Schneider pide al Papa el acuerdo que los lefebvrianos rechazan
Palacio del Santo Oficio

Schneider pide al Papa el acuerdo que los lefebvrianos rechazan

Un puente hacia la Fraternidad San Pío X que, sin embargo, no quiere cruzarlo. La súplica del prelado a León XIV para que apruebe las anunciadas ordenaciones episcopales parece ignorar que es la Fraternidad quien no quiere ser regularizada y quien ha declinado cualquier propuesta en nombre de un estado de excepción que se ha convertido en la regla.

Mons. Athanasius Schneider ha dirigido al Santo Padre una súplica para que conceda el mandatum para las próximas ordenaciones episcopales de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), previstas para el 1 de julio de 2026: «Beatísimo Padre, si concede el Mandato Apostólico para las consagraciones episcopales de la FSSPX, la Iglesia de nuestros días no perderá nada. Usted será un verdadero constructor de puentes y, más aún, un constructor de puentes ejemplar, porque es el Sumo Pontífice, Summus Pontifex».

El contenido de esta súplica es, a decir verdad, sumamente problemático y muestra con bastante claridad que Su Excelencia no tiene una idea correcta de la FSSPX ni de lo que ésta realmente exige a la Santa Sede. «Sería una tragedia que la FSSPX quedara completamente aislada, y la responsabilidad de tal división recaería principalmente sobre la Santa Sede. La Santa Sede debería acoger a la FSSPX, ofreciéndole al menos un mínimo de integración eclesial, y proseguir después el diálogo doctrinal», reclama Mons. Schneider. Pero al leer esta protesta, uno se pregunta si se tiene suficiente conocimiento de lo que ha ocurrido en la historia de los diálogos entre la Santa Sede y la FSSPX, y de lo que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe propuso a la misma Fraternidad hace apenas unos días.

Es precisamente para encontrar ese minimum necesario por lo que la Santa Sede ha pedido a la Fraternidad que reabra un diálogo, suspendiendo la decisión de consagrar obispos el próximo verano. Y es de todos conocido que fue el superior general, junto con sus asistentes y consejeros, quien rechazó entablar «un diálogo doctrinal demasiado forzado y sin suficiente serenidad». Por lo demás, ese minimum, según lo expresado por el cardenal Fernández, habría incluido precisiones necesarias e importantes, deseadas por el propio Schneider, para no exigir un asentimiento de fe a afirmaciones del Concilio Vaticano II que no son dogmáticas.

Lo que Mons. Schneider parece no ver es que, al menos desde el último Capítulo General, que eligió a don Davide Pagliarani como superior general, la línea de la FSSPX ha pasado a ser la de rechazar a priori todo acuerdo con la Santa Sede y exigir, en cambio, que el Papa reconozca a la Fraternidad tal como es, es decir, en el ejercicio de su ministerio al margen de la comunión jerárquica, que don Pagliarani ha denominado «nuestra situación de excepción». Tendremos ocasión, en un próximo artículo, de fundamentar con mayor detalle, mediante documentos de la propia Fraternidad, que ésta es la línea de la FSSPX; pero ya resulta bastante claro (véase aquí) que no es la Santa Sede quien rechaza una propuesta de reintegración en la comunión jerárquica a la FSSPX, sino ésta última quien no la quiere, para no perder su «libertad» total de acción, es decir, para no tener que rendir cuentas a nadie de su actuación.

Solo para hacer comprender al lector que no se trata de prejuicios del que escribe, reproducimos el fragmento de una carta que el nuevo superior general había enviado a todos los sacerdotes de la FSSPX el 22 de noviembre de 2018, tras su primer encuentro con los representantes de la Congregación para la Doctrina de la Fe, carta que marcaba la decisión de poner fin a todo diálogo orientado a alcanzar una regularización: «aunque mañana las autoridades romanas volvieran sobre sus pasos proponiéndonos una declaración en principio aceptable, ¿qué nos garantizaría que, al día siguiente, esa declaración seguiría siendo suficiente para nuestros interlocutores? Vemos en esto una clara señal de la Providencia: la sucesión de estos borradores de declaración doctrinal insatisfactorios y su continua puesta en cuestión parecen haber cumplido su tiempo. […] Todo nos impulsa, por tanto, a retomar con valentía nuestra discusión teológica, bien conscientes de que el Señor no nos pide necesariamente convencer a nuestros interlocutores, sino ante todo dar ante la Iglesia testimonio incondicional de la fe». Está bastante claro que la Fraternidad no tiene intención de aceptar ninguna regularización: los diálogos se entienden como «testimonio de la fe», no como pasos de clarificación para llegar a un minimum que sirva de base a un acuerdo.

Resulta, pues, difícil comprender cómo Mons. Schneider puede suplicar al Papa que conceda el Mandato Apostólico en estas condiciones; desearía que el Papa aprobara consagraciones episcopales para permitir a la Fraternidad continuar sustrayéndose ordinariamente a su jurisdicción universal e inmediata. Su Excelencia acusa de «un cierto positivismo jurídico» a quienes habrían elevado, según él, «la dimensión canónica y legal […] a criterio supremo», pero no puede dejarse de ver en su concepción del mandatum un positivismo jurídico no menor, puesto que parece reclamar el mandatum para una consagración episcopal que no está «legalmente», sino jurídicamente fuera de la Iglesia. Los dos adverbios no son en absoluto sinónimos, porque la comunión jurídica pertenece a la constitución divina de la Iglesia y es, por ello, irrenunciable, mientras que es la dimensión legal y canónica, mediante la cual se expresa el vínculo jurídico, la que es variable.

Y aquí aflora el otro equívoco sustancial de la súplica de Mons. Schneider, cuando acusa a quienes están poniendo de manifiesto las contradicciones de la Fraternidad de confundir la desobediencia con un cisma y de haber confundido «la aceptación del primado papal como verdad revelada […] con las formas concretas —formas que han evolucionado a lo largo de la historia— mediante las cuales un obispo expresa su unidad jerárquica con el Papa». En verdad, ya se ha tenido ocasión de responder a esta objeción. Sin embargo, Schneider parece no advertir una «peculiaridad» del caso FSSPX. Las diversas modalidades de nombramiento de obispos en la historia de la Iglesia, por diferentes que fueran, se realizaban siempre:

  1. con la aprobación al menos implícita de la Sede Apostólica, que reconocía las costumbres locales de nombramiento de obispos (por parte de Patriarcas, Sínodos locales, Cabildos catedralicios, otros obispos católicos), reservándose siempre el derecho de veto;
  2. por parte de obispos que se encontraban en la comunión jerárquica;
  3. para consagrar obispos destinados a formar parte de dicha comunión jerárquica. Y los ejemplos aducidos erróneamente por Mons. Schneider (el card. Slipyj, san Atanasio) confirman esta regla.

Ahora bien, ninguno de estos tres elementos clave se encuentra en la consagración de obispos por parte de la FSSPX, porque:

  1. la Santa Sede, en el estado actual, no está aprobando estas consagraciones, ni se realizan según costumbres aceptadas por la Sede Apostólica, sino que tendrán lugar (a día de hoy) contra el veto explícito del Supremo Pastor;
  2. los obispos consagrantes de la FSSPX (Mons. Fellay y Mons. de Galarreta) no están ligados por el necesario vínculo jurídico (¡no meramente legal!) con el colegio episcopal y, por tanto, no son obispos católicos;
  3. los nuevos obispos serán ordenados con el fin explícito y declarado de sustraerse a la jurisdicción del Papa y de cualquier otro Ordinario.

Una vez más, lo que está en juego aquí no es «legal», sino que atañe a la constitución divina de la Iglesia. Nos preguntamos: ¿es posible sustraerse habitualmente a la jurisdicción de la Iglesia, del Papa y del obispo diocesano en comunión con él? No se trata de oponerse, incluso con frecuencia, a errores, sino de no aceptar habitualmente esa jurisdicción e incluso de apropiársela, por ejemplo cuando la Fraternidad se arroga la jurisdicción de pronunciarse sobre la validez de los matrimonios mediante su propio tribunal personal. Si la respuesta a la pregunta es negativa, no se ve cómo puede defenderse esta opción de la FSSPX; si la respuesta es afirmativa, dejamos a Mons. Schneider la carga de sostener histórica y teológicamente que un obispo pueda gobernar una porción de la Iglesia al margen de la comunión jerárquica, y sin que esa porción le haya sido encomendada por el Supremo Pastor universal.

Nos causa, finalmente, no poca perplejidad ver cómo Mons. Schneider invoca dos cartas de Benedicto XVI, dirigidas a los Obispos con ocasión del motu proprio Summorum Pontificum (7 de julio de 2007) y de la remisión de las excomuniones a los cuatro obispos ordenados por Mons. Lefebvre (10 de marzo de 2009), para «despertar la conciencia de quienes en el Vaticano decidirán sobre el permiso para las consagraciones episcopales de la FSSPX». Porque fue precisamente el papa Benedicto quien abrió las puertas a la Fraternidad, pero al mismo tiempo quien fijó ese minimum necesario para una regularización, que la Fraternidad había terminado por rechazar. Y ese minimum era verdaderamente mínimo: aceptar que sea el Magisterio el intérprete auténtico de la Tradición apostólica, y no las declaraciones de teólogos particulares o de grupos; aceptar el Vaticano II como parte integrante de la Tradición, dejando abierta la vía para una discusión sobre algunos puntos concretos de sus documentos que resultan problemáticos y ambiguos; aceptar la validez y la licitud del Novus Ordo.

Nosotros, por nuestra parte, deseamos que el Santo Padre pueda encontrarse personalmente con el superior general, como éste ha solicitado, porque es justo que el Papa escuche sus razones, sus temores y sus esperanzas. Pero resulta igualmente claro que pedir al Papa que autorice consagraciones episcopales sin la garantía de que el ministerio de estos obispos se ejerza después en la comunión jerárquica equivale a pedirle que apruebe un cisma.

 

Publicado originalmente en La Bussola

22 comentarios

Federico Ma.
Excelente artículo. Deo gratias.

Luisella Scrosati tiene otros varios sobre el tema, todos muy buenos.

Está claro que se trata de un cisma, como la Iglesia lo ha enseñado, más de una vez.
27/02/26 12:08 PM
Cristián Yáñez Durán
La diferencia de criterio entre un prelado con experiencia pastoral y la gracia de estado y un simple laico con el criterio nominalista propio del modernismo conservador.
27/02/26 1:25 PM
Fernando
La Fraternidad es una herida abierta en la Iglesia, que no por ser muy minoritaria, es menos sangrante; se encuentran en una situación muy singular. No están en comunión con la Iglesia pero tienen razón, desde el punto de vista de la Doctrina de la Iglesia, en no transigir con el Concilio Vaticano II. De alguna manera su existencia es un molesto recordatorio de que la cúpula de la Iglesia actual puede ser aquella "falsa Iglesia" que predijeron santas importantes. Mientras se quiera mantener el Concilio Vaticano II tal como está, no hay solución. Schneider se ha dado cuenta de que la única solución para la Iglesia pasa por desautorizar el Concilio o reinterpretarlo oficialmente para derogarlo en la práctica. Con el Concilio es imposible la resurrección de la Iglesia.
27/02/26 2:01 PM
Federico Ma.
La diferencia entre dar argumentos de peso y el apelar a la autoridad calumniando, además, a una persona.

Es notable el nivel intelectual de los cismáticos lefebvrianos y el de los filolefebvrianos a la hora de tratar de justificar lo injustificable, i.e., el cisma.
27/02/26 2:26 PM
JSP
1. El obstáculo para la salus animarum y pax liturgica no es técnico (jurídico), sino psicológico y eclesial.
2. Pues, existe desconfianza mutua acumulada durante décadas y mientras se perciba que la identidad tradicional es sospechosa, o que Roma es doctrinalmente ambigua, la solución jurídica será frágil.
3. La FSSPX para ser católica debe hacer declaración clara sobre el primado, debe aceptar que la Iglesia postconciliar es la misma Iglesia y debe renunciar de forma explícita a actos unilaterales.
4. Roma debe actuar de forma católica para garantizar una estable identidad litúrgica a la FSSPX. Seguridad jurídica no revocable arbitrariamente y reconocimiento de la buena fe doctrinal.
5. En el núcleo técnico hay que definir bien cuál sería el mínimo doctrinal concreto que desbloquee la regularización.
27/02/26 2:49 PM
JSP
6. Pues, el problema ppal no está en el Misal de 1962, está en la hermenéutica del Vaticano II. Si la FSSPX quiere estabilidad católica, debe reconocer el CV II como concilio ecuménico válido, aceptar del magisterio posterior, con distinción entre crítica teológica legítima y rechazo magisterial, y así, sólo asi, la integración es viable. Si no, el conflico continúa y la tensión reaparece.
7. El Romano Pontífice posee potestad suprema, plena e inmediata, por lo que cualquier solución debe incluir reconocimiento explícito del primado, aceptación de la jurisdicción universal del Papa, comunión jerárquica efectiva y legítima diversidad litúrgica. El CV II reconoce diversidad legítima en la Iglesia Orientalium Ecclesiarum afirma la legitimidad de ritos diversos, pues la Iglesia no es uniformidad litúrgica. Por tanto, un Misal válido y una identidad litúrgica tradicional fuerte no es en sí problemática. El problema surge cuando la identidad se convierte en marcador eclesiológico alternativo. Sin esto, no hay solución estable.
27/02/26 2:50 PM
Cristián Yáñez Durán
Un detalle.
El responsable de solucionar todo el desastre eclesial es el Papá. Sólo el tiene la potestad para hacerlo.
Las FSSPX simplemente está asumiendo, a su nivel, la tarea que no han querido acometer los Papás conciliares. De no hacerlo, las autoridades de la fraternidad estarían pecando gravemente contra Dios.
27/02/26 3:59 PM
Alejandro (Chile)
Muy buena columna. Veo al obispo Scheider demasiado filo-lefebvrista, no estoy de acuerdo con su posición.
27/02/26 4:29 PM
Dámaso
El problema de la fraternidad se arreglaría si el vaticano amara la Tradición y no la detestase.Por lo tanto la solución está en el AMOR y la caridad con el prójimo y nadie más próximos que ellos,mucho más que los alemanes.
27/02/26 8:43 PM
Cristián Yáñez Durán
La última carta de Monseñor Strickland, extraordinaria, deja de manifiesto la erudición hueca de todos estos pseudo sabios.
27/02/26 9:53 PM
Lau
Sra,Monseñor Schneider fue interventor de la Fraternidad,la conoce muy bien...
28/02/26 7:17 AM
Alf
Cristo no predicó ninguna libertad religiosa ni ningún ecumenismo de las religiones. Sigan con el error hasta el final, a ver qué pasa
28/02/26 3:12 PM
Gerardo S. I.
Muy buen articulo.
1/03/26 9:41 PM
Fernando Cavanillas
Me fio MUCHÍSIMO más de Mons. Schneider que de una tal "Luisella Scrosati ", lo siento, qué le vamos a hacer. Todavía hay categorías.

Por cierto, si hay un obispo en todo el mundo que conoce bien a la FSSPX es Monseñor Schneider, que estuvo de visitador en la Fsspx por mandato de Benedicto XVI en las últimas conversaciones y de las que salió Summorum Pontificum.

Así que no es una opinión sin más, sino la opinión de un Obispo que sabe muchísimo del problema y de los actores implicados. Pero otros listillos saben más, porque ellos lo valen, claro que sí.
2/03/26 1:16 PM
Federico Ma.
Pues, a tenor del texto, Mons. Schneider parece que no conoce bien ni el C.I.C.: al menos no lo refiere con precisión.

Esa apelación a la autoridad cuando se dan argumentos de peso no deja de parecer bastante pueril.

A continuación dejo el enlace a un estudio serio al respecto: sí que se trata de algo cismático.

www.academia.edu/145501766/Estudio_de_las_Consagraciones_Episcopales_vs_la_Voluntad_del_Papa_aplicado_a_las_consagraciones_del_30_de_junio_de_1988_por_Lefebvre
2/03/26 10:19 PM
M Codax
Estimado Cristián Yáñez Durán:

El artículo es especialmente pulcro en su análisis y argumentación. Mientras que usted no ha aportado ningún argumento. No dudo de la buena fe de Mons. Schneider, pero creo que en este caso está muy equivocado por las razones sólidamente expuestas en este artículo. Ha sido la Fraternidad la que ha rechazado la mano tendida de la Sede Apostólica una y otra vez. Incluso en su respuesta más reciente al Card. Fernández reconocen que no desean una regularización canónica. En este contexto en el que, de facto, funcionan como una iglesia paralela, el mandatum concedido mediante una cuasi extorsión serviría más bien de peco.

La Santa Sede ha sido excepcionalmente generosa con la FSSPX en los últimos años: Benedicto levantó la excomuniones a los obispos ordenados ilícitamente sin que mostraran señales de arrepentimiento y Francisco otorgó licencias para confesar a todos sus sacerdotes. Asimismo estableció un mecanismo canónico para regularizar los matrimonios celebrados contra el derecho en sus capillas. La respuesta de la fraternidad es un nuevo órdago.

También dice usted que la responsabilidad de resolver este problema es del Papa. Pero no reconoces que son los miembros de la FSSPX los que persisten contumazmente en sus actitudes cismáticas, negándose a someterse a la potestad ordinaria, inmediata y universal del Romano Pontífice, como lo estableció el Vaticano I.
3/03/26 9:30 AM
sofía
Mons. Schneider cada vez es más sospechoso de querer tener un exceso de protagonismo que no puede ser bueno.
Allá sus seguidores, pero que no identifiquen ser schneiderianos con ser católicos, porque se equivocarán.
3/03/26 9:51 AM
Pep
"Me fio MUCHÍSIMO más de Mons. Schneider que de una tal "Luisella Scrosati ", lo siento, qué le vamos a hacer. Todavía hay categorías."

Yo también.
3/03/26 10:44 PM
Martillo de hierro
Lo que no comprendo y pido perdón por si no me he enterado bien del asunto que creo que estriba en que la FSSPX ha solicitado al papa autorización para nombrar sus obispos. Yo, en principio, veo esto como una cierta aproximación de esta federación a la unión deseada con la Iglesia Católica. Porque si ellos desearan permanecer el cisma, no se hubieran preocupado de pedir autorización para nombrar obispos al Papa y los hubieran nombrado ellos directamente sin mayor problema. Es innegable que hay actualmente, impedimentos jurídicos por que los obispos de FSSPX hoy no son legalmente católicos. Pero eso también podría subsanarse con su ordenación por obispos católicos. Yo veo como una oportunidad esa solicitud de la FSSPX. Son peces que van a la red y los católicos somos pescadores de almas y quizás se pudiera de esa manera, aceptándoles, pescarles del todo. Es la opinión de un simple laico que acataré como buena siempre la decisión del Papa que tiene mejores elementos de juicio, aparte de la suprema potestad de gobierno de la Iglesia que Dios le ha dado.
6/03/26 11:58 AM
Maximiliano
La ESPERANZA nunca se debe negar a nadie pues es un derecho de CARIDAD y AMOR al prójimo, todas las acciones humanas y las sagradas cuando hay trato y más rogándole a DIOS tienen siempre solución. Recordamos entonces las consagraciones de los Obispos en CHINA, que incluso quieren acercarlos a la política, y a pesar de ello se han aceptado, pues son como caballos de troya en la cerrazón de ideologías crueles y mundanas. Las palabras de la laica son insistentemente faltas de caridad, como si nada pudiera cambiar en el futuro. Hasta los " santos tienen un pasado ". El concilio fue pastoral y no dogmático.

Todo lo que da la misericordia humana en este tiempo de peregrinación se lo devuelve después la misericordia divina en la patria definitiva. Los santos y santas asistieron a Misas tradicionales durante sus vidas terrenas así como millones de almas de laicos que ahora están en el Cielo. Todos somos pobres pecadores.
7/03/26 8:40 PM
JUAN NADIE
TRanscribo:

Está bastante claro que la Fraternidad no tiene intención de aceptar ninguna regularización: los diálogos se entienden como «testimonio de la fe», no como pasos de clarificación para llegar a un minimum que sirva de base a un acuerdo.

Este argumento es una tontería como la copa de un pino y deshace por completo el artículo, es que ni me molesto en contestarlo.

Esta a años luz de mons Sneider.
7/03/26 9:12 PM
María
El Magisterio no debe "interpretar" la Tradición sino guardarla y a su vez retransmitirla sin alteraciones. El Espíritu Santo ilumine al Papa para que no siga consejos tuchos de tanto trucho que ronda el Vaticano.
10/03/26 3:13 PM

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