La FSSPX, signo de contradicción en la Iglesia hoy

La FSSPX «Signo de Contradicción» en la Iglesia de hoy

Visitatio

«Et benedixit illis Simeon, et dixit ad Mariam matrem eius: Ecce positus est hic in ruinam et in resurrectionem multorum in Israel, et in signum cui contradicetur: et tuam ipsius animam pertransibit gladius ut revelentur ex multis cordibus cogitationes» (Lc 2:34-35).

Traducción:

“Y Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: He aquí que éste está puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo al que se contradecirá; y a tu misma alma la atravesará una espada, para que queden revelados los pensamientos de muchos corazones".

El anuncio reciente por parte de la FSSPX de ordenar obispos el día de la Preciosísima Sangre de Cristo, a saber, el 1 de Julio de 2026, ha despertado en la Iglesia muchas reacciones de diversa índole. En una cuestión tan compleja como ésta, conviene buscar la verdad con argumentos, pidiendo al Espíritu Santo humildad y honestidad intelectual y sobre todo, confrontando razones y no asumiendo posturas preconcebidas. En cierto sentido, aceptar la verdad sólo es posible cuando, previamente, se es mártir de Cristo. Sin haber muerto antes, no somos capaces de cargar con las consecuencias de aceptar, ni siquiera en el pensamiento, la verdad crucificada y crucificante.

Todo lo anterior se muestra muy claramente en el debate en torno a la FSSPX y las futuras ordenaciones episcopales. Es una especie de «Signo de Contradicción», de manera que quedan revelados los pensamientos de muchos corazones.

He de agregar que el tema no es nada fácil. Llevamos 6 décadas envueltos en disputas en torno a si el Vaticano II, dado su carácter pastoral, + requiere un asentimiento total o no, + si es ambiguo en sus textos o si el problema es de la interpretación, + de si el Novus Ordo es en sí mismo óptimo o tiene claros elementos protestantes y una orientación antropocéntrica, etc., mientras en la Iglesia la apostasía avanza estruendosa y visiblemente para quien no quiera taparse los ojos. Lo que nadie puede negar es que esta situación post conciliar, no tiene nada que ver con lo sucedido después del Concilio de Trento, por poner un ejemplo para meditar.

En este contexto, presento ahora la carta de Monseñor Schneider aparecida en el sitio web de Diane Montagne titulada:

 Un llamamiento fraternal al Papa León XIV

para construir un puente con la Sociedad Sacerdotal de San Pío X

… donde el obispo auxiliar de Astaná está llamando a la generosidad pastoral y a la unidad eclesial en un momento que él describe como decisiva para la futura relación entre la Santa Sede y la sociedad sacerdotal San Pío X.

Monseñor Schneider fue nombrado Visitador Apostólico de la FSSPX por encargo de la Santa Sede, a través de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, durante el pontificado del Papa Francisco (2015), por tanto conoce de primera mano las estructuras,esto es, Seminarios, Casas sacerdotales, sacerdotes y fieles de la Fraternidad.  Su llamamiento se produce en medio de un intenso debate en el mundo católico, con reacciones que van desde la esperanza cautelosa de reconciliación hasta los renovados llamamientos a la acción disciplinaria.

El obispo Schneider, copio de la introducción de Diane Montegna, advierte al Papa León XIV que no deje pasar este “momento verdaderamente providencial” sin una acción decisiva. Advierte que renunciar a la oportunidad de otorgar el mandato apostólico correría el riesgo de consolidar lo que él llama una división “verdaderamente innecesaria y dolorosa” con la FSSPX, una ruptura que la historia no pasaría por alto fácilmente.

En un momento en que la Iglesia habla insistentemente de la sinodalidad, la amplitud pastoral y la inclusión eclesial, Su Excelencia sostiene que la auténtica unidad también debe extenderse a los fieles apegados a la FSSPX. La elección ante el Papa, sugiere, es: si este capítulo de la historia de la Iglesia será recordado como un momento de generosidad de construcción de puentes o de separación evitable.

 https://dianemontagna.substack.com/p/exclusive-bishop-schneider-appeals 

Aquí está el texto completo del llamamiento del Monseñor Schneider al Papa León XIV:

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Un Llamamiento Fraterno al Papa León XIV para Construir un Puente con la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X

por el Obispo Athanasius Schneider

La situación actual respecto a las consagraciones episcopales en la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX) ha despertado repentinamente a toda la Iglesia. En un tiempo extraordinariamente breve tras el anuncio del 2 de febrero de que la FSSPX procederá con estas consagraciones, ha surgido un debate intenso y a menudo cargado de emotividad en amplios círculos del mundo católico. El espectro de voces en este debate va desde la comprensión, la benevolencia, la observación neutral y el sentido común, hasta el rechazo irracional, la condena perentoria e incluso el odio abierto. Aunque hay motivos para la esperanza —y no es en absoluto irreal— de que el Papa León XIV pueda, de hecho, aprobar las consagraciones episcopales, ya circulan en línea propuestas para el texto de una bula de excomunión de la FSSPX.

Las reacciones negativas, aunque a menudo bienintencionadas, revelan que el corazón del problema aún no ha sido captado con suficiente honestidad y claridad. Existe una tendencia a permanecer en la superficie. Las prioridades dentro de la vida de la Iglesia se invierten, elevando la dimensión canónica y legal —es decir, un cierto positivismo jurídico— a criterio supremo. Además, existe a veces una falta de conciencia histórica sobre la práctica de la Iglesia respecto a las ordenaciones episcopales. La desobediencia se equipara así, con demasiada ligereza, al cisma. Los criterios para la comunión episcopal con el Papa y, en consecuencia, la comprensión de lo que constituye verdaderamente un cisma, se ven de manera excesivamente unilateral en comparación con la práctica y la autocomprensión de la Iglesia en la era patrística, la época de los Padres de la Iglesia.

La Cuestión de los “Cuasi-dogmas”

En este debate se están estableciendo nuevos cuasi-dogmas que no existen en el Depositum fidei. Estos cuasi-dogmas sostienen que el consentimiento del Papa para la consagración de un obispo es de derecho divino, y que una consagración realizada sin este consentimiento, o incluso contra una prohibición papal, constituye en sí misma un acto cismático. Sin embargo, la práctica y la comprensión de la Iglesia durante la época de los Padres de la Iglesia, y durante un largo período posterior, argumentan en contra de esta visión. Además, no existe una opinión unánime sobre este asunto entre los teólogos reconocidos de la tradición bimilenaria de la Iglesia. Siglos de práctica eclesial, así como el derecho canónico tradicional, también se oponen a tales afirmaciones absolutistas. Según el Código de Derecho Canónico de 1917, una consagración episcopal realizada contra la voluntad del Papa se castigaba no con la excomunión, sino solo con la suspensión. Con esto, la Iglesia manifestó claramente que no consideraba tal acto como cismático.

La aceptación del primado papal como una verdad revelada se confunde a menudo con las formas concretas —formas que han evolucionado a lo largo de la historia— a través de las cuales un obispo expresa su unidad jerárquica con el Papa. Creer en el Primado Papal, reconocer al Papa actual, adherirse con él a todo lo que la Iglesia ha enseñado infalible y definitivamente, y observar la validez de la liturgia sacramental, es de derecho divino. Sin embargo, una visión reductiva que equipara la desobediencia a un mandato papal con el cisma —incluso en el caso de la consagración de un obispo realizada contra su voluntad— era ajena a los Padres de la Iglesia y al derecho canónico tradicional.

Por ejemplo, en el año 357, San Atanasio desobedeció la orden del Papa Liberio, quien le instruyó entrar en comunión jerárquica con la inmensa mayoría del episcopado, que era de hecho arriano o semi-arriano. Como resultado, fue excomulgado. En este caso, San Atanasio desobedeció por amor a la Iglesia y por el honor de la Sede Apostólica, buscando precisamente salvaguardar la pureza de la doctrina de cualquier sospecha de ambigüedad.

Precedentes Históricos y el “Estado de Necesidad”

En el primer milenio de la vida de la Iglesia, las consagraciones episcopales se realizaban generalmente sin permiso papal formal, y no se exigía que los candidatos fueran aprobados por el Papa. La primera regulación canónica sobre consagraciones episcopales, emitida por un Concilio Ecuménico, fue la de Nicea en 325, que exigía que un nuevo obispo fuera consagrado con el consentimiento de la mayoría de los obispos de la provincia. Poco antes de su muerte, durante un período de confusión doctrinal, San Atanasio seleccionó y consagró personalmente a su sucesor —San Pedro de Alejandría— para asegurar que ningún candidato inadecuado o débil asumiera el episcopado. Del mismo modo, en 1977, el Siervo de Dios Cardenal Iosif Slipyj consagró secretamente a tres obispos en Roma sin la aprobación del Papa Pablo VI, plenamente consciente de que el Papa no lo permitiría debido a la Ostpolitik del Vaticano en aquel momento. Sin embargo, cuando Roma se enteró de estas consagraciones secretas, no se aplicó la pena de excomunión.

Para evitar malentendidos: en circunstancias normales —y cuando no hay confusión doctrinal ni un tiempo de persecución extraordinaria— se debe, por supuesto, hacer todo lo posible para observar las normas canónicas de la Iglesia y obedecer al Papa en sus mandatos justos, a fin de preservar la unidad eclesiástica de manera más eficaz y visible.

La Parábola del Incendio

Pero la situación en la vida de la Iglesia hoy puede ilustrarse con la siguiente parábola:

Se declara un incendio en una casa grande. El jefe de bomberos solo permite el uso de equipos de extinción nuevos, a pesar de que se ha demostrado que son menos eficaces que las herramientas antiguas y probadas. Un grupo de bomberos desafía esta orden y sigue utilizando el equipo de eficacia probada; y, en efecto, el fuego es contenido en muchos lugares. Sin embargo, estos bomberos son tachados de desobedientes y cismáticos, y son castigados.

Para extender la metáfora: el jefe de bomberos solo permite a aquellos bomberos que reconozcan el nuevo equipo, sigan las nuevas reglas de extinción y obedezcan los nuevos reglamentos del parque de bomberos. Pero dada la magnitud evidente del incendio, la lucha desesperada contra él y la insuficiencia del equipo oficial de bomberos, otros ayudantes —a pesar de la prohibición del jefe de bomberos— intervienen desinteresadamente con habilidad, conocimiento y buenas intenciones, contribuyendo en última instancia al éxito de los esfuerzos del jefe de bomberos.

Ante un comportamiento tan rígido e incomprensible, se presentan dos explicaciones posibles: o bien el jefe de bomberos niega la gravedad del incendio, o bien, de hecho, el jefe de bomberos desea que gran parte de la casa se queme para que luego pueda ser reconstruida según un nuevo diseño.

La Ambigüedad como “Cáncer Eclesial”

La crisis actual que rodea a las consagraciones episcopales anunciadas —pero aún no aprobadas— en la FSSPX expone ante los ojos de toda la Iglesia una herida que lleva supurando más de sesenta años. Esta herida puede describirse figuradamente como un cáncer eclesial: específicamente, el cáncer eclesial de las ambigüedades doctrinales y litúrgicas.

Recientemente, apareció un excelente artículo en el blog Rorate Caeli, escrito con una rara claridad teológica y honestidad intelectual, bajo el título: “La larga sombra del Vaticano II: La ambigüedad como cáncer eclesial” (Canon de Shaftesbury, 10 de febrero de 2026). El problema fundamental de algunas afirmaciones ambiguas del Concilio Vaticano II es que el Concilio prefirió priorizar un tono pastoral sobre la precisión doctrinal. Se puede estar de acuerdo con el autor cuando dice:

“El problema no es que el Vaticano II fuera herético. El problema es que fue ambiguo. Y en esa ambigüedad hemos visto las semillas de la confusión que han florecido en algunos de los desarrollos teológicos más preocupantes de la historia moderna de la Iglesia. Cuando la Iglesia habla en términos vagos, aunque sea involuntariamente, las almas están en juego".

Se puede suponer razonablemente que la FSSPX no desea nada más que ayudar a la Iglesia a salir de esta ambigüedad en la doctrina y la liturgia y a redescubrir su claridad salvadora perenne. De hecho, la Santa Sede debería estar agradecida a la FSSPX, porque actualmente es casi la única realidad eclesiástica importante que señala con franqueza y públicamente la existencia de elementos ambiguos y engañosos en ciertas declaraciones del Concilio y del Novus Ordo Missae.

Un Acto de Amor, no de Cisma

Las siguientes palabras del Arzobispo Marcel Lefebvre son profundamente conmovedoras y reflejan la actitud de la dirección actual y de la mayoría de los miembros de la FSSPX:

“¡Creemos en Pedro, creemos en el sucesor de Pedro! Pero como dice bien el Papa Pío IX en su constitución dogmática, el Papa ha recibido el Espíritu Santo no para crear nuevas verdades, sino para mantenernos en la fe de siempre… No queremos separarnos de la Iglesia; al contrario, ¡queremos que la Iglesia continúe!”

Si alguien considera que tener dificultades con el Papa es uno de sus mayores sufrimientos espirituales, eso en sí mismo es una prueba elocuente de que no hay intención cismática. Los verdaderos cismáticos incluso se jactan de su separación de la Sede Apostólica. Los verdaderos cismáticos nunca implorarían humildemente al Papa que reconozca a sus obispos.

El Doble Rasero y la Petición Final

Debemos examinar honestamente las ambigüedades evidentes respecto a la libertad religiosa, el ecumenismo y la colegialidad. Como dijo una vez G. K. Chesterton: “Al entrar en la iglesia, se nos pide que nos quitemos el sombrero, no la cabeza”.

Sería una tragedia que la FSSPX fuera completamente cortada, y la responsabilidad de tal división recaería principalmente en la Santa Sede. La Santa Sede ha mostrado una generosidad notable hacia el Partido Comunista de China, permitiéndoles seleccionar candidatos para obispos; sin embargo, sus propios hijos, los miles y miles de fieles de la FSSPX, son tratados como ciudadanos de segunda clase.

El Papa León XIV dijo en las Vísperas ecuménicas del 25 de enero de 2026 que ya existe unidad entre católicos y cristianos no católicos porque comparten el “mínimo de la fe cristiana". ¿Cómo puede conciliarse esta afirmación con la pretensión de que la FSSPX no está doctrinalmente unida a la Iglesia, dado que la FSSPX profesa la Professio fidei de los Padres del Concilio Vaticano II (la Tridentino-Vaticana)?

Con sincera preocupación por la unidad de la Iglesia y el bien espiritual de tantas almas, apelo con reverente y fraterna caridad a nuestro Santo Padre el Papa León XIV:

Santísimo Padre: conceda el Mandato Apostólico para las consagraciones episcopales de la FSSPX. Usted es también el padre de sus numerosos hijos e hijas que aman al Papa y desean ser verdaderos hijos de la Iglesia Romana. Demuestre que está construyendo puentes, como prometió hacer ante el mundo entero al dar su primera bendición tras su elección. No pase a la historia de la Iglesia como quien no construyó este puente —un puente que podría construirse en este momento verdaderamente providencial con voluntad generosa— y que, en su lugar, permitió una división adicional, dolorosa e innecesaria.

Si Usted concede el Mandato Apostólico, la Iglesia de nuestros días no perderá nada. Usted será un verdadero constructor de puentes y, más aún, un constructor de puentes ejemplar, pues Usted es el Sumo Pontífice, Summus Pontifex.

+ Athanasius Schneider

Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Santa María en Astaná

24 de febrero de 2026

 

 

24 comentarios

  
Pedro1
Es decir, hay que decirle al Santo Padre que se deje extorsionar por los cismáticos. Que renuncie a su autoridad y acepte los golpes de fraternidad lefebvristas. Ya vendrán otros. Ya asoman las patitas peludas.
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"Extorsionar", "golpes de la fraternidad", "patitas peludas"..., lamento decirle que está Ud. fuera de lugar. Además ha escrito 2 comentarios largos con nombres diferentes, además del presente. Aquí lo que se trata de es buscar la verdad exponiendo con altura y respeto argumentos. Saque las conclusiones.
24/02/26 5:36 PM
  
Palermo city
Mirá, yo leo ese párrafo y no puedo evitar pensar: qué manera tan prolija de tirar la piedra y esconder la mano. Se enumeran seis décadas de discusiones sobre el Concilio Vaticano II, que si es pastoral, que si requiere asentimiento total, que si es ambiguo, que si el problema es la interpretación. Después se desliza lo del Novus Ordo, reformado por Pablo VI, con “elementos protestantes” y “orientación antropocéntrica”. Y, casi como quien comenta el clima, se remata con que la apostasía avanza estruendosamente.

Dale. ¿En serio? ¿No se supone que no están culpando al Concilio… pero justo después lo dejan flotando como el gran sospechoso de la película?

A mí no me vengan con esa sutileza. Si pensás que el Concilio Vaticano II es el origen del desastre, decilo de frente y bancate lo que implica. Lo que no vale es esa gimnasia retórica donde no afirmás nada explícito, pero acomodás las frases para que el lector saque la conclusión “obvia”. Es un clásico: no acuso, solo sugiero… y que el humo haga el resto.
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Ud. cae en la deshonestidad de publicar 2 comentarios con correos y nombres diferentes: "Si pensás ... decilo de frente y bancate lo que implica".

No tiene entonces Ud. autoridad moral para exigir conclusiones que yo no he vertido y no tengo porqué vertir.En todo caso le aconsejo, si realmente busca la verdad, leer el gran libro de don Roberto de Mattei "Concilio Vaticano II: Una historia nunca escrita". Es una obra magnífica que contiene innumerables citas tanto del Vaticano II como de las Actas del Concilio que explican muy bien lo que ha sucedido después. Es una obra obligatoria para comprender más a fondo este gran tema.
24/02/26 5:57 PM
  
caminante
Voy a decirlo con claridad y sin teatralidad innecesaria.

En el Evangelio, el “signo de contradicción” es Cristo. No es una etiqueta intercambiable para aplicar a cualquier realidad eclesial que genere polémica. Cuando ese título —cargado de densidad cristológica— se traslada a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, no estamos ante una metáfora inocente: estamos rozando una apropiación teológica muy seria.

Si se ha hecho con plena conciencia de lo que significa esa expresión en la tradición de la Iglesia, la cuestión deja de ser estilística y pasa al terreno moral. Porque atribuir a una obra humana, por más respetable que se la considere, un apelativo que la Escritura reserva al Señor, puede implicar una desproporción grave. Y cuando además proviene de personas consagradas, que han prometido custodiar con especial delicadeza el lenguaje de la fe, la responsabilidad es mayor, no menor.

No estoy hablando de un desliz retórico improvisado. Hablo de una posible instrumentalización de categorías cristológicas para reforzar una narrativa eclesial concreta. Y eso, si es deliberado, toca el segundo mandamiento de manera nada ligera: usar lo santo para una causa propia.

¿Es automáticamente pecado mortal? La Iglesia siempre ha enseñado que para que haya materia grave se requieren también plena advertencia y deliberado consentimiento. Pero materia grave potencial la hay, porque se está jugando con un título que pertenece al misterio de Cristo y que forma parte del núcleo de la revelación.

Cuando se es consagrado, no se puede trivializar el lenguaje teológico ni emplearlo como herramienta identitaria. No todo recurso literario es inocuo. Hay palabras que no se “prestan” sin consecuencias espirituales.
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Quisiera aclarar que el título no pretende en ningún momento equiparar a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con Jesucristo, sino que utiliza una categoría que la tradición cristiana ha aplicado primero a Jesús y luego, en sentido más amplio, a situaciones en las que la verdad provoca reacciones diversas. En el Evangelio, cuando el anciano Simeón habla de Jesús como “signo de contradicción”, lo hace para indicar que Él, por ser la Verdad Encarnada y por sostener la verdad revelada, será objeto de rechazo y oposición. Por eso, ante Cristo, la Verdad, se manifestará la división que existe en el corazón humano entre quienes abrazan y quienes rehuyen la verdad de Dios.

En ese sentido el título del artículo utiliza la expresión en referencia al mismo Cristo, que es la Verdad encarnada, y a la realidad que cualquier verdad sea en el orden natural o en el orden sobrenatural —especialmente cuando desafía prejuicios, errores o posiciones cerradas— puede generar tensión o contradicción. Esto no significa que la institución analizada sea Cristo, sino que el artículo alude a la experiencia de contradicción que surge al confrontar percepciones, posturas o doctrinas con lo que se considera verdad.

Por lo tanto, la intención no es hacer una analogía literal entre Cristo y una sociedad sacerdotal, como la FSSPX, sino enfatizar que la presencia de la verdad en un tema controvertido puede provocar reacciones diversas, y que esas reacciones a menudo desvelan, como enseña la tradición católica, la condición del corazón de quien opina.

Con todo respeto, la expresión no busca engrandecer innecesariamente un debate intraeclesial, sino subrayar la importancia de enfrentar las discusiones con honradez intelectual y caridad, evitando reduccionismos o simplificaciones que no ayudan al diálogo.

Puede Ud. mirar al respecto el título que Karol Wojtyla ha dado a las meditaciones del Retiro predicado a SS Pablo VI y la curia romana. Se llama "Signo de contradicción". Se vende todavía en Amazon.No creo que por haber dado ese título a su obra se haga acreedor de las expresiones que Ud. vierte en su comentario.

Para terminar, yo también voy a decirlo, citándole a Ud. "con claridad y sin teatralidad innecesaria": dado que Ud. ha escrito 3 comentarios con diferentes nombres y correos, falta, lamentablemente Ud. a la honradez intelectual, y por esa razón borro los otros dos. Ya con la explicación que le he dado tiene una buena respuesta.
24/02/26 7:00 PM
  
Ana Palacios
Excelente! Qué claridad! Qué caridad !
24/02/26 7:29 PM
  
Gerardo
Excelente artículo
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Vale la pena considerar que Monseñor Schneider no conoce la FSSPX de oídas o por esta o tal persona, sino desde dentro por su Visita Apostólica. En su libro Christus vincit, que es maravilloso, habla de este tema y también muestra con claridad algunas ambigüedades que hay en el Vaticano II, como lo puede constatar toda persona que busque con sinceridad la verdad.
24/02/26 9:38 PM
  
Dámaso
Totalmente de acuerdo con el artículo y una exposición excelente.Los modernistas van a rabiar.
24/02/26 11:03 PM
  
Martín Buteler
Respeto a mons Schneider, pero no estoy de acuerdo con su posición. Transmite una imagen edulcorada de la FSPPX, silenciando aristas graves como su posición acerca de la ilegitimidad del novus ordo. No negare que los conozca muy bien, pero es evidente que tiene una mirada sesgada. Como muestra vale la contraposicion entre lo que pericibe como mirada " comprensiva o neutral o de sentido común", y el "odio abierto e irracional ". No la considero una apreciación objetiva, y me preocupa la rlativizacion de la cuestión de las ordenaciones; que lleva al extremo al afirmar que lejos de ser un acto cismatico, es un acto de amor. No podemos haber equivocado, ¿pero tanto?
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Solicito revisar su ortografía antes de mandar el comentario. Es lo mínimo que se pide.

En un escrito como el de Monseñor Schneider no se pueden abordar todos los temas con las matizaciones correspondientes que requieren, porque son complejos y tienen múltiples aristas.

Si Ud. de verdad quiere estudiar a fondo del tema del Novus Ordo, le aconsejo leer el libro muy bueno «La Misa católica» y «Dominus est» de Monseñor. Ahí encontrará respuesta más que suficiente para aclararse en estos temas.

Claro que nos podemos equivocar. En este tema hay que esudiar mucho, leer cantidad de libros y sobre todo orar horas ante el Santísimo Sacramento.
25/02/26 3:38 AM
  
The Providence
«Quien desobedezca al Papa, representante de Cristo en la tierra, no participará de la sangre del Hijo de Dios», decía también santa Catalina de Siena.
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Hay que ver el contexto en que lo dice, porque la obediencia ciega no es propia de un hombre racional.

Por otra parte, Ud. habrá leído el post que comenta y verá que se citan dos casos de «desobediencia material», pero no formal. Hay muchos más, como el de Karol Wojtyla que también desobedeció ordenando sacerdotes en contra de los establecido por Pablo VI y la Pax checa.

Por favor, tómese el trabajo de estudiar este tema y tenga cuidado de aplicar, mutatis mutandis, la obediencia del 4º voto de San Ignacio a un Papa o a quien sea, sin subordinarla a la verdad.
25/02/26 5:28 AM
  
desde el dolor
dice el Card Sarah

El bien de las almas nunca puede pasar por una desobediencia deliberada, porque el bien de las almas es una realidad sobrenatural. No reduzcamos la salvación a un juego mundano de presión mediática.


FUENTE

https://elwanderer.com/2026/02/22/declaracion-del-cardenal-robert-sarah-sobre-las-consagraciones-episcopales-de-la-fsspx/
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El tema de la «desobediencia» ya está respondido en el mismo post con ejemplos y también en la moderación de un comentario. Le ruego leerlos para no tener que repetir lo mismo.

Lo de reducir la salvación a «un juego mundano de presión mediática», no sé a qué se refiere. Aquí estamos hablando de ayuno, oración y estudio para pedir la ayuda del Espíritu Santo para la Iglesia en esta hora, a través de la Santísima Virgen María. Ánimo!
25/02/26 5:30 AM
  
En vos confío
Nada hay que reprochar al cardenal Sarah, un santo varón, un hombre de Dios. Sin embargo, el obispo Schneider ha hilado mucho más fino. La toma de postura del primero muestra a las claras la dificultad de discernimiento para todos en la presente situación.

Pero ahora, en el discernimiento del propio papa, la carta del obispo Schneider es ya ineludible. Y, sea cual sea finalmente su respuesta, a través de ella el común de los fieles podremos decantar con total claridad si el Santo Padre está o no por apagar el fuego. Todo ello marcará, Dios mediante, un antes y después en su pontificado.

El envite es alto, pues, aunque a primera vista se repiten muchos elementos presentes en la época de monseñor Lefebvre, después del terrible pontificado del papa Francisco los fieles somos muy diferentes. Y las excomuniones que pudieran llegar a partir de ahora abrirían una herida muy grande entre la Santa Sede y el corazón de una cantidad nada despreciable de católicos de buena fe que ni siquiera pertenecen a la FSSPX.

Por ello estoy convencido de que muchos hemos acogido las líneas del obispo Schneider como un bálsamo divino, un verdadero regalo del cielo, en este nuevo momento de fuerte angustia. Gracias, Señor Jesús.
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Oremos por el Papa y la jerarquía de la Iglesia y por la unidad de los clanes.
25/02/26 5:41 AM
  
José Luis
Desde mi ignorancia, veo lo que ocurre en Alemania, la invasión del Vaticano por los que visten rosa, nombramientos de obispos defensores de las sacerdotisas, etc... Parece que se necesita un revulsivo en sentido contrario para, de alguna manera, parar esa caída en el abismo y parece que la Fsspx, ha conseguido que nos enteremos que existe la Tradición.
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Es muy importante formarse bien y sobre todo orar. Le recomiendo varias lecturas: + Christus vincit, la Misa católica y Credo de Monseñor Schneider, entre otras.
25/02/26 9:02 AM
  
Pedro1
Yo no he escrito dos comentarios largos con nombres diferentes. Por favor, revise usted sus datos porque esos no son ciertos. Es un error suyo. Espero sus disculpas. Puede no gustarle mi comentario y publicarlo o no. Lo que no debe es calumniarme.
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Pedro1, hola.

Mis expertos en informática me habían informado de nombres diferentes para una misma persona. Si no fue así, te pido perdón. Pero también solicito de ti comentarios acordes a la complejidad de la situación y no del tenor de «patitas peludas». Se nota cuando un comentario proviene de una persona que ha estudiado un tema, ama la verdad y reza, y quien no. Un saludo y ánimo.
25/02/26 10:18 AM
  
franciscus
Soy de Santiago de Chile. Soy fiel de la FSSPX desde el 88 y creo que toda esta discusión va a servir para despertar en muchos católicos el sentido de que existe una crisis doctrinal interna al más alto nivel y que es necesario combatirla desde su causa.
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Oremos por nuestra Madre la Iglesia y la unidad de los clanes, como tanto insiste Michel Matt.
25/02/26 2:37 PM
  
Mariano (Argentina)
Extraordinaria nota de Mons. Schneider. De lo mejor que se ha escrito sobre el tema de las consagraciones episcopales
25/02/26 3:05 PM
  
Manuel Darío Ochoa de la Rosa
¿Sostiene el dueño del blog, que las consagraciones están bien?

PD: Publicar luego de revisar mi ortografía.
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No soy dueño del blog, formalmente hablando. Sólo escribo en él.

Sostengo por tanto lo que he escrito. Nada más ni nada menos. Un saludo.
25/02/26 3:22 PM
  
Fray Nelson
El "signo de contradicción" no es la FSSPX. Signo de Contradicción es Jesucristo y quien siga a Cristo sin condiciones. Lo cual no es el caso de esta Fraternidad. Mucho más sabias las palabras del Card. Sarah y del Card. Müller, invitando a trabajar por la necesarísima renovación de la iglesia DESDE DENTRO de la Iglesia, y por consiguiente en obediencia de amor y diálogo abierto con el papa y con aquellos designados por el Papa.
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Ud. como buen dominico es una persona que busca la verdad. En este contexto, lo animo a ver el resumen de un vídeo de Michel Matt, en el sentido de ampliar con nuevos argumentos este debate en torno a las consagraciones de la FSSPX.

Vea el vídeo completo y espero sus comentarios.

https://youtu.be/aptUX68YoGY

Si no sabe inglés puede ver en este enlace con subtítulos a partir del minuto 22:14

https://youtu.be/ICycP9gvOfg
25/02/26 9:43 PM
  
Betania in albis
Deberían ustedes rezar más y ver menos videos.
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Gracias por su buen consejo cuaresmal. Espero que también Ud. lo viva.
26/02/26 1:48 AM
  
ZARA
Estimado José Luis

Es muy importante formarse bien y sobre todo orar. Le recomiendo varias lecturas, el catecismo mayor de San Juan Pablo II explicado aqui

https://www.enticonfio.org/catecismo/

El compendio de doctrina social de la iglesia de 2004 elaborado por el consejo pontificio de justicia y paz liderado por el Card Van Tuam y autorizado por san Juan Pablo II
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No me llamo José Luis.

Agradezco su consejo. Conozco bien el Catecismo de JPII, lo tengo bien leído y subrayado. Con todo es un texto que contiene pasajes de gran valor y que en otros pasajes mantiene ambigüedades, como por ejemplo en materia de libertad religiosa y no digamos la pena de muerte, donde se aparta de la doctrina tradicional.

En cambio, le recomiendo leer Credo de Monseñor Schneider, que es enteramente fiel a la Sagrada Escritura, a la Sagrada Tradición y al Magisterio auténtico de la Iglesia. Está formulado en preguntas y respuestas cortas, en un lenguaje sencillo y comprensible y adecuado a los fieles simples, hambrientos de la enseñanza fiel y verdadera de la Iglesia.

Pero el tema del post es otro, y es notable que no se hayan dado argumentos de fondo en contra de lo que se ha dicho. Un saludo.
26/02/26 1:53 AM
  
ZARA
No me llamo José Luis.

Agradezco su consejo. Conozco bien el Catecismo de JPII, lo tengo bien leído y subrayado. Con todo es un texto que contiene pasajes de gran valor y que en otros pas

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Estoy contestando al comentarista José Luis no a usted.

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Muy bien, de acuerdo.

Mi respuesta anterior sigue en todo su valor y la repito: Conozco bien el Catecismo de JPII, lo tengo bien leído y subrayado. Con todo es un texto que contiene pasajes de gran valor y que en otros pasajes mantiene ambigüedades, como por ejemplo en materia de libertad religiosa y no digamos la pena de muerte, donde se aparta de la doctrina tradicional.

En cambio, le recomiendo leer Credo de Monseñor Schneider, que es enteramente fiel a la Sagrada Escritura, a la Sagrada Tradición y al Magisterio auténtico de la Iglesia. Está formulado en preguntas y respuestas cortas, en un lenguaje sencillo y comprensible y adecuado a los fieles simples, hambrientos de la enseñanza fiel y verdadera de la Iglesia.

Pero el tema del post es otro, y es notable que no se hayan dado argumentos de fondo en contra de lo que se ha dicho. Un saludo.
26/02/26 12:13 PM
  
ZARA
Con respecto a la pregunta en la que se trata la liturgia me gustaría aportar el siguiente planteamiento:

Hay cosas que, cuanto más las rezo, más me hacen arquear la ceja. Tercer domingo de Pascua. Oficio de Lecturas. Aparece san Justino mártir, tan campante, siglo II, sin complejos, afirmando que Cristo, durante los cuarenta días de apariciones, enseñó a celebrar la Misa. No una vaga espiritualidad pascual. No una “experiencia comunitaria”. La Misa. Con detalles. Rito de la paz. Oración universal de los fieles. Con dos narices.

Y lo mejor: ese mismo texto está recogido íntegramente en el Catecismo, en el 1345. No como anécdota arqueológica. Asumido oficialmente. Repetido en la liturgia de una solemnidad. Magisterio ordinario universal. O sea, la Iglesia no lo esconde en un cajón; lo subraya con fluorescente.

Ahora bien. Si en la Biblia tenemos, siendo optimistas, un mínimo porcentaje de todo lo que Cristo pudo enseñar en tantas apariciones, y resulta que un mártir del siglo II nos transmite que el Señor enseñó elementos concretos de la celebración… yo, ingenuo de mí, pensaría que eso suscitaría cierto entusiasmo entre los amantes de lo más antiguo, lo más puro, lo más prístino.

Pues no.

Aquí viene mi perplejidad, ya sin disimulo. Llevamos años oyendo que hay que volver a la tradición, que lo medieval huele a cielo, que cualquier cosa anterior al siglo XX tiene pedigrí celestial. Perfecto. Pero cuando un testimonio antiquísimo afirma que el rito de la paz y la oración de los fieles tienen origen divino —enseñados por el Resucitado en persona— de repente nos ponemos selectivamente escépticos.

Curioso método arqueológico: excavar hasta el siglo XVI con pasión, pero si sigues bajando y aparece el siglo II diciendo “esto lo enseñó Cristo”, entonces mejor taparlo con cuidado, no vaya a ser que complique el relato.


Dice el santo mártir al final del texto:

" Le crucificaron, en efecto, la víspera del día de Saturno, y al día siguiente del de Saturno, o sea el día del sol, se dejó ver de sus apóstoles y discípulos y les enseñó todo lo que hemos expuesto a vuestra consideración"


Sería muy complicado modificar el vetus ordo e incluir estos elementos? rito de la paz y plegaria universal de los fieles?



A veces me divierte hacer historia-ficción litúrgica. Imagino por un momento que san Justino, en vez de decir que Cristo enseñó el rito de la paz y la oración universal de los fieles, hubiera escrito algo así como: “Y durante los cuarenta días, el Señor nos mandó celebrar siempre ad orientem y con la asamblea en respetuoso mutismo casi absoluto”.

Solo de pensarlo se me acelera la imaginación.

Porque entonces ese párrafo estaría enmarcado en sacristías selectas, citado en conferencias con voz grave y proyectado en PowerPoints con tipografía solemne. El tercer domingo de Pascua sería poco menos que una jornada mundial de reivindicación. El número 1.3.4.5 del Catecismo se habría convertido en munición apologética de grueso calibre. Se escribirían artículos con títulos del tipo: “Cristo lo quiso así”. Y, por supuesto, se repetiría con estudiada naturalidad que no estamos ante una preferencia estética, sino ante mandato pascual directo del Resucitado.

Pero resulta que no. Providencialmente, gracias a Dios, san Justino no dice nada de eso. No menciona una pedagogía celestial sobre el ángulo exacto del altar ni una instrucción expresa acerca de minimizar las respuestas del pueblo. Lo que sí menciona —con toda tranquilidad del mundo— son elementos que hoy algunos miran con prevención: la oración de los fieles, el intercambio de la paz.

Y aquí es donde mi ironía empieza a afinarse. Porque el mismo texto que se proclama solemnemente en la liturgia y que el magisterio ha asumido sin complejos, curiosamente no genera el mismo entusiasmo militante. Nadie parece dispuesto a forzar lo forzable en nombre de ese testimonio antiquísimo. De repente, la prudencia histórica florece, el matiz hermenéutico se multiplica y el siglo II ya no parece tan normativo.

No puedo evitar pensar que, si Justino hubiera escrito lo que algunos desearían leer, tendríamos ya congresos internacionales titulados “La orientación enseñada por Cristo” y “El silencio asambleario de origen divino”. Se citaría el texto con subrayado triple y se concluiría, con aire de inevitabilidad teológica, que o nos alineamos… o nos alejamos del designio pascual.

Pero como el mártir no colaboró con ese guion, el entusiasmo se modera.

Yo, mientras tanto, sigo leyendo el Oficio cada tercer domingo de Pascua con una sonrisa que va creciendo. No por irreverencia, sino por puro asombro ante nuestra selectiva pasión por la tradición. A veces me parece que amamos con ardor lo que confirma nuestras preferencias, y contemplamos en silencio lo que las cuestiona.

Menos mal que san Justino escribió lo que escribió. Porque si hubiera escrito otra cosa, no sé qué sería peor: la presión litúrgica… o la cantidad de subrayadores fosforitos que se habrían agotado en su honor.
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Estimada Zara, entusiasta admiradora de San Justino, tiene 3 largos comentarios. Le respondo solamente a éste más circunscrito al tema que nos ocupa. Los demás los abandonamos a Dios:

Lo hago en el mismo tono cordial al que tan aficionada parece ser.

Quizá su asombro roce lo inefable, sus cejas alcancen nuevas cotas arqueológicas y su
sonrisa experimente un leve temblor cuando descubra que el rito de la paz no solo existe
en la Misa Tradicional, sino que jamás fue condenado ni suprimido. En todo caso —
detalle menor, pero incómodo para ciertos relatos épicos— fue reformado a lo largo de
los siglos, adquiriendo con el tiempo mayor solemnidad. Sí, ha leído usted bien: mayor
solemnidad (por favor, respire hondo).

Le animo a que adquiera un libro de rúbricas sobre cualquier Misal Romano anterior al
Concilio y con uno de sus subrayadores fosforitos de esos que Ud tiene, subraye bien,
pero bien fuerte, el apartado donde se describe con precisión quirúrgica cómo y dónde
tiene lugar el rito de la paz. Verá usted que no se trata de una nebulosa espiritual ni de
una improvisación sentimental, sino de un gesto perfectamente regulado: parte del
sacerdote al diácono, del diácono al subdiácono, con sus ceremonias adyacentes,
cargadas de simbolismo, y con la fórmula explícita: - Pax tecum – Et cum spiritu tuo.

Y, después de tomarse una buena taza de tila caliente o cualquier otro relajante, no vaya
a ser que su corazón sufra de infarto ante tan desagradable revelación para Ud (ante
todo, ¡cuide su salud!), lea atentamente cómo el rito de la paz es incluso preceptivo para
las Misas Solemnes. Preceptivo. No tolerado a regañadientes. No escondido en una nota
a pie de página. ¡Preceptivo!

Si tras todo ello sigue usted en pie (confio en que sí), tal vez experimente un nuevo
estremecimiento al descubrir que la liturgia tradicional no solo conserva el rito de la paz,
sino que cuenta incluso con un instrumento propio para su transmisión: en español
llamado comúnmente portapaz (en latín tabula pacis, lapis pacis, instrumentum pacis,
osculatorium).

De modo que su queridísimo y tan apasionadamente invocado rito de la paz, lejos de ser
despreciado por los amantes de la tradición, ha sido cuidadosamente custodiado,
regulado y solemnizado durante siglos.

A veces la arqueología litúrgica depara hallazgos inesperados: uno excava buscando contradicciones, esceptcismos y termina encontrando continuidad…

Podría añadir otro tanto acerca de la Oración de los feles, también presente en el Vetus
Ordo, y además con mucha mayor extensión y gravedad en la liturgia del Viernes Santo.

Pero no quisiera abusar de su paciencia, desgastar prematuramente sus fosforitos ni, lo
que sería más lamentable, poner en riesgo su salud con nuevas emociones fuertes.

Pax tecum
26/02/26 3:34 PM
  
Silvia
Excelente y reconfortante carta ! Gracias Mons.Schneider!
26/02/26 7:56 PM
  
eclesiam day
Hermana, le formulo una pregunta muy sencilla, de respuesta binaria, sin matices laterales ni escapatorias retóricas:

Si un mártir del siglo II afirma con claridad que el Resucitado instituyó un gesto concreto entre los fieles dentro de la celebración, ¿es lícito sustituir ese gesto efectivo por una configuración que lo elimina en la práctica, sí o no?

Solo eso.
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Estimada Zara,que ahora parece con nombre de eclesiam day y con otro mail,

Celebro que Ud. lea al gran San Justino, pero también conviene estudiar su contexto, a quién dirige sus apologías y si es posible tener buenos maestros que nos enseñen cómo interpretar dichos textos antiguos.

Pero ciertamente el mártir del s II no es el único referente litúrgico. La invitaría a leer los Sacramentarios Veronense, Leoniano, Gregoriano, Gelasiano (primeras "rubricas" y oraciones litúrgicas de tiempo apostólico)... a Liturgistas que también ya se han tomado el tiempo de leerlos, estudiarlos y explicarlos.

En todo caso, Ud. pasó la línea roja de la honestidad intelectual al escribir con nombres diferentes, sin meditar suficientemente la respuesta que le di y al escribir las mismas cosas que pone en nuestro blog en otro de Infocatólica.

Creo que es sano guardar la paz, dejar este diálogo sobre este tema puntual, que no es el del post publicado, aunque hace referencia a él, y continuar rezando por la Iglesia y por la unidad de la misma en la verdad. Dios la bendiga.
26/02/26 9:31 PM
  
JSP
1. El Papa no está obligado jurídicamente, pero si tiene voluntad, desde su munus de gobierno, en la obligación moral de apacentar a las ovejas que le ha asignado el Buen Pastor, le presento una posible solución al problema de la FSSPX. Canon 331 CIC: El Papa posee potestad ordinaria, suprema, plena, inmediata y universal. LG, 22: El Romano Pontífice tiene potestad plena, suprema y universal sobre la Iglesia. El Derecho Canónico no es puro positivismo. Está ordenado a la salus animarum (canon 1752). LG, 14: No se salva quien no persevera en la comunión con el Romano Pontífice. Canon 751: Cisma es el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos. Canon 1013: Ningún Obispo consagre a otro Obispo sin que conste previamente el mandato pontificio. La FSSPX históricamente se ha basado en el argumento del estado de necesidad y ha invocado el Canon 1323 y 1324 (causas que excluyen o atenúan pena). Especialmente: No queda sujeto a pena quien obra por necesidad grave. El canon 1323 puede excluir la pena, pero no convierte en lícito el acto de consagración episcopal unilateral sin mandato pontificio. Pues, hay que distinguir entre la validez sacramental, la ilicitud jurídica y el penal que puede ser atenuado o no. Aunque el estado de necesidad redujera la pena, no crea mandato pontificio ficticio. Y el canon 1013 protege un bien estructural: la unidad jerárquica.
En 1988, tras las consagraciones de Marcel Lefebvre, Juan Pablo II en Ecclesia Dei adflicta declaró: Tal acto constituye un acto cismático. Esto es, Roma no aceptó la tesis del estado de necesidad.
2. La solución al problema de la FSSPX, requiere claridad, reciprocidad y voluntad real de integración sin absorción, es teológicamente coherente, jurídicamente viable, con antecedente histórico y eclesiológicamente posible.
3. El principio innegociable de la eclesiología católica (LG,22) dictamina que cualquier solución debe incluir reconocimiento explícito del primado, aceptación de la jurisdicción universal del Papa y comunión jerárquica efectiva.
Sin esto, no hay solución.
4. El segundo principio en el que debe basarse la solución es la legítima diversidad litúrgica. El mismo Vaticano II reconoce diversidad legítima en la Iglesia. Orientalium Ecclesiarum
afirma la legitimidad de ritos diversos, pues la Iglesia no es uniformidad litúrgica (Traditiones Custodes va en la dirección contraria). Por tanto, una identidad litúrgica tradicional fuerte no es en sí misma problemática. El problema surge cuando esa identidad se convierte en marcador eclesiológico alternativo.
5. El núcleo del problema no está en el Misal de 1962, está en la hermenéutica del Vaticano II. Si una estructura estable implica reconocimiento del Concilio Vaticano II como concilio ecuménico válido, aceptación del magisterio posterior (FSSPX =》Traditiones Custodes, Amoris Laetitia, Fratelli tutti, Fiducia Supplicans, etc.), distinguiendo entre crítica teológica legítima y rechazo magisterial, entonces la integración es viable. Si no, el conflicto y la tensión continúa o reaparecen.
6. La solución más coherente sería una Administración Apostólica Personal o estructura equivalente, erigida por Roma. Este modelo técnicamente viable contaría con Ordinario propio nombrado por el Papa; Jurisdicción ordinaria personal; Uso estable del rito tradicional; Estatuto claro de comunión jerárquica; Integración en el colegio episcopal.
7. Esta solución exigiría a la FSSPX declaración clara sobre el primado, aceptación de que la Iglesia postconciliar es la misma Iglesia, renuncia explícita a actos unilaterales. Y a Roma garantía estable de identidad litúrgica, seguridad jurídica no revocable arbitrariamente y reconocimiento de la buena fe doctrinal. Por tanto, el obstáculo hacia la salvación de almas y la paz litúrgica no es técnica, sino psicológica y eclesial, pues existe desconfianza acumulada durante décadas y mientras se perciba que la identidad tradicional es sospechosa y/o que Roma es doctrinalmente ambigua, la solución jurídica será frágil.
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Agradezco su respetuoso comentario. Como Ud. señala, es difícil superar la desconfianza por ambas partes. Precisamente por eso señala Mons. Schneider que un gesto generoso de parte de la Santa Sede, establecería una base sobre la cual abordar los temas que separan a ambos. Oremos.
27/02/26 7:26 AM
  
Lucía Victoria
Tienen un líder legítimamente nombrado por quien sólo puede hacerlo. Pero se niegan a seguirlo. Se niegan a servirle.

Si no fuera por la seriedad del asunto, podría hacerse un sainete con este grupo de sacerdotes (y fieles) que no tienen el más mínimo reparo en seguir "opiniones" de youtubers americanos (con los parabienes del mismo obispo de siempre), pero les cuesta tantísimo obedecer al Papa.

Entraron a dialogar con el enemigo y éste, que es mucho más listo que ellos, parece que les va a ganar la partida. No lo permitas, Señor.
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Estimada Lucía Victoria,

Cuando no se tienen argumentos y no se refutan razones, recurriendo al tema de la obediencia (que está respondido en el artículo recordando el proceder de San Atanasio y otros en la historia de la Iglesia), no queda más que la argumentación «ad hominem» o «ad personam».

Con este comentario respondo a los dos suyos que van en la misma línea.

Oremos y guardemos la paz y el espíritu de comunión eclesial -lo que no impide tener divergencias frente a un tema tan complejo, como en su día lo tuvieron santos de uno y otro lado, en el gran Cisma de Occidente (1378-1417), en el cual Santa Catalina de Suecia estaba con el Papa Urbano VI y San Vicente Ferrer con Clemente VII.
27/02/26 4:06 PM

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