El catolicismo de los anticatólicos
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El catolicismo de los anticatólicos

Hace unas semanas publiqué en la red social X el siguiente comentario, que reproduzco en su totalidad:

«Algunos dicen: "El caso Epstein no tiene nada que ver con el abandono del cristianismo. Yo soy anticristiano y no cometo esas atrocidades".

Estúpido: precisamente no cometes esas atrocidades porque tu moral conserva algo de la herencia cristiana que rechazas».

La publicación recibió una considerable cantidad de comentarios de apoyo, pero también, como no podía ser de otra manera, críticas por parte de los no católicos. En algunas de las respuestas, estos últimos afirmaban que no hace falta ser cristiano para no perpetrar las horrendas bestialidades que están saliendo a la luz en el caso Epstein, o para escandalizarse por ellas. Es, según dicen, una cuestión de moral básica, innata.

El error de este tipo de personas consiste en creer que, puesto que no son católicos practicantes, su sentido de la moral no le debe nada a la religión católica. Piensan que están sustraídos por completo al influjo de dos mil años de civilización cristiana; que todas sus ideas sobre el bien y el mal, sobre lo justo y lo injusto, venían ya incorporadas en su naturaleza o, como mucho, han influido en ellas sus padres y su entorno más cercano. Por lo tanto, si sus padres y ese entorno más cercano no son ni han sido católicos practicantes, concluyen que esa religión no ha tenido ninguna influencia en su sentido de la moral.

Esta manera de concebir la configuración moral de los seres humanos es totalmente abstracta e irracional. El hombre que asume esta concepción se imagina un muro impenetrable entre sus antepasados y él --o entre sus antepasados y sus padres--, una tradición moral milenaria interrumpida con un corte perfecto en una determinada generación. Pero, ¿cómo pudieron sustraerse a la inercia moral previa?

Supongamos que los padres de un hombre no fueron católicos practicantes y que, por lo tanto, no le inculcaron una educación religiosa explícita. Si eso padres no católicos fueron criados por padres católicos, entonces todas las enseñanzas, observaciones, normas y advertencias, toda la disciplina y todos los consejos que recibieron en su infancia manaban de la moral católica. Así que recibieron ese influjo desde que nacieron, en una etapa de sus vidas que ni siquiera pueden recordar pero que, por lo mismo, es crucial. Puede que más tarde se opusieran a la religión católica y hasta cierto punto cambiaran algunos de sus puntos de vista sobre la moral, pero sus ideas fundamentales sobre el bien y el mal siguieron siendo católicas, y al educar a su hijo se las debieron transmitir.

Lo que decimos de los padres de ese hombre puede decirse de sus abuelos, si tampoco ellos fueron católicos practicantes. En ese caso retrocederíamos a los bisabuelos, o a los tatarabuelos, pero en alguna de las ramas inferiores de su árbol genealógico nos encontraríamos con católicos practicantes, y la interrupción total y abrupta de la moral católica se revelaría nuevamente imposible. La realidad es que los antepasados cercanos del anticatólico actual fueron católicos, y que la serie de doctrinas morales implícitas en esa religión se transmitieron de padres a hijos durante siglos. De ese modo llegaron hasta él, incluso cuando no se han presentado bajo apariencia religiosa. Ese sentido de la moral está tan interiorizado y asumido que el anticatólico piensa que es innato.

Pensemos en el caso Epstein, en los aberrantes y sistemáticos abusos sexuales a menores. El anticatólico piensa que se escandaliza de manera natural y con total independencia de la moral católica. Sin embargo, si observa las civilizaciones que colindan con la civilización cristiana en el espacio y en el tiempo, se dará cuenta de que no es así.

Si hubiera nacido en la Antigua Grecia o en el Imperio Romano, es decir, antes de la llegada del cristianismo, no se escandalizaría en absoluto. La pederastia, consentida o no, estaba a la orden del día y era aceptada tanto social como legalmente. De hecho, ¿cómo podrían escandalizarse, si su mitología estaba plagada de dioses que se comportaban precisamente como Epstein y sus satánicos invitados?

Por otra parte, si el anticatólico en cuestión hubiera nacido en la actual Arabia Saudí, o en cualquier país musulmán u oriental, tampoco se escandalizaría tanto por el caso Epstein. Un árabe, un chino o un indio es incapaz de compartir --a no ser que sea cristiano-- el mismo grado de indignación que experimenta un hombre occidental ante los casos de menores explotadas sexualmente. Para ellos esa aberración carece de la gravedad que nosotros percibimos. En el caso de los musulmanes la razón es evidente: el propio Mahoma se casó con una niña de seis años y consumó el matrimonio cuando ella tenía nueve. En consecuencia, en la cultura musulmana la pederastia nunca se ha percibido como algo inmoral, y en muchos países árabes todavía podemos ver cómo hombres adultos contraen matrimonio con niñas que ni siquiera han alcanzado la pubertad. En el caso de Oriente, aunque existen leyes que penalizan las relaciones sexuales con menores, están socialmente mucho más aceptadas que en Occidente.

Entonces, ¿por qué un anticatólico puede indignarse tanto ante los casos de abusos sexuales a menores? Porque Jesucristo dijo: «Quien escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran una rueda de molino al cuello y lo tiraran al mar». Haya leído o no este pasaje alguna vez, acepte o no la doctrina católica, la moral implícita en esa contundente condena forma parte de la configuración moral de la mayoría de los anticatólicos occidentales. Han nacido y crecido en una civilización en la que estaba completamente asimilada; durante dos mil años ha arraigado en la mente occidental hasta alcanzar los niveles más profundos del subconsciente, y de ese modo se transmite a cada nueva generación incluso cuando los hombres que la forman no sean conscientes de haberla recibido. Por eso al anticatólico le parece que su indignación ante los casos de abusos a menores es connatural, que forma parte de la moral básica que todo ser humano posee. Pero, de hecho, aunque no lo sepa, incluso cuando critica los casos de abusos de algunos sacerdotes lo hace gracias a la Iglesia católica que le ha transmitido esa moral. El sacerdote que abusa de menores es incoherente con la moral católica --y más le valdría que le ataran una rueda de molino al cuello y lo tiraran al mar--, mientras que el anticatólico que maldice a ese sacerdote es coherente con ella, sólo que lo ignora.

Este es sólo uno de los ejemplos que constata el catolicismo inconsciente de los anticatólicos. Hay muchos otros. A un anticatólico occidental, por ejemplo, le puede parecer que no lapidar en la plaza pública a una mujer infiel es moral básica. Pero si hubiera nacido en Afganistán, Sudán, Nigeria o Irán, pensaría que la moral básica es precisamente la lapidación. Aunque ni siquiera lo sospeche, la razón por la que a un anticatólico le parece completamente inadmisible esa práctica radica en el hecho de que Jesús evitó que los judíos apedrearan hasta la muerte a la mujer infiel. Esa enseñanza evangélica ha incardinado en la civilización cristiana durante veinte siglos, circula en el riego sanguíneo de Europa desde su nacimiento y fue transmitida posteriormente a toda América. Está tan profundamente integrada en la cultura occidental que al anticatólico le parece que es instintiva, que forma parte de la conciencia de todo ser humano.

Lo mismo puede decirse de la mayor parte de las reivindicaciones sociales acerca de la sanidad y la educación, o de la asistencia a los niños y ancianos. Esa conciencia social emana de los estándares morales de la civilización cristiana. Antes de la aparición de la Iglesia católica no existían los hospitales, las universidades, los orfanatos y los asilos. Esas instituciones fueron creadas por la Iglesia y sólo pudieron surgir como consecuencia de una antropología determinada, aquella que considera que cada hombre ha sido creado y redimido por Dios y, por lo tanto, posee un valor intrínseco que subsiste con total independiencia de su situación social. El materialismo no puede sustentar esa antropología y no podría haber creado todo aquello a lo que sirve de fundamento. Por eso, aunque el anticatólico haya renunciado nominalmente a la herencia católica, de facto sigue viviendo de ese patrimonio moral.

Por supuesto, a medida que las generaciones son educadas en el materialismo secular se van rechazando gradualmente ciertos principios morales. En apenas un siglo se ha justificado y legalizado el divorcio, el aborto, la sodomía, la eutanasia y la ideología de género, y cada vez es más evidente el intento por hacer lo mismo con la pedofilia. Si el materialismo anticatólico persiste, el declive moral seguirá su curso descendente. Casos como el de Epstein proliferarán, y quizá llegue el día en el que la mayor parte de los occidentales ni siquiera se escandalice al conocerlos, como no se escandaliza hoy ante casos que hubieran escandalizado a la mayoría de occidentales dos siglos atrás. Si no revertimos la situación y volvemos a colocar la cruz en el centro, la falta de una referencia moral fija nos condena a deslizarnos insensiblemente hacia horrores que no quisiéramos presenciar pero que, sin embargo, habremos contribuido a producir. Los anticatólicos del futuro justificarán lo que al anticatólico actual le parece abominable, como los anticatólicos actuales justifican lo que era abominable para el anticatólico del pasado.

 

13 comentarios

santiago de MVD
Excelente artículo. No en vano, Dios se hizo hombre para que tuviésemos vida, y vida en abundancia.
20/02/26 4:06 PM
Néstor
Tal cual. Ya se ven signos de esa esquizofrenia en la condena de los casos de abusos por parte de sacerdotes a la vez que asoman las primeras insinuaciones de legalizar la pedofilia, y todo forma parte del mismo ambiente moderno y avanzado.

Saludos cordiales.
20/02/26 4:08 PM
Juan Mariner
Recomiendo la entrevista realizada por el programa Horizonte de Iker Jiménez al cineasta Juanma Bajo Ulloa y entenderemos los cambios culturales impulsados por los poderosos.
20/02/26 5:13 PM
Erik Salazar
Excelente reflexión filosófica y teológica sobre la descristianización que sufrimos
21/02/26 9:09 AM
María de África
Una moral objetiva solo se defiende desde una religión, o al menos una filosofía ética como la de Confucio o la de los estoicos, pero nunca bajo consensos como la ONU y organismos parecidos. De modo y manera que si para los aztecas quitarse la vida era cobardía para los japoneses era la única salida digna. El problema de la moral es que había tantas como religiones y ahora hay tantas como individuos. Toda Europa tenía una moral cristiana y ahora no tiene ninguna. El aborto, la eutanasia o el LGTBI no obedecen a moral sino a criterios ambiguos que tienen otros orígenes porque ni siquiera ellos se atreven a asegurar que abortar, eutanasiar o cambiar de sexo sean objetivamente buenos sino que los justifican por razones amorales como el supuesto "derecho" que tiene cada uno sobre su propio cuerpo o el "sufrimiento" que provocan .
El "escándalo" del caso Epstein es fingido porque a eso es a lo que la sociedad va, solamente que el que no tenga poder podrá hacer lo mismo limitadamente como ha ocurrido en los campamentos de verano en el País Vasco que fomentaban la misma cosa que Epstein con los partidos políticos mirando para otra parte y sin atreverse a cortar de raíz la tendencia.
Yo no creo que muchos se hayan escandalizado por lo que Epstein ha hecho, lo que les da envidia es el poder que tienen para hacerlo y por eso se sienten fascinados y estar fascinado no es estar escandalizado, pura hipocresía.
21/02/26 9:42 AM
José Herrera
Es innegable que, a pesar de la secularización y postsecularización de la sociedad, la ética occidental actual tiene un transfondo moral cristiano en cuestiones sociales, pero no en aspectos sexuales y familiares. Por otra parte, en los tiempos en que el cristianismo era moralmente dominante no dejó de haber asesinatos, abusos de todo tipo, violaciones, guerras, robos, abandonos familiares, torturas, corrupción económica y política, explotación humana, violencia, abortos, maltrato y demás lacras sociales, en algunos casos cometidos en nombre de la propia religión cristiana. En cualquier caso, es bueno que, consciente o inconscientemente, se conserven los mejores valores morales y éticos del cristianismo.
21/02/26 10:28 AM
María de África
José: el que haya o no haya no es el punto, lo importante son las reglas que rigen una sociedad porque, llevado al extremo el argumento, el orden y el caos serían la misma cosa. La pena de muerte no evita los asesinatos, pero el criminal sabe a lo que se expone, en estos momentos no sabemos la pena que le puede caer, es más, puede que lo pague con meros servicios sociales. Sí el Cristianismo no servía para nada adelante con los faroles porque vamos de victoria en victoria hasta la derrota final.








21/02/26 12:55 PM
María de África
Soy hija de católicos practicantes, nieta de católicos practicantes, biznieta de católicos practicantes...y así, como mínimo hasta el S. VIII, y de transmisión oral, la escucha famosa del sínodo de la sinodalidad. No tuve televisión hasta mi segunda juventud, alrededor de los 30 años, así que hablábamos y escuchábamos, mucho. Por lo tanto puedo decir que, en cuanto al 6º Mandamiento, principalmente oí dos cosas: casos de adulterio y algún caso de sacerdotes que se rumoreaba tenían relaciones ilícitas o bien con alguna feligresa o bien con el ama (las famosas amas de cura de la época). Nótese que ambas cosas son pecados contra los Mandamientos, pero no contra la Ley Natural, así que si tuviera que explicarles a mis antepasados el caso Epstein preferiría no hacerlo porque sus mentes nunca concibieron aberraciones semejantes y tendría dos problemas: el primero sería quitarles la inocencia y el segundo la posibilidad que ni siquiera me entendieran.
Y lo que digo de mi familia podría decirlo del barrio entero dónde me crié porque escuchaba más que los sinodales y, muchos veces, sorprendía conversaciones no aptas para menores que se pretendía que no escuchara. Así que si alguien sugiere que entre los católicos esos casos abominables estaban a la orden del día les digo que nones, que he tenido que envejecer 81 años para oírlos porque hace 20 años tampoco me los imaginaba yo. En cuanto a eso hemos progresado adecuadamente y ya no nos sorprende ni el incesto, ni la pedofilia, ni el
21/02/26 4:58 PM
María de África
(sigo) ni el aborto, ni el cambio de sexo.

Hay un acontecimiento fundamental que quebró las virtudes en Europa y de la que España se libró: la Gran Guerra o IGM, que es el origen de lo que hoy vemos. Mis abuelos tenían una edad perfecta para haber luchado en ella, pero nadie les llamó a filas porque eran españoles. Tengo la intuición que el famoso atraso de España, entre ellos el cultural, les libró, hasta la Guerra Civil Española, de los efectos del modernismo y con ellos de la deriva de la moral que arrastró a los demás países. Te enseñaban cosas tan anticuadas como que no se abre la correspondencia de otros, que la mano derecha no debe saber lo que hace la izquierda, que si se va a decir la verdad hay que hacerlo cara a cara, que los defectos y los pecados son cosas distintas, que la palabra vale tanto como un documento firmado ante notario, que existe una cosa llamada responsabilidad, etc...Incluso oí decir una vez a mi abuela, cuya virtud más visible fue la justicia, que si un hijo suyo fuera a la cárcel por matar o arruinar a alguien su deber sería apoyar al máximo a la familia de la víctima, arruinándose ella si fuera necesario, mucho más que ir a visitar a su hijo a la cárcel.
Siguiendo el Evangelio de forma ya anticuada, a la hora de socorrer (entonces no había SS) siempre hablaban de las viudas y los huérfanos.

21/02/26 5:59 PM
Marcelo Fernando Gerstner
¡Estúpido! ¡Las ideas de bien y mal VIENEN INCORPORADAS EN LA NATURALEZA HUMANA! Y PRECISAMENTE porque NO SON NINGUNAS IDEAS SINO TREMENDAS REALIDADES...
Así de terrible será el Día del Juicio Final.
23/02/26 7:11 AM
Alonso
Marcelo, le recomiendo formarse un poco más antes de intentar refutarme. Le falta mucho antes de poder usar signos de exclamación sin quedar en ridículo. La Ley Natural es una orientación básica y general hacia el bien, pero puede verse alterada en sus aplicaciones particulares. Le dejo un texto clarificador de santo Tomás de Aquino, a quien espero que no llamará «estúpido».

«Como ya expusimos (a.4.5), a la ley natural pertenecen, en primer lugar, ciertos preceptos comunísimos que son conocidos de todos, y luego, ciertos preceptos secundarios y menos comunes que son como conclusiones muy próximas a aquellos principios. Pues bien, en cuanto a los principios más comunes, la ley natural no puede en modo alguno ser borrada de los corazones de los hombres si se la considera en universal. Puede ser abolida, sin embargo, en algún caso concreto cuando, por efecto de la concupiscencia o de otra pasión, la razón se encuentra impedida para aplicar el principio general a un asunto particular, según ya expusimos (q.77 a.2). Mas en lo que toca a los preceptos secundarios, la ley natural puede ser borrada del corazón de los hombres o por malas persuasiones, a la manera en que también ocurren errores en las conclusiones necesarias del orden especulativo, o por costumbres depravadas y hábitos corrompidos, como en el caso de aquellos que no consideraban pecado el robo (a.4) ni siquiera los vicios contra la naturaleza, como también dice el Apóstol en Rom 1,24s».

Suma Teológica, I-
23/02/26 1:49 PM
María de África
Es que el tal Marcelo no sabe la diferencia que existe entre la Ley Natural y la Ley de Dios, hoy en día están puestas en cuestión ambas, pero no son la misma cosa. Ya he dicho en otro comentario que el adulterio, por ejemplo, está prohibido en la Ley Mosaica, pero no en la Ley Natural, por lo tanto el adulterio es un pecado gordísimo, pero no contra natura.
Los judíos, que se pasan la vida estudiando los Libros Sagrados, y otros no tan sagrados, como el Talmud, enseguida se dieron cuenta que Noé no podía cumplir ninguna Ley de Dios porque Dios todavía no se había manifestado, pero es evidente que algo había en su conducta que lo hizo grato ante los ojos de Dios y, de ahí, empezaron a hablar de Leyes Noáquicas y estas leyes no son más que la Ley Natural inscrita en el corazón de todos los hombres. La Ley Natural en muchos lugares aparece en forma de tabú que suele repetirse en muchas culturas: el incesto, no matar a los de tu propia sangre (recuérdese a las Erinias griegas), formar familias, ya sean monógamas o polígamas, pero siempre entre hombre y mujer, jamás entre personas del mismo sexo, etc...
Lo que la Ley Natural dice nos lo recuerda J. . Budziszewski en su libro "Lo que no podemos ignorar" y ya advierte que las Erinias griegas son la propia conciencia, seamos creyentes o no. El aborto es un pecado contra la Ley Natural, por eso probablemente Jesucristo no habló de él, en cambio sí habló contra el adulterio porque éste estaba prohibido en la Ley Mosaica,
23/02/26 4:52 PM
María de África
A ver si entienden algunos por qué en los Evangelios no se habla ni de incesto, ni de homosexualidad, ni de aborto. No se habla porque sería como si en 1º de la carrera de Arquitectura el profesor tuviera que enseñar a sus alumnos a contar hasta diez utilizando los dedos. "No he venido a abolir la Ley ni a los Profetas" dijo Jesús, pero esa Ley era la Ley Mosaica, no la Ley Natural.
Digamos que la Ley Natural es semejante a la Primaria, la Ley Mosaica a la secundaria y Jesús cierra el ciclo universitario con su Mandamiento del Amor, cosa que hubiera sido impensable sin los pasos previos. Primero se aprende a no matar a los de tu propia sangre, después a ninguna persona y, finalmente, se les enseña a amarlos.
23/02/26 11:32 PM

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