedí a Cristo, «Camino, Verdad y Vida» (Jn 14, 6), por el retorno al Camino, de Gabriel. Y encomendé, también, el eterno descanso del padre Parrado, al Señor de todos los consuelos. Que, efectivamente, está en pleno camino. Y le dará, a cada uno, lo que le corresponde: un lugar definitivo en las Mansiones eternas, o el castigo merecido en las prisiones perpetuas.
+ Pater Christian Viña.
La Plata, martes 17 de febrero de 2026.







