Naturaleza humana
Se repite con frecuencia en nuestra época que vivimos una “crisis antropológica”. No resulta sencilla, ni al alcance de todos, y mucho menos sin estar asediada por el error, la respuesta al interrogante: “¿en qué consiste ser humano?” o, dicho de otro modo, “¿qué es la naturaleza humana?”, ¿qué es lo propio y característico del hombre?
En otros tiempos, con apoyo en el saber adquirido, en la tradición de pensamiento, se decía que la naturaleza humana consiste en la unión singular del alma y del cuerpo: en el hombre, el espíritu y la materia no son naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza
Desde “abajo” y desde “arriba”, si cabe decirlo así, esta especificidad se escapa muchas veces. No resulta evidente para muchos qué distingue al hombre del animal, al “homo sapiens sapiens” de un chimpancé, o, desde perspectivas “transhumanistas”, al hombre de una máquina.

En la llanura de Asís, ciudad de la región italiana de Umbría, se levanta la imponente basílica de Santa María de los Ángeles, coronada por una hermosa cúpula y una estatua dorada de la Virgen. Este templo alberga una pequeña iglesia, la Porciúncula, un lugar muy especial para san Francisco de Asís, donde quiso pasar los últimos días de su vida hasta que le sobrevino la muerte, el 3 de octubre de 1226. Había nacido en 1181 o 1182 y, solamente dos años después de su fallecimiento, fue canonizado en 1228. En 2026 se celebra, pues, el octavo centenario de su “tránsito”.
La palabra “epifanía” significa “manifestación”. En la tradición litúrgica cristiana, y así se refleja también en el arte, se vinculan tres momentos de la “manifestación” de Cristo como Hijo de Dios y Salvador del mundo: la adoración de los magos – la manifestación a los paganos -, el Bautismo de Jesús en el Jordán – la manifestación al pueblo judío -, y las bodas de Caná –la manifestación a los discípulos-. Una antífona de la solemnidad del 6 de enero lo expresa con concisión y belleza: “Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy, la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy, el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya”.
Cada año, en el tiempo de Navidad, se abre al público una sala normalmente oculta del Monasterio de las Descalzas Reales, en Madrid, llamada la “Divina Guardería”, porque en ella se custodian más de ciento treinta imágenes del Niño Jesús. Hay piezas de madera policromada, de cera, de marfil, de plomo…, procedentes de escuelas artísticas españolas, napolitanas, flamencas y hasta peruanas.
El comienzo del capítulo segundo del evangelio según san Mateo relaciona a Jesús con un rey y con unos magos: «Jesús nació en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, y he aquí que unos magos llegaron de Oriente a Jerusalén y dijeron: “¿Dónde está el rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a prosternarnos ante él”».












